sueños esféricos

Juan Antonio / Solís

Otra vez el Espanyol

PALOP; Daniel, Javi Navarro (Renato), Dragutinovic (Jordi), Puerta; Navas, Maresca, Martí, Adriano; Saviola (Kepa) y Kanoute. ¿Es mejor este equipo que el actual del Sevilla? Hasta Del Nido asentiría. Por los que ya no están y porque alguno de los que aún visten de blanco acusa los seis años más que tienen sus piernas.

Pues ese equipazo, que saltó a la hierba de Nervión la tarde del 2 de octubre de 2005 para enfrentarse con el Espanyol, no se despeñó hasta la zona de descenso al término de esa jornada sexta porque Moisés Hurtado se metió un autogol en el minuto 90. Ese empate sobre la campana atemperó las protestas al palco que presidía Del Nido, seguramente mantuvo a Juande Ramos en el banquillo y con ello -la legión de opinadores que creen que el manchego fue la clave de los cinco títulos debe reconocerlo- el club tocó luego la gloria.

Mañana, de nuevo asomará el Espanyol por la bocana de vestuarios; de nuevo se sentarán en el banquillo un entrenador cuestionado y un presidente al que buscarán las miradas acusadoras si a los periquitos les da por adelantarse en el marcador.

El Sevilla no juega ya para ganar títulos. En lugar de Renato, sale Trochowski. Pero el listón está mucho más bajo, se trata de quedar cuarto en una Liga donde parece que nadie quiere serlo. Si el aficionado asimila esa involución y el equipo es capaz de sostener al menos una hora de cada partido el ritmo de sus primeros 30 minutos ante el Valencia el miércoles, sellará su visado para la Champions. Pero Marcelino debe ser más autocrítico, dejar de señalar con su índice a los jugadores, equilibrar las piezas y acertar con los cambios. No es seguro que Kanoute sea titular mañana, pero quien no jugará será... Moisés Hurtado.

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