Crónica personal

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A znar no se resigna

AZNAR suele acaparar titulares cuando se acerca el mes de julio. Hace doce años que dejó la presidencia del Gobierno y aparece poco por los actos de partido a pesar de ser presidente de honor del PP, incluso puso excusas poco creíbles en alguna ocasión en la que era importante su presencia. Pero el campus FAES le coloca en las fechas veraniegas en el primer plano. Suele tener invitados extranjeros relevantes, Sarkozy en esta ocasión, invita a la clausura al presidente Rajoy y provoca las especulaciones sobre el nivel de sus relaciones personales y políticas, y él mismo hace declaraciones importantes. Y así consigue que su nombre, sus pensamientos, sus propuestas y sus puntos de vista marquen durante unos días la vida del PP.

Hacía tiempo que se le veía como apartado, como sin ganas de decir lo que pensaba sobre el PP, quizá para no crear problemas. Provocó entusiasmo en la convención de hace unos meses cuando apeló al espíritu del partido y preguntó en voz alta el PP dónde estaba el PP ganador, pero ahora se advierte en el ex presidente como una especie de resentimiento. Hacia todo y hacia todos. Hace alarde de que el partido ha perdido sus señas de identidad, o habría que decir más bien que ha perdido lo que para Aznar son señas de identidad, y critica algunas de las políticas del actual Gobierno, en unos casos abiertamente y en otros veladamente: la escasa energía con la que cree que se ha abordado el problema separatista, la reforma del aborto, o la política respecto a los presos de ETA.

Aznar tiene un sentido patrimonialista del PP, como lo tenía Fraga, pero el presidente gallego jamás mostró reticencias a expresar apoyos incondicionales a los dirigentes de su partido. Aznar en cambio no disimula de vez en cuando el "no es eso, no es eso" que incluso pronuncia en voz alta en alguna ocasión.

Los ex presidentes del Gobierno están más obligados que nadie a echar cables a quienes mandan en sus partidos. En ese sentido hay que reconocer el esfuerzo de Felipe González para disimular su escasa aprobación a las políticas de Zapatero, o su apoyo ahora a Sánchez a pesar de que es un secreto a voces que no le gustan sus pactos con Podemos.

Aznar, al que España debe mucho pero que es el principal responsable de que el PP perdiera las elecciones del 2004, debería intentar al menos mostrar más proximidad hacia dirección actual del PP, arrimar el hombro y expresar apoyo al Gobierno de su partido cuando faltan apenas cinco meses para unas elecciones generales.

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