Fede / Durán

La voz del empresario catalán

EL empresariado catalán cumplió su pacto con Artur Mas hasta el 25-N. O respaldo a la independencia o silencio. CiU consideraba que cualquier otra actitud lastraba sus aspiraciones absolutistas. Las elecciones ya han pasado, y los resultados enmarañan una legislatura donde sólo caben un par de opciones: mantener la aspiración de la independencia de la mano de ERC o recuperar el espíritu pragmático y el calor de las clases medias, suponiendo que aún existan. Dos voces forjarán o redirigirán la voluntad política derivada de los pactos para formar Gobierno regional. Una es la de la sociedad catalana, cabreada como la española por su empobrecimiento objetivo, el deterioro del Estado de bienestar y el agotamiento aparente de la modalidad de ejercicio del poder que nos acompaña desde 1978. Ese descontento poliédrico genera también poliédricas realidades: desde la posibilidad de un Estado propio hasta la irrupción de partidos de tufo radical (la CUP). La otra voz es la de los empresarios, que han respetado los deseos del ex pater patriae pero ahora deben pronunciarse. La suya no es una opinión más: abarca a toda una raza de comerciantes, pioneros y emprendedores; a la industria editorial, musical, automovilística o química; al tercer gran grupo financiero español, etcétera. Deben opinar abiertamente sobre el rupturismo y, especialmente, sobre sus decisiones en tal caso. Porque la Comisión Europea al fin se ha mojado al afirmar a través de Durao Barroso que secesión significa aislamiento y negociación de ingreso en la UE, con un incierto periodo de transición con moneda propia y aranceles.

Al hacerlo, al opinar, despejarán dudas dentro del país pero también fuera. Los inversores y multinacionales extranjeros sabrán entonces a qué atenerse y hacia dónde mirar. Si CiU se casa con ERC, las deslocalizaciones serán inevitables, y se abrirá a la vez un proceso de competencia entre comunidades donde Andalucía debe estar atenta para captar oportunidades. En tal caso, el sector privado catalán que repudie la vía Lara tendrá que emular y perfeccionar la esquizofrenia discursiva y conductual de Josep Antoni Duran, pasaporte diplomático español cuando viaja, cabecera de manifestación independentista cuando está en casa. El factor emocional computa en la economía, y la guerra del cava podría reproducirse a gran escala y sin discriminación de productos. O no. Un porcentaje creciente de españoles está dispuesto a tomárselo como los sicarios de cualquier clásico del cine negro antes de apretar el gatillo. "No es nada personal". Seguiré siendo tu cliente si tus precios lo justifican.

Cabría otra postura que podríamos denominar vía Ciutadans. Consiste en expresarse con naturalidad contra el pensamiento único, ése que empuja a Pere Navarro o José Montilla a hablar en castellano con más deje catalán que Mas, Pujol o Junqueras. Sin complejos quizás sea más sencillo reconducir un vínculo secular. "Mire usted, no es que a mí España me robe, es que es el 70% de mi negocio". Verbigracia: Andalucía importa de Cataluña más que Alemania.

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