EL papa Francisco ha viajado a Ecuador, Bolivia y Paraguay, elegidos por ser los tres países más pobres de América. Ha denunciado en ellos las injusticias del sistema capitalista, que "idealiza el dinero por encima de las gentes" y en el que el capital "se convierte en ídolo y la avidez por el dinero tutela todo el sistema económico". Ha pedido un "cambio real porque el sistema ya no aguanta". Afirma que el futuro de la humanidad está en manos de los explotados y clamó contra la imposición de medidas de austeridad "que siempre ajustan el cinturón de los trabajadores y de los pobres". En definitiva: una apuesta clara de la Iglesia por los pobres y una condena del capitalismo y los recortes.

Además pidió perdón, no sólo por las ofensas de la Iglesia en la evangelización de América, como ya lo había hecho Juan Pablo II, sino que también lo pidió por los "crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América". Yo pido perdón al papa Francisco por recordarle que, sin esos conquistadores, que eran españoles, se hubiere ahorrado el viaje, porque por su empeño en llevar la fe que profesaban a la América conquistada, hoy residen allí la mayoría de los 1.200 millones de católicos del mundo.

El papa Francisco es un Papa de nuestro tiempo y estoy seguro que va a arreglar cuestiones que lo tienen, porque no son artículos de fe. Tales, por ejemplo, el celibato eclesial que, de no exigirse, resolvería, a juicio de muchos, gran parte de los escándalos de pederastia que tanto daño hace a la Iglesia. Precisamente durante el viaje a América, en Roma se juzgaba al arzobispo polaco que había sido nuncio en la República Dominicana, acusado de pederastia. Hoy día han aumentado las separaciones y divorcios de personas que han contraído matrimonio por la Iglesia. La nulidad y separación canónica del matrimonio necesitan poder probar una causa tasada, además de mucha paciencia y de mucho dinero. Por ello personas creyentes y practicantes, que se han divorciado, han contraído nuevo matrimonio civil o tienen pareja.

Ellos siguen siendo creyentes, bautizan a sus hijos y los educan en su fe; los acompañan en su Primera Comunión, pero de ella están excluidos. Yo no le pido al papa Francisco que venda los Museos Vaticanos, para darles el dinero a los pobres, pero sí que busque soluciones a los problemas que sólo la Iglesia puede solucionar.

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