Rosa de los vientos

Pilar Bensusan

bensusan@ugr.es

El efecto látigo

Alucinada me he quedado con el "efecto látigo" del que la semana pasada quiso convencernos el tenaz diputado del PP Francisco Bernabé Pérez para intentar justificar que se pudiera seguir cortando el rabo a los perros de caza. Y es que parece que siempre hay un subalterno dispuesto a decir las estupideces que los que mandan nunca dirían. Difícilmente me imagino a Rajoy defendiendo semejantes argumentos, que, para más inri, tiene un perro de caza con rabo…

Ridículo supremo basado en dar por sentado que los ciudadanos de a pie somos tontos y que podemos llegar a creernos que el ya famoso efecto látigo verdaderamente existe y que hay "perros fuertes y poderosos, perros de caza que no controlan el movimiento de su rabo y que dañan con asiduidad a sus cuidadores". De traca. ¿Pero qué nivel tienen nuestros diputados?

Tengo perro, y precisamente grande, fuerte y poderoso, y con un rabo también grande, fuerte y poderoso, y nada más lejos de la realidad la extravagancia de la que habló el PP en el Congreso. Además, ya que mienten, que lo hagan bien, a galgos, podencos, setter, y a multitud de razas más, que son perros de caza, no se les corta el rabo, antes al contrario, les sirve de señal para que sus dueños localicen a las presas.

¿Quién se habrá inventado tan grotesca excusa para defender los intereses del lobbie de cazadores? Se ve que éstos deben de votar en masa al PP para que este partido se haya expuesto a hacer semejante ridículo. A lo mejor hay en juego alguna que otra invitación a monterías de pro… a esas a las que iba Blesa.

Las redes sociales se han llenado de memes riéndose del efecto látigo, perros velociraptores, perros jugando con la cola en movimiento de otros, perros y amos conviviendo con el efecto látigo o reivindicando el efecto tambor… demostrando "científicamente" que cuando los rabos de perros fuertes y poderosos les dan a otros perros o a personas no pasa absolutamente nada. Hay hasta quien se ha atrevido a decir que, por esa regla de tres, si hay que cortarles el rabo a los perros de caza por el efecto látigo, a algunos del PP también habría que cortarles la mano por el "efecto chorizo", o la lengua para evitar el "efecto víbora".

En fin, bromas aparte, menos mal que finalmente salió adelante la prohibición absoluta de cortar rabo y orejas a cualquier perro, ratificando el Convenio Europeo de Protección Animal de 1987 que prohibe estas crueles prácticas, aunque fuera la friolera de 30 después de aprobarse en Europa. Y es que no hay argumento válido para la mutilación.

Pero la polémica venía ya de la Comisión del Convenio, en la que el PP había pactado la enmienda de la excepción para los perros de caza nada más y nada menos que con ERC y PNV, pero, ante la controversia creada, ERC cambió de opinión anunciando el 9 de marzo que retiraría su apoyo en el Pleno a esta excepción, tal y como ocurrió la semana pasada.

El problema es que en España todavía no se respetan los mismos derechos básicos para los animales que en los países civilizados de nuestro entorno -véanse también, por ejemplo, los toros-, quizás por eso tenga que existir el PACMA, y quizás pocos sepan que en las últimas elecciones generales de 2016 han obtenido 1.213.871 votos para el Senado y 286.702 para el Congreso, y que con una ley electoral más justa, hubieran obtenido representación parlamentaria.

Tal vez, como ha dicho Arturo Pérez Reverte, hay veces en las que dan ganas de usar el efecto látigo, pero con el PP…

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