La ventana

Luis Carlos Peris

Un 'vestío' con enorme carga sentimental

GENEROSO, desprendido y en muchas ocasiones más confiado de la cuenta, el viejo Faraón se está quedando sin ternos de luces con los que recordar una vida llena de gloria y de contratiempos, de luces rutilantes y de sombras negras como la pena negra. Anoche, en un acto que parecía sucursal de ese cuarto de los cabales que todos deseamos para nuestros mejores momentos, Curro Romero, torero por siempre y para siempre, le entregaba a la señera hermandad de la Carretería un vestío de torear que es del color de la túnica carretera, pero que muy pocos sabían que tiene ese terno una historia de vellos de punta. De azul Carretería y oro es el traje de luces en que Romero se enfundó la última tarde que toreó en Sevilla. Fue el 2 de mayo del año 2000 y no pasó nada si no fuera por lo que pasó meses más tarde y que ni a imaginar aquel 2 de mayo que jamás volveríamos a verle torear en la Maestranza.

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