la tribuna

Manuel García-Izquierdo Parralo

¿Otra vez los horarios comerciales?

COMO presidente de la Confederación Española de Comercio no dejo de hacerme una pregunta: ¿por qué los horarios comerciales vuelven a ser motivo de debate en nuestro país? El comercio está pasando un verdadero calvario para mantenerse a flote y no sucumbir a los efectos de una crisis económica sin precedentes, sin fecha de caducidad conocida y que ha roto todas las previsiones. En las actuales circunstancias, lo que el comercio realmente necesita es que el ciudadano tenga poder adquisitivo y gane confianza para poder consumir, y no una mayor ampliación de los horarios comerciales que, de hecho, el propio consumidor no ha reivindicado.

De los autónomos españoles, el 25% son pequeños y medianos comerciantes. España cuenta con casi 618.000 comercios, en su mayoría empresas familiares, que emplean a más de 1,8 millones de personas. Ateniéndonos a estos datos, creo que nuestro peso en la sociedad y en la economía de nuestro país no es baladí o, al menos, es lo suficientemente considerable para que nuestra voz sea escuchada, para que se requiera nuestra opinión a la hora de plantear o adoptar medidas del calibre de la que se acaba de aprobar en el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid (anteproyecto de Ley de Dinamización del Comercio Minorista), que conllevará la liberalización absoluta de los horarios comerciales en dicha comunidad.

Tenemos argumentos sólidos que contrarrestan los esgrimidos por el Gobierno regional madrileño para establecer el modelo comercial liberalizador que acaba de impulsar. El primero es que no es cierto que una mayor apertura de domingos y festivos conlleve un aumento de la competitividad del comercio minorista. Por el contrario, acarrearía consecuencias nefastas -cierre de comercios y pérdida de empleo- al conjunto del sector comercial, ya que propiciaría que las grandes empresas de distribución comercial acapararan mayor cuota de mercado a costa de la de los pequeños y medianos establecimientos, al no poder éstos competir con más horas de apertura.

El desplazamiento del consumo del formato de pequeño y mediano comercio de proximidad hacia los grandes distribuidores comerciales destruirá, con toda seguridad, empleo. Los datos oficiales avalan esta afirmación. Según los últimos, ofrecidos por el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio en su informe anual La distribución comercial en España, en 2010 el número de locales comerciales en Madrid ha descendido un 4,5 % mientras que la media se sitúa en una disminución del 3,3%. En cuanto a la evolución del empleo, durante el periodo 2007-2010 en la Comunidad de Madrid descendió un 4,27 %, mientras que en regiones con una mayor política de regulación de los horarios comerciales, como Castilla-León, aumentó un 15,37%.

Más datos: el Gobierno de Esperanza Aguirre argumenta que en la última década el número de empleados se incrementado en un 28,3%. En este mismo periodo, otras comunidades con un número inferior de domingos y festivos de apertura permitida a la Comunidad de Madrid han crecido muy por encima de ésta: Cantabria, un 63,6%, Comunidad Valenciana, 32,4%, Murcia, un 33,1% y Rioja un 54,1%.

A tenor de estas cifras oficiales, me surge otra pregunta: ¿en qué basa sus cálculos el consejero de Economía de la Comunidad de Madrid para afirmar que la supresión de toda restricción a las aperturas comerciales permitirá crear 20.500 nuevos empleos? ¿Y en dónde se crearán?

Siguiendo con las razones de peso para oponernos a una ampliación de los horarios comerciales, la segunda es el hecho constatado -barómetro del CIS del mes de abril de 2011- de que en España disponemos de unos horarios de apertura de establecimientos comerciales razonables que satisfacen a los consumidores, incluidos los turistas que visitan nuestro país.

A ello habría que sumarle el enorme coste personal y económico que tendrían que soportar los pequeños y medianos comercios -teniendo en cuenta que la mayoría de ellos son empresas familiares-. La única forma de mantener un equilibrio entre los formatos comerciales y poder garantizar un suministro adecuado a los consumidores es con una regulación de los horarios comerciales. Una mayor flexibilidad de horarios afectaría al modelo mediterráneo de sociedad en el que el ocio y las relaciones familiares y sociales son pilares básicos y dificultaría la conciliación de la vida laboral y familiar.

La crisis, ha puesto en jaque el futuro de miles de comercios. Y, nosotros, los comerciantes, hemos respondido como sabemos: trabajando y arriesgando hasta límites insospechados. Ahora les toca el turno a nuestros gobiernos. Necesitamos normas que generen un valor añadido a la pyme comercial y mejoren su competitividad, no que la destruya. Por ello, desde la CEC abogamos por el mantenimiento del modelo de comercio equilibrado y sostenible que forma parte de la tradición y la cultura mediterránea.

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