la tribuna económica

Gumersindo / Ruiz /

No hay vuelta atrás

NO es casual que Joseph Stiglitz, el premio Nobel de Economía, haya escogido las páginas de la revista Vanity Fair en su edición norteamericana, fuera de todos los circuitos profesionales, para desarrollar una idea demoledora en relación al problema del paro. Porque el paro -sostiene- no es consecuencia de la crisis financiera, ni de la mayor o menor flexibilidad en los mercados de trabajo, sino de una fuerte transformación tecnológica donde los aumentos de productividad suponen menores necesidades de mano de obra. Por otra parte, la internacionalización de la producción hace que el empleo se cree en aquellas zonas fuertemente integradas en el comercio exterior, en sectores e industrias en las que se dispone o bien de ventaja tecnológica, o de una mano de obra barata y condiciones de vida con estándares muy bajos. Sencillamente, donde hay paro es porque no hay empresas con capacidad para generar empleo suficiente, contando con la población activa del país y unas condiciones que no se van a modificar a corto plazo.

Subir impuestos y recortar gastos es lo más sencillo del mundo; ni siquiera hacen falta personas para hacerlo, un programa experto al que se le proporcionen parámetros sobre lo que se quiere, podría generar autorizaciones y límites automáticos de gastos, y adaptar los impuestos a un presupuesto con un año de anticipación, según un escenario previsto. Lo difícil es crear empleo, y hacerlo ya. Y para ello hay que saber qué medidas inciden directamente y a corto plazo sobre el empleo. Porque aunque quitar rigidez a la forma en que se trabaja es imprescindible, nadie garantiza que las empresas van a crear empleo de manera significativa cuando la demanda de consumo no va a repuntar, y las expectativas que se están creando no pueden ser peores.

Ni en España ni en Andalucía podemos recuperar la economía del pasado, porque la forma en que producíamos no permite hoy la creación de empleo. El Ministro de Economía, Luis de Guindos, lo acaba de decir en su entrevista al Financial Times: "Ningún país, ni incluso los que han tenido que ser apoyados, han sufrido un deterioro tan grande del mercado de trabajo como España. Sí, tiene mucho que ver con la construcción… pero también con la capacidad de las empresas para adaptarse a las condiciones". En efecto, el auge y caída del sector de la construcción, con todo lo que implica para las entidades financieras, se parece mucho a los cambios que se dieron en el paso de la agricultura a la industria y de ésta a los servicios, con espirales negativas de precios, producción, empleo, demanda, y crisis financieras. Por eso no se trata ahora de volver donde estábamos antes -lo que ingenuamente llaman muchos "salir de la crisis"-, sino de ver cómo podemos crear una nueva economía para el futuro partiendo de un presente tan difícil. La única solución está en el sector público: un impulso del gobierno, con un compromiso inevitable de la Unión Europea, hacia actividades productivas que aumenten nuestro estándar de vida; en cuanto al sistema financiero, habrá que adaptarlo para que cumpla su único papel social válido, que es financiar esa nueva economía de progreso sostenible.

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