la tribuna económica

Gumersindo / Ruiz /

La vuelta a lo básico

LA discusión de nuestros problemas se centra en las grandes cifras de la economía como el déficit público, deuda privada y pública, las décimas que sube o baja el producto, los números del paro, la parálisis de la construcción nueva, las grandes fusiones financieras, por no hablar de las inmensas cantidades que maneja el Banco Central Europeo. Quitando el equilibrio que estamos alcanzando en el déficit exterior, al exportar más e importar menos, prácticamente no hay un dato positivo que infunda optimismo a empresarios y trabajadores. Además, cobra cada vez más fuerza la idea de que todo esto va a continuar mucho tiempo, se haga lo que se haga. Mi primera propuesta es, pues, mantener los grandes debates a un lado, y dedicar los esfuerzos a cuestiones más pequeñas y más prácticas.

James Robinson y Daron Acemoglu han publicado un libro que se titula: Por qué caen las naciones: los orígenes del poder, prosperidad y pobreza, y en él mantienen que instituciones políticas y sociales distintas, influyen en cómo funciona la economía y sobre los incentivos que motivan a la gente a trabajar y emprender de una manera determinada. Tal como lo presentan, el progreso es algo que necesita una perspectiva para poder entenderlo, no es algo natural, y su camino está lleno de altibajos; a nosotros nos ocurrió hace diez años con la construcción y el crédito y el aumento de la población activa, que parecía entonces capaz de un crecimiento ilimitado y sostenible. El declive actual de la economía no es algo matemático, como no lo es la recuperación, por eso mi segunda propuesta es que resulta útil repasar nuestra historia reciente y sacar conclusiones sobre la forma actual de abordar la economía de la empresa.

La producción industrial de Estados Unidos y Canadá crece por encima del 3%, así como los países del Este de Europa y, en general, los países nórdicos, pero no Gran Bretaña. En el Sudeste asiático caen las economías relacionadas con Japón, que sufre las secuelas del desastre natural y nuclear de hace ya un año, así como las inundaciones de Tailandia; mientras que el resto crece con relativa fuerza, sobre todo China, casi un 13%. La industria de Latinoamérica también está en auge, excepto Brasil. El área del euro muestra su disparidad habitual, Bélgica, Holanda y Alemania siguen creciendo, y el resto cae algo, a excepción de España con un 7% negativo. La tercera propuesta es que si los países que salen adelante y generan empleo lo hacen gracias a una actividad relacionada con la industria y la exportación, hay que dedicar aquí todos los esfuerzos.

Observo que hay muchos pequeños y medianos empresarios desanimados por la débil demanda, la presión fiscal, las dificultades administrativas, los impuestos y tasas, y el coste de la energía. Si a esto se añaden las dificultades de cobro y la no renovación de pólizas de crédito, es muy fuerte la tentación de cerrar y vivir, si se puede, de una renta. Ésta es el más grave de los peligros actuales, que hay que afrontar directamente con las asociaciones empresariales y las cámaras de comercio, pues son los que conocen la realidad más próxima que hoy es prácticamente lo único que importa.

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