Editorial

La vuelta de la crispación

HASTA el próximo viernes no empieza oficialmente la campaña para las elecciones al Parlamento Europeo que se celebrarán el día 25. Por desgracia los partidos políticos han adelantado, como suelen, la campaña real, y prácticamente todos sus actos e iniciativas están orientadas a triunfar en los comicios. Por desgracia aún mayor, lo han hecho de la peor manera posible. En vez de centrarse en el debate sobre las distintas opciones en liza en el próximo Europarlamento y lo que se juega en estos comicios, realmente importantes para el futuro de la UE, candidatos y líderes se han volcado con lamentable entusiasmo en la tarea compartida de enfangar la vida política. Se ha visto en la última sesión plenaria del Parlamento de Andalucía y nos tememos que el espectáculo se reproduzca en el Pleno que está pendiente antes del 25-M. El terreno escogido por los dos partidos mayoritarios ha sido el de la corrupción, uno de los más graves que padece la sociedad española, y también uno de los más propensos a ser tratados con demagogia y sectarismo. En el Parlamento hemos oído un intercambio prolongado de insultos, injurias, ofensas y calumnias sobre las prácticas corruptas ajenas, los enchufes reales o supuestos de familiares y amigos y toda clase de golpes bajos al honor y la honestidad del adversario. Ya conocen la característica común de este tipo de espectáculos: los partidos no combaten sinceramente la corrupción, lo que les sería relativamente fácil aplicando sin reservas el actual arsenal jurídico y penal de que dispone la democracia española, sino que la utilizan para desgastar al adversario, y eso obliga a hacer la vista gorda ante los corruptos que surgen dentro de las filas propias y agravar y difundir los actos de corrupción ajena, lo mismo da que sean reales o que respondan a rumores o insinuaciones no constatadas. Les falta voluntad política, firmeza y coraje y les sobra partidismo y oportunismo, eso es todo. Así las cosas, la proximidad de unas elecciones activa sobremanera estas pulsiones sectarias de la política e instala en la vida pública una crispación que a los ciudadanos no deja de decepcionar. Incluso se puede pensar que en buena parte es una crispación artificial, teatralizada, al estilo de los mítines de campaña que sirven si acaso para movilizar a los votantes ya convencidos o que necesitan un empujón. Pero el votante medio, preocupado por el paro y la crisis y crecientemente sensibilizado por la corrupción, pide sobre todo soluciones y propuestas, en vez de insultos y zafiedades entre colegas que comparten escaños en el Parlamento. Quizás prediquemos en el desierto, pero hace falta decir lo que es necesario: la crispación debe terminar. Debatamos sobre las elecciones europeas.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios