Crónica personal

Pilar Cernuda

La visita

RAJOY viaja hoy a Melilla. No le ha pedido permiso al Gobierno, faltaría más, jamás lo ha hecho cuando se ha trasladado a una ciudad española. Una de las meteduras de pata más graves de este Gobierno se produjo el pasado verano cuando además de quedarse de brazos cruzados ante los incidentes de Melilla que tenían el sello inconfundible de los servicios de inteligencia marroquíes, desde los aledaños de Moncloa se criticó el viaje del ex presidente Aznar diciendo que había realizado la visita sin consultarla ni comunicarla al Gobierno. Era lo que faltaba.

Rajoy dejó pasar la oportunidad de apuntarse un tanto el pasado mes de agosto haciendo lo que hizo Aznar, pero al menos ha reaccionado y se va este jueves a Melilla y después lo hará a Ceuta. ¿Para qué? Pues simplemente para expresar apoyo público a una población, la de las dos ciudades, que a menudo echa en falta algún gesto de afecto de las autoridades, que para desgracia de ceutíes y melillenses son excesivamente "mirados" con los marroquíes y prefieren la ausencia a crear tensiones con Mohamed VI.

Porque Marruecos está a la que salta, no pierde ocasión de meter el dedo en el ojo con las plazas españolas por una razón muy simple: recuerda así al Gobierno español que puede provocar problemas en esas ciudades si España no apoya de forma clara la reivindicación de Marruecos sobre el Sahara.

Marruecos no tiene excesivo interés en presentar propuestas de soberanía sobre Ceuta y Melilla, ese asunto se lleva de otra manera, a través de una "marroquización" lenta, pero gradual, de su población; creen en Palacio que finalmente las dos ciudades caerán de su lado como fruta madura cuando sean más los melillenses y ceutíes de origen marroquí que los de origen español. Pero mientras llega esa fecha que en Marruecos están seguros de que llegará, montan lío a España con el único objetivo de que su gobierno apoye sin fisuras lo que es prioridad absoluta para Mohamed como lo fue anteriormente para Hassan: el Sahara marroquí.

Rajoy viaja a Melilla simplemente para estar allí, para que le vean pasear por sus calles como se pasea por cualquier otra ciudad española. Eso es suficiente. En Melilla y Ceuta agradecen siempre esos viajes, de políticos, empresarios, actores, escritores, cantantes, periodistas, artistas. Tienen motivos para sentirse muy olvidados y las visitas les reconfortan, les hacen mucho bien. Rajoy, por tanto, acierta, porque se aproxima a una gente que necesita aproximación y además demuestra a Marruecos que no se arruga ante sus amenazas. La última procede del primer ministro El Fasi, que ha calificado la visita de Rajoy como "una provocación", un "ataque a la dignidad y al sentimiento nacional de los marroquíes". Ni que Melilla formara parte de Marruecos…

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