Hoja de ruta

Ignacio Martínez

El voto plural

SI usted tiene todavía dudas sobre su voto, después de tan larga y bronca legislatura, de los debates entre los primeros espadas o de los que nuestro experto en televisión Francisco Gallardo califica de filiales [los candidatos regionales andaluces], tengo una propuesta que hacerle que podrá aliviarle el estrés preelectoral. Un amigo mío ha inventado un sistema para sacarle el máximo partido a sus votos. Gracias a que don Manuel Chaves hizo en 1994 el juramento de la señorita Escarlata, el 9 de marzo es un superdomingo. No es un supermartes, pero queda muy americano.

Escarlata O'Hara se prometió a sí misma en un momento de apuro que "nunca más volvería a pasar hambre". Y don Manuel la noche en que se encontró con 44 diputados, por 41 del PP, en la primera vez que se presentaba Arenas, 20 de Izquierda Unida y 3 de los andalucistas, hizo el mismo juramento: "nunca más volveré a convocar unas elecciones autonómicas andaluzas en solitario". Dicho y hecho. Así hemos disfrutado ya de cuatro superdomingos. El uso frecuente de este recurso ha llevado a mi amigo a patentar una fórmula para disfrutar de la ocasión, en vez de quejarse, como yo.

Hay que subrayar que la idea en cuestión sólo sirve para indecisos de última hora. No es para convecidos. Usted tiene cinco votos: uno para el Congreso de los Diputados, otro para el Parlamento de Andalucía y tres para el Senado. Pues bien, en las elecciones que todo el mundo considera las más importantes, las generales, la primera recomendación es elegir entre el PSOE y el PP. Para el segundo voto, el autor de la propuesta recomienda decidirse por alguna de las dos minorías del Parlamento regional: IU o Coalición Andalucista son lo bastante conocidas y diversas como para facilitar ese juego democrático.

Ya habrá gastado usted dos votos, ¡pero le quedan tres! En el Senado tendría que buscar candidatos de cada uno de los dos partidos que le falten, que cumplan tres condiciones: ser trabajadores, tener sentido común y no ser santos de la devoción del aparato de su partido. Así puede vengarse de los jefes de una organización que hayan dejado fuera a algún senador de su agrado, o lo hayan aparcado en esta lista, sacándolo de una institución más importante. Le sobra un voto: puede emplearlo para apoyar a alguna de las nuevas alternativas, tipo Ciudadanos y la Unión Progreso y Democracia de Rosa Díez. O para darse algún otro capricho. Mi amigo lo ha bautizado como el voto plural.

Si a usted no le gusta el pensamiento único, puede agitar esta fórmula antes de usarla y empezar optando en el Congreso por Ciudadanos o UPD y decidirse en el Senado por un socialista y un popular. Este salomónico voto evita el estrés postelectoral y le permite a uno, fuera de toda duda, decir la noche electoral ¡hemos ganado!

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