Más normas y más diálogo para prevenir la violencia escolar

  • Los expertos alertan de que la permisividad de los padres alienta el fenómeno

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Cuenta Rosario Camino, abogada de la familia del niño que perdió parte de su dentadura por el puñetazo que le dio un compañero, que la sentencia que condena a la madre a pagar 14.000 euros por los daños que causó su hijo (un juez de menores ya obligó al menor a realizar tareas socio-educativas), les ha sorprendido. Es más severa de lo que lo que esperaban en la reprimenda, por la "laxitud" y "tolerancia" con la que, según el juez, la mujer abordó la educación de su hijo y que marcó su conducta.

La agresión se produjo en un cambio de clase. No hubo acoso, pero la letrada define a su cliente como un chico "débil" que contestó a algo que le dijo el agresor. Éste ya había tenido otros altercados y fue expulsado. Es de un barrio "normal", de una "familia como cualquiera", vivía con su madre y era algo mayor que su compañero, repitió curso. Reaccionó al comentario con un puñetazo, una "conducta violenta y excesiva", según el fallo, que "significa que las tareas educativas correctoras ejercidas por los padres no han fructificado, bien por la laxitud a la hora de inculcarlas o bien por la tolerancia en corregir sus manifestaciones violentas".

Más allá de los detalles, el caso vuelve a poner en el foco en la violencia protagonizada por menores (con un plus de reflexión sobre las causas) ante la que crece el desconcierto. Los expertos coinciden en algo: no es fácil fijar una causa, son múltiples; aunque es determinante la falta de normas y límites con la que crecen los niños, que deriva en intolerancia ante cualquier frustración o revés; mientras que absorben violencia (en la tele, los videojuegos, la calle) sin que haya un adulto que, al menos, se preocupe de explicar qué está bien y qué no.

Rosario Ortega es catedrática de Psicología de la Educación en Córdoba, ha dirigido una investigación sobre el bullying (acoso escolar) y es miembro fundador del Observatorio europeo de la violencia en las escuelas. No se atreve a decir que hoy haya más violencia. Antes los casos no eran noticia. Pero considera que para evitarla no hay que convertir los colegios en estados policiales (la madre condenada aludía a la responsabilidad de vigilancia de los profesores), "hay que prevenirla".

"Los niños deben ser observados y dialogados, preguntarles qué has hecho, qué te ha pasado hoy, cómo son tus amigos, qué te gusta hacer. Que el niño se sienta observado, cuidado y atendido y que si hace algo mal que se le diga, se le llame la atención, que haya una disciplina democrática, con normas". Insiste en que "el niño no se puede quedar a cargo de la televisión" y alude a la "basura" y al sensacionalismo de los medios. En su opinión, los padres son conscientes de cómo atender a sus bebés, pero están desorientados sobre cómo hacerlo cuando crecen, "hay que ayudarles para que sepan cómo tratar a los adolescentes, cómo dialogar y conocer qué hacen cuando sale, qué amigos tienen, trasladarles qué está bien o mal de lo que ven". Ortega asegura que también hay que trabajar en valores -la Educación para la Ciudadanía es algo más que una polémica política, defiende- y lanza un mensaje a la sociedad de que hay recursos (escuelas de padres en los ayuntamientos, equipos de psicólogos y orientadores en los centros), a los que pueden dirigirse, aunque aún falte coordinación.

La catedrática de Psicología Social Felicidad Loscertales cree que los padres que van a estas escuelas no las necesitan: están orientados. Pero, como Ortega, opina que la solución está en la infancia más tierna. "Si el niño de cinco años rompe las páginas de un libro o pega a su hermano" debe "ser reprimido". Admite que la sociedad actual plantea retos: familias pequeñas o monoparentales, padres que lo son sin experiencia de haber cuidado a hermanos o a hijos de vecinos. Antes, una persona mayor era respetada de por sí. "Hoy la gente no se atreve a reprender a un niño que rompe una rama o una papelera en la calle" y Loscertales parafrasea a José Antonio Marina: "Hace falta toda una tribu entera para educar a un niño", incluso hay una oportunidad para el chaval de 14 años que parte la boca de un compañero, "puede cambiar, es una persona que tiene un futuro por delante si se le explica y se le ayuda a canalizar su comportamientos y sentimientos". También subraya la importancia de que los padres y la escuela vayan de la mano. Además de los límites y las reprimendas no violentas pero constantes de los padres, echa de menos valores que antes venían de la mano de la religión que no sólo era "amarás a Dios sobre todas las cosas, sino no matarás, no mentirás o amarás al prójimo como a ti mismo".

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