desde mi córner

Luis Carlos Peris

La vergüenza de mirar a otro lado

Que Pepe se haya ido de rositas es un caso más, vistos los precedentes, de que la justicia en el fútbol es de risa

JAVI Navarro, Pablo Alfaro, Mono Burgos, Kluivert... y así una lista interminable de futbolistas que fueron castigados sin que sus nombres constasen en el acta del partido. Aquel manotazo de Javi al españolista Rotchen en Montjuïc, el puñetazo de Burgos al también españolista Serrano o el tantarantán de Kluivert al rayista Cota se saldaron con un ingreso en la nevera sin necesidad de que el árbitro se hubiese dado por enterado, luego no parece de recibo que el brasileño, portugués o lo que sea Pepe se haya ido de rositas hasta haber llegado al Camp Nou en condiciones de ser alineado tras su zafia acción contra Messi.

Mucha ha sido la tinta derramada por la deleznable acción del formidable central madridista de la semana pasada en el Bernabéu. Y en el corazón de una furibunda división de opiniones, lógicamente abundaron mayoritariamente las que afeaban la conducta cobardona e inadmisible de Pepe, pero el Comité de Competición, esa especie de sanedrín que es proclive a mostrarse duro con las espigas y suave con las espuelas, se ha inhibido de forma vergonzante. Eso de mirar hacia otra parte cuando la alarma social ha sido de tanta magnitud despoja totalmente al comité disciplinario de nuestro fútbol de credibilidad... si es que le quedaba alguna.

Y pasa que ocurre lo que ocurre, que el españolito de a pie, de forma clamorosa, se pregunta qué hubiera pasado si ese acto cobarde lo hubiese hecho un futbolista de uno cualquiera de los muchos equipos de la otra Liga, de esa otra competición que se libra al margen de los dos colosos. Porque pasa que si Pepe se ha ido de rositas, tampoco conviene olvidar que el otro gigante, el Barça, jamás cumplió el castigo infligido por ese mismo comité a causa de los objetos arrojados sobre Figo la noche que el luso volvió al Camp Nou. O que no recibiese castigo alguno por no presentarse a un partido de Copa. Cosas que hacen que creamos que la justicia no es igual para todos.

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