Los ciriales

José / Joaquín / Gómez

El vía crucis

PARA la inmensa mayoría de los sevillanos en general y de los cofrades en particular, el vía crucis del primer lunes de Cuaresma que nombra el Consejo y organiza la cofradía que le toca, se ha convertido en un anticipo de la primera salida procesional de la ya próxima Semana Santa o en una más procesión extraordinaria de las que se han puesto tan de moda y de las que escribiremos otro día.

Este acto penitencial, creado por el inolvidable Pepe Sánchez Dubé, tenía como objeto el aglutinar a todos los cofrades de Sevilla en torno a una Imagen por el interior de las naves del primer templo de la ciudad para rezar sus catorce estaciones.

En un principio la Imagen elegida era trasladada con la mayor sencillez y dignidad por el camino más corto, pero con el paso del tiempo se fue agrandando el cortejo incorporando insignias, acompañamiento de acólitos, libreas, servidores y, al mismo tiempo, iban también creciendo las parihuelas y artilugios para trasladar a los Crucificados, hasta el punto de incorporar el llamador, las voces del capataz y el rachear de los pies de los portadores de las andas.

Esa nunca fue la idea inicial del vía crucis. ¿Qué es lo que ha ocurrido con todo esto? Pues muy sencillo, que cada vez son más los que acuden a ver el traslado de la Imagen y menos los que participan en el ejercicio del vía crucis.

Si no creéis cuanto os digo, cuando bajéis apresurados por la calle Mateos Gago para no llegar tarde, veréis las puertas de los bares abarrotadas de gente tomando copas esperando la salida del cortejo de la Catedral, ¡que se lo pregunten a Álvaro Perejil!, donde por cierto algunos podrían tener la delicadeza de quitarse la medalla de su cofradía y algún que otro hermano mayor meterse por discreción en el interior del establecimiento.

Y esto ni muchísimo menos es nuevo… viene de años atrás.

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