A la lotería no le salen los números

  • Afortunados en el sorteo de VPO celebrado en el campo de fútbol se dieron de bruces con los obstáculos económicos · Los dos bloques de Villaverde del Río están sin acabar, con las obras paradas hace dos meses

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La caseta prefabricada de la inmobiliaria Guadasol está vacía. Unos planos en la pared, un calendario de 2008 en la mesa. El hombre que informaba dejó de aparecer. Y el guarda. Y los albañiles. Terminó la feria de septiembre en Villaverde del Río, en el recinto ferial que está junto a estos pisos todavía en cimientos, en carne viva, y desde entonces nada más se supo. Las obras se paralizaron. No se ha vendido uno solo de los pisos. Ni a los solicitantes afortunados en el sorteo celebrado en el campo de fútbol. Ni a los suplentes. "Pensaban que si no los compraba la gente del pueblo, vendrían de fuera", dice Aguas Santas García Chaparro.

Cuando a Conchi Linares, 43 años, la llamaron de la promotora, salió llena de ilusiones. "Seguro que me van a decir cómo quiero el cuarto de baño, pensé". Porque Conchi había conseguido una vivienda adaptada para disfrute de Carlos, su hijo, 14 años, en segundo de ESO, que quiere ser periodista y padece parálisis cerebral. Le vendían un piso de 57 metros cuadrados a cambio de un precio prohibitivo para sus recursos. Tiene título de fontanería, está operada de cáncer de mama y su marido trabaja en la construcción, gremio con pedigrí en esta ribera.

"No es que salgan caras, no son caras, pero no están en función del poder adquisitivo de los demandantes", dice Aguas Santas. "Tenían que haber hecho un estudio de mercado". Insinúa que ni la promotora ni la propia Administración municipal tuvieron en cuenta que ofertaban unas viviendas en "un pueblo donde no hay cultura de pisos. Aquí todo el mundo vive en casas. Lo normal es comprar el solar y como muchos hombres trabajan en la construcción, hacerse la casa en los fines de semana".

Pastori Tirado, 45 años, vive con sus padres, con un hermano, un sobrino y dos niñas de 15 meses, Elena y María, sus hijas mellizas. Le tocó el piso en el cupo de familias monoparentales. "Que conste que no renunciamos al piso, sino que carecemos de dinero para pagarlo. Aquí la parte social no aparece por ningún lado". Siete meses después de estrenar maternidad, esta madre soltera fue intervenida de cáncer de mama. La vida es una lucha permanente en la que se forjó con un imponente palmarés laboral: ha trabajado en el campo y en la costura, tuvo tienda en la plaza de la Encarnación y fue una de las nueve socias de una empresa de zurcidos que estuvo asociada a Hytasa y dio de alta a 34 trabajadoras.

La cuadrilla de albañiles ni está ni se le espera. Sólo se ven cuadrillas de temporeros que acuden a recoger la naranja. Raro es el vecino de Villaverde que no tiene un pariente que solicitó un piso. "Los han puesto muy caros y la gente no los quiere", dice un joven. "En vez de ayudarte, te ahogan", señala una chica. Cinco millones de las antiguas pesetas en los dos primeros años y una hipoteca de 600 euros durante veinte años. Son las condiciones que le pusieron a Pastori Tirado. Los bancos se cerraron en banda. "Si no tienes propiedad, ni te oyen. Los bancos te piden una escritura o alguien que te avale". Dicen que de todas las solicitudes sólo una superaba el perfil económico.

Falta a la cita en la cafetería Alambique Rosario, que también fue solicitante y afortunada y trabaja como eventual en una empresa de aceites en Brenes.

Los pisos empezaron a construirse junto al recinto ferial en una zona que se extiende hacia Cantillana. "El sitio es estupendo", dice Aguas Santas. La parte posterior de los bloques da a la calle Regajo Hondo, así llamada por el riachuelo que baja de la sierra. A lado de los esqueletos de cemento, promesa de futuro imperfecto, vive Ana María Cervera. "Le tocó un piso a mi hija y otro a mi hijo, los dos pensionistas", dice esta mujer, madre de once hijos. "El hombre que dio estos terrenos está muerto, los donó al Ayuntamiento para que hicieran cosas, no para que los vendieran por detrás. La alcaldesa engañó al pueblo". Ese filántropo se llamaba Hilario Ramírez. Se los legó a su hijo, que murió joven. La zona se conoce como Huerta de Hilarito.

Pequeños, caros, pero con piscina. "Aquí nadie quiere piscina", dice Pastori Tirado, que con otros demandantes ya ha sido sondeada para desbloquear esta situación que raya en el absurdo. Pastori y su amiga Conchi disienten sobre el papel jugado por Evangelina Maestra, la alcaldesa. La primera aplaude el empeño que la corporación ha puesto en esta política de vivienda y exige el apoyo de la Junta; la segunda le critica a la regidora local que en lugar de ceder esos terrenos se los vendiera a la promotora, causa última del encarecimiento de los pisos.

Rosario Franco Cervera, hija de Ana María, seguirá subiendo escaleras en su piso de Cerro del Molino. "Tengo que subir a retazos". Conchi Linares, al salir su número en el sorteo, dejó la batalla del ascensor para la silla de ruedas de su hijo en la casa donde vive, porfía que tendrá que reanudar al evaporarse su sueño. "Entre los demandantes, hay familias numerosas que viven con los abuelos", dice Pastori, "se da el perfil de albañil en paro que trabaja en el campo, es decir, tres meses de trabajo, cuatro de paro".

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