Editorial

La voluntad de Manuel Chaves

LA intervención de Manuel Chaves ante el comité director del PSOE andaluz de esta misma semana tuvo aportaciones clarificadoras, entre ellas que el presidente se declaró a disposición de su partido para presentar su candidatura a la Junta en 2012, lo que significa que no está abierto el debate sobre su sucesión. No necesariamente que él vaya a ser el próximo candidato, sino que en este momento no corresponde debatirlo. No hay ninguna ilegitimidad en esa posible candidatura en la medida en que los andaluces le han respaldado en todas las ocasiones en que la ha presentado. Bien es verdad que unas veces con mayor apoyo que en otras, y que en la última, el pasado 9 de marzo, el PP ha recortado de manera considerable la distancia que le separaba del PSOE y que la mayoría absoluta socialista ya no es desahogada. Precisamente a este cambio se refirió también Manuel Chaves al apelar a la autocrítica por el declive experimentado en los últimos comicios y fijar la atención en las lagunas que presenta la larga hegemonía de su partido y sus debilidades en el medio urbano. Chaves llamó a los socialistas a cambiar durante la nueva legislatura para conservar el poder. Por eso se están recibiendo con tanta expectación sus primeras decisiones en relación con el Parlamento y el grupo socialista y con respecto al Gobierno que ha de formar. De momento, con la decisión hecha pública ayer, ha combinado renovación, aunque tibia, con continuidad: apuesta por la consejera de Medio Ambiente, Fuensanta Coves, para la presidencia del Parlamento en sustitución de María del Mar Moreno, a quien muchos auguran un puesto como consejera, y mantiene en la portavocía del grupo socialista a Manuel Gracia. Habrá que observar los siguientes pasos para atisbar algo más, pues estos nombramientos no dejan traslucir ningún ánimo de insuflar aire fresco. Está en manos de Chaves impulsar el proceso que a medio plazo conducirá a su sucesión, tanto en el Ejecutivo como en el partido. Si deja pasar esta oportunidad, quizás no tenga otra, porque el declive electoral se vería acentuado por efecto del desgaste. Ha llegado la hora.

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