La ventana

Luis Carlos Peris

El 23-F, una vergüenza cada vez más sonrojante

TREINTA años después, más de lo mismo. Ayer, trigésimo aniversario de aquella astracanada con final feliz que fue el 23-F, las radios desempolvaban el tema, los periódicos insistían en opiniones e investigaciones y, señor, qué quiere que le diga, que más de lo mismo. Treinta años después seguimos sin saber si somos o no de los nuestros. Oíamos y leíamos cómo algún que otro implicado hasta las cejas continúa manifestando que a él lo cogió en el lugar equivocado a la hora acertada mientras que otros, también cogidos con las manos en la masa, aseguran que sólo pasaban por allí. Y ya en la vorágine de la cosa, con todos queriendo poner su huevo en el cestito, hubo hasta alguno que a la sazón era menos aún de lo que es ahora que dijo sin enrojecerse que estuvo a punto de exiliarse aquella misma tarde. Vivir para ver y si sonrojante fue entonces lo del tío con tricornio y bigote, treinta años después sonroja aún más.

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