Editorial

Contra la vida y contra el progreso

LA banda terrorista ETA ha conseguido atentar tan sólo dos semanas después de la detención en Francia de su máximo dirigente de los últimos años, Garikoitz Aspiazu, Txeroki. Era previsible que lo intentara, como suele hacerlo cada vez que recibe un golpe policial. Lo logró ayer asesinando a un hombre indefenso, el empresario Ignacio Uría, de 70 años, que ni siquiera llevaba escolta, a pesar de haber sido amenazado de muerte en varias ocasiones por su negativa a pagar el mal llamado impuesto revolucionario (la extorsión con la que ETA financia su actividad criminal). Uría recibió dos disparos de un terrorista cuando se dirigía a pie a un restaurante de la localidad guipuzcoana de Azpeitia para jugar una partida de cartas con sus amigos. Los etarras tenían otro pretexto para segar la vida del empresario: era consejero de una empresa constructora adjudicataria de uno de los tramos del trazado ferroviario conocido como la Y vasca que llevará el tren de alta velocidad a las tres capitales vascas, uniéndolas entre sí, a Francia y al resto de España. Junto a la vida humana arrancada, el crimen de ETA se dirige, pues, contra uno de los proyectos más importantes para el progreso del País Vasco. Con la de Ignacio Uría, son ya cuatro las víctimas de la banda en lo que va de 2008, uno de los años en que ETA ha sido más debilitada por la acción de las fuerzas de Seguridad, junto a la colaboración francesa y la unidad férrea de los partidos democráticos, aunque en su agonía continúa conservando la capacidad operativa de matar y chantajear. Ante el nuevo crimen no cabe más que solidarizarse con la familia Uría y el empresariado vasco, apretar los dientes y mantener la alerta policial sin desmayo, así como el compromiso de unidad y firmeza que la sociedad española y los partidos políticos vienen sosteniendo desde el final de la última tregua tramposa. Una verdad ha sido asumida por los españoles: que ETA será derrotada. Sólo falta que los últimos reductos de la organización terrorista lo asuman también. Por las buenas o por las malas.

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