Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Entre visillos

EL PP ha propuesto bautizar el aeropuerto de Barajas con el nombre del ex presidente Adolfo Suárez. Sobre el papel el planteamiento es prometedor. ¿Se imaginan a medio país desentendido de cualquier asunto grave y discutiendo acaloradamente si el ex presidente del Gobierno tiene méritos suficientes para apadrinar aeropuertos? Porque en este caso no se trata de reconocer por enésima vez la aportación de Suárez a la Transición española ni de rendirle otro homenaje sino de desarrollar una perístasis (como diría un retórico) mucho más compleja: Suárez merece un aeropuerto.

Da la impresión que el PP quiere probar dónde está el límite de la generosidad de los socialistas y del resto de los grupos parlamentarios. Porque está muy bien eso de los reconocimientos y los homenajes e incluso de la transigencia política, pero ¿qué más? ¿Dónde está el término? ¿En las cabeceras de pista o en las torres de control? Claro que la propuesta podría haber sido aún más controvertida, pues igual que el PP ha elegido un aeropuerto podía haberse encaprichado de un monumento, por ejemplo la Giralda o la Alhambra (a partir de ahora Campanario del duque de Suárez y Fortaleza Árabe de Suárez).

Pero siendo insólita la propuesta aún es más extraordinario el momento se que ha planteado: en medio de una recesión horrorosa que está desguazando, como si fuera un tornado, la economía y en el golfo del desprestigio moral del PP, con las oleadas de informes secretos corriendo como ratas de una institución a otra para morder los calcañales al contrario y con una operación judicial en marcha sobre la corrupción en ciertos ayuntamientos del PP muy prometedora. ¿A qué vienen Barajas y Adolfo Suárez? ¿No hay asuntos más trascendencia donde centrar las iniciativas políticas? Pues no.

Falta imaginación, sin duda. Mientras Rajoy se pinza la nariz, acorralado por las mesnadas de Aguirre, su secretaria general, María Dolores de Cospedal, se limita a despejar los balones por zamoranas culpando del desastre a un contubernio del que forman parte el PSOE, el fiscal Conde-Pumpido, el magistrado Garzón y los medios (de derechas y de izquierdas) que están aireando el lodazal. Es más, cómo estará de desesperada que ha recurrido a uno de los tópicos más manidos, el de la cortina de humo. El sumario de Garzón, ha dicho, es una cortina de humo para tapar la crisis económica. ¡A ver, que levante una mano todo aquel que, por culpa del espionaje o de las corruptelas, se haya olvidado de que estamos en recesión!

Pero incluso si admitiéramos que todo lo que no es crisis es cortina de humo ¿qué sería el aeropuerto Suárez? ¿Un visillo?

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