Marcando jugada

Javier Lafuente

Todo por un vídeo

NOS remontamos al mes de diciembre del año 1986. El Cajabilbao había conseguido clasificarse para la Copa del Rey en Tenerife. Para nosotros fue un premio estupendo, sobre todo teniendo en cuenta que éramos un equipo recién ascendido. En los cuartos de final, nos teníamos que enfrentar al Real Madrid de Corbalán, Biriukov, Iturriaga, Romay y Brad Branson, que además contaba con el fichaje estelar de Larry Spriggs, todo un campeón de la NBA con los Lakers y que en aquellos momentos nos parecía un ser de otra galaxia.

Aprovechando la situación de contar con escasas opciones en las quinielas para los favoritos al torneo, le propusimos a nuestro capitán, Davalillo (actual presidente del Bilbao Básket), que hablara con el presidente del club, Jon Arrinda (padre del hoy máximo accionista del conjunto vizcaíno, Gorka Arrinda), para negociar una prima, por aquello de aumentar un poco la motivación en un encuentro de semejante envergadura.

Después de unas duras y arduas negociaciones, el capitán nos comunicó los términos en los que se había cerrado el trato. A pesar de mostrarse el presidente poco dado a pactar primas fuera de los contratos, conseguimos el visto bueno a un plus por ganar al Real Madrid.

No, no penséis en cifras mareantes ante la dificultad de la misión y lo improbable de la victoria, el acuerdo quedó cerrado en un reproductor de vídeo para cada uno de los componentes del equipo; eso sí, de marca reconocida, dando a cada jugador la posibilidad de elegir entre los dos sistemas que se utilizaban en ese momento: Beta o VHS.

Después de felicitar al capitán por el trabajo realizado, nos fuimos a la cama a descansar y a pensar en el complicado partido que teníamos al día siguiente.

Llegado el momento del choque y con poco que perder por nuestra parte, jugamos de tú a tú al Real Madrid. El partido fue desarrollándose por unos cauces interesantes para nuestros objetivos, escasas ventajas por parte del equipo blanco y, muy a su pesar, sin llegar a ver el momento de dar el golpe definitivo y hacerse con el partido.

Con la actuación estelar de nuestros hombres interiores, Kopicki y Lockhart, la colaboración de todos los demás en las labores de intendencia subterránea y la suerte necesaria en este tipo de encuentros, conseguimos que poco a poco el Real Madrid fuera perdiendo los nervios, y eso que los colegiados, con algunas decisiones polémicas, intentaron que el partido fuera por los cauces previstos, aunque llegamos al final del duelo con posibilidades de ganar. Esas opciones pasaban por las manos de Lockhart. Y el bueno de Darrell no falló.

Con la poca importancia que nos debió conceder el Real Madrid y las ganas que teníamos de hacer algo importante, pudimos ganar un partido histórico para un equipo recién ascendido como éramos en ese momento, un bloque compuesto de retales, tal y como escribió Pedro Barthe, pero que en ese momento sentimos lo que de verdad significa la palabra EQUIPO.

Tengo que reconocer que ver al todopoderoso Real Madrid completamente fuera de sí, viendo cómo se esfumaba su posibilidad de seguir en la Copa del Rey, fue toda una satisfacción.

Ni que decir tiene que en cuanto terminamos el encuentro fuimos a por el presidente para renegociar la prima por ganar las semifinales, pero visto lo visto se hizo fuerte en su primera oferta y no hubo manera de sacarle algo más por pasar a la siguiente ronda. En las semifinales jugamos contra el Joventud de Jofresa, Villacampa, Montero y Margall. Perdimos por 11, pero ésa ya es otra historia.

Al volver a Bilbao, pensé que nos iban a recibir como héroes, pero la llegada fue dentro de la más absoluta normalidad y me explicaron que en Bilbao ganan al Real Madrid cuando les da la gana, y la verdad es que no les faltaba razón, pues en esa misma temporada conseguimos derrotarlo también en dos encuentros ligueros y convertirnos de esa manera en la bestia negra del equipo blanco.

Le deseo suerte al Cajasol en esta edición de la Copa en Bilbao y si ven a los jugadores con "algo" debajo del brazo, no se extrañen, es que han hecho algo que ha merecido la pena.

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