Las dos orillas

josé Joaquín / león

El voto como un castigo

LA gente no respeta ni que estamos en San Fermín, con los toros por las calles. ¿Para qué organizaron un referéndum en Grecia? Tanto si ganaba el no (que era lo más seguro), como si se imponía el (que parecía imposible) al día siguiente iban a seguir negociando. Y, además, Varufakis, el enemigo público número uno del FMI, iba a dimitir para facilitar la negociación, pero quedándose en la sombra. Algo así como ese me voy, pero no me voy, sino que me quedo ahí detrás, que ha puesto de moda Juan Carlos Monedero. Ideólogos puros, que dan un pasito atrás para disimular.

Este referéndum se lo podían haber ahorrado, pero también es verdad que ha dejado provechosas lecciones. La principal es que la gente (como se llama ahora a lo que antes se conocía como pueblo) vota en los países pobres del sur de Europa como castigo, y no por ideología. Se castiga con el voto. La táctica tampoco es nueva, ya Herri Batasuna utilizó un lema del tipo Vota a quien más les duele. Y así el voto se deposita a las bravas. Caso griego: ¿qué fastidiaba más a Merkel, al FMI, al Banco Central Europeo? El no. Importaban menos las consecuencias colaterales, porque ya se sabe que todavía no van a echar a Grecia del euro, como les pide el cuerpo.

Esto no sólo pasa en las urnas griegas. En España también. Y ciertos políticos no aprenden. Creen que los votantes son como algunos tertulianos que sólo se preocupan por el déficit público y el apalancamiento. No entienden que a la gente le importa un pimiento morrón si el PIB ha subido un 2%, o un 3%, mientras no se note en la cartera. La gente está en modo voto de castigo; y ni siquiera se fijan en que a lo peor se están castigando ellos mismos.

Por culpa de los votos de castigo se le dio más vuelo al problema de la independencia en Cataluña. Cuando se les ha olvidado un poco, ha bajado el número de independentistas. Pero, cuidado, que pueden hacerlos crecer de nuevo. Gracias a los votos de castigo, se ha convertido a Pablo Iglesias y Podemos en una alternativa de gobierno. Incluso Albert Rivera, que no es un recién llegado a la política, se ha encumbrado en el momento oportuno.

A veces da la impresión de que Mariano Rajoy se está castigando él mismo. ¿Sus asesores no le advierten que no hace falta aprobar la ley mordaza cuando va a bajar el IRPF por segunda vez? Fin de las ideas, los programas y los candidatos. El voto, como la vida misma, es un castigo.

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