El dinero se movió... en coche

  • Los coches de gran cilindrada, la secuela más visible de los 90 millones de euros que el número 20297 dejó el año pasado en Santiponce con el Gordo de la Lotería

Daniel Pablo Urbano y José Antonio Rodríguez Urbano son primos hermanos y residentes en Santiponce. La noche del 21 de diciembre de 2006 se fueron con otros diez amigos a celebrar la cena navideña en un restaurante de Salteras. "A seis de los doce nos tocó la lotería", dice Daniel. Rafael Urbano, primo de Daniel y de José Antonio, había ido a sus respectivas casas con décimos adquiridos en la administración poncina. Se juramentaron para que les tocara. "Esa noche terminamos bastante perjudicados", cuenta Daniel. De hecho, Estrella Urbano, madre de José Antonio, recuerda que a su hijo le costó trabajo levantarse el día 22. "Lo despertó al final una llamada del director de La Caixa".

Son algunas de las muchas historias de la algarabía de un día de sol radiante, antevíspera de la Nochebuena del año pasado, que en Itálica llegó con dos días de antelación y dejó un maná de 90 millones de euros. Para los habitantes de esta antigua población romana, las nuevas Galias estaban en Eurodisney. "Nos fuimos 23 personas a París, niños incluidos", dice Juan José Algaba, 38 años. El 1 de noviembre se había quedado en el paro en el laboratorio de análisis clínicos donde trabajaba. La mañana del 22 de diciembre volvía de la guardería con su señora y supo que en minutos pasaba de desempleado a millonario: cincuenta millones de las antiguas pesetas.

Ayer se oía por la mañana la flauta del afilador recorriendo las calles de Santiponce. Así debió ser el itinerario de Rafael Urbano, propietario en cuarta generación del Ventorrillo Canario, desde donde se vendieron 200 décimos. "Este año he comprado el número entero. 185 series. 1.850 décimos del número 47335. Lo compré el 1 de agosto y a mediados de septiembre ya no quedaba ni uno". "¿Dónde vas con la bulla?", le dijeron cuando entró con los décimos en la cocina de La Caseta de Antonio, su tío.

El Ventorrillo Canario se convirtió en un remedo de Wall Street. Con efectos secundarios. Se produjo la desbandada. Se marchó la plana mayor del restaurante: Cristina, la cocinera; Marcelino, maître y marido de la cocinera, y Antonio, el encargado. "Aguantaron hasta dos meses después de tocarles la lotería. No nos dejaron tirados". Sustituirlos les produjo verdaderos quebraderos de cabeza. Han sido agraciados indirectos. "Gente que ha subido de rango o que ha encontrado un buen trabajo, porque ser encargado del Ventorrillo Canario lo es".

Rafael fue un benefactor familiar. Llevó la fortuna a su tía Estrella y a Josefa, la viuda de su tío Antonio. "Dile a Josefa que te enseñe el nuevo salón", dice Fernando Marmolejo, orfebre como su padre, que vive "pared con pared" con Ana María, la propietaria de la administración de Lotería en la que Rafael Urbano compró el 20297. El 6 de diciembre de este año se inauguró el nuevo salón de la Caseta de Antonio, establecimiento especializado en arroces, pescados y mariscos. Son los dominios de Josefa, que huye de las fotos -sólo se dejó con Fran Rivera y María Eugenia- y mantiene el legado que su marido levantó en esta antigua fábrica de viguetas y bovedillas. "Son un ejemplo de trabajo y honradez", dice Marmolejo. El nombre del local procede de la caseta del Ateneo de Sevilla en la Feria en la que Josefa y Antonio realizaban tareas de cocina y mantenimiento. La Caseta de Antonio empezó con cuatro hierros y una comunión a la intemperie y hoy es un local que frecuentan desde el presidente Chaves hasta Joan Manuel Serrat.

No es el único cambio que se ha producido en estos aledaños del campo de fútbol. Estrella Urbano, hermana de José y Antonio, ya fallecidos, aceleró la apertura de un local de copas junto a su domicilio y le puso un nombre a propósito: El Siete. Es el número en el que termina la matrícula del Mercedes que con el dinero de la fortuna su marido y sus dos hijos fueron a recoger a Múnich. "Fuimos en avión y volvimos en coche desde Alemania", dice José Antonio.

Por tradición, Estrella compartía un décimo con Adelina y Loli, antiguas compañeras de la hamburguesería que ahora ha reformado. "Adelina me llamó y me dijo que este año no llevaba lotería y le dije que no se preocupara, que como todos los años tenía su participación".

A los coches que circulan por Santiponce con la letra F en la matrícula les dicen "loteros". Daniel Pablo se ha comprado un Porsche reluciente. "Es lo que más se ha notado, mucho Mercedes, pero el pueblo sigue igual", dice Jacinto Angulo, técnico de Turismo de la localidad. Santiponce cambió de alcalde: dejó de presentarse José López, que gobernaba desde 1995, y su coalición, Izquierda Unida, sacó 50 votos menos que el PSOE, que colocó en la Alcaldía al antiguo futbolista José Peña. Ana María Girón también abandonó el Ayuntamiento: era delegada de Cultura, le tocó la lotería, igual que a su marido, policía local que participaba en una peña de guardias civiles.

Antonio, un personaje bohemio, ha homenajeado a la historia de su pueblo abriendo con el dinero que le tocó hace un año y un día en la Lotería un pub frente al conjunto arqueológico con el nombre de Exedra, nombre griego de una de las antiguas salas de la villa romana de Itálica.

Miguel Ángel trabaja en una empresa de transportes. Le tocó la lotería y compró el supermercado Covirán. "Vio que no era lo suyo y sus hijos tampoco lo querían", dice Juan Antonio Venegas, 36 años, de Dos Hermanas, que le compró el establecimiento al comerciante más efímero de Santiponce. El dinero se ha movido, sobre todo en coche. Y la lotería llama a la lotería. En puertas de la coronación de la patrona.

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