El olvido de un precursor

  • El Ayuntamiento quiere recuperar la figura de Francisco María Tubino, el primer historiador que difundió el valor del dolmen de La Pastora hace ahora 140 años

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Cuenta Teresa Ruiz, edil de Patrimonio de Valencina, que en su casa se vivió como una fiesta el día que, después de muchas búsquedas, contactó con los descendientes de Francisco María Tubino. No es para menos. El olvidado erudito del XIX, editor del periódico La Andalucía, no sólo ha sido una inspiración para ella como arqueóloga -la vocación le vino de niña, observando las excavaciones en su pueblo-, sino que fue el primero en estudiar y lanzar al mundo en artículos y conferencias -viajó a París y a Dinamarca para hablar de Valencina- el valor del dolmen de La Pastora, que hoy es seña de identidad del municipio y recibe hasta 10.000 visitas al año, previa cita en la Casa de la Cultura. Pero, por alguna razón inconcreta, en los estudios posteriores a Tubino "se le hizo el vacío y ni se le cita", se lamenta Ruiz.

Cuando se cumplen 140 años de su primera visita, en 1868, al yacimiento, Valencina ha querido que la recuperación de su figura sea el eje de las V Jornadas de Arqueología y Prehistoria, que se celebrarán a lo largo del mes de febrero. Los días 9 y 10 habrá conferencias y más visitas guiadas al dolmen y el 16 y el 17, una empresa especializada organizará talleres para que los niños puedan construir cabañas, usar las herramientas y disparar flechas como en la era del cobre.

La cita pretende ser, además, el punto de partida para un nuevo enfoque del patrimonio local, que lo conviertan no sólo en una vaga conciencia o una complicación a la hora de realizar obras, sino en un activo para el municipio. La edil lo explicaba ayer en el esbozo de calle que, desde la congestionada A-8077, lleva a la entrada de La Pastora y a la torre de Axion, más impactante -que no impresionante- que el túmulo.

A partir del sábado llevará el nombre del periodista e historiador que, cuando la arqueología no existía como disciplina en sí misma, ya envió algunas piezas al recién inaugurado Museo Arqueológico Nacional y un artículo sobre La Pastora que se publicó, con todo lujo de detalles, en La Gaceta de Madrid. Al acto de rotulación de la vía asistirán sus familiares, que viajarán desde Madrid y Jaén. Se soltarán 140 palomas, una por cada año de investigación arqueológica en Valencina, en los que se han descubierto otros muchos dólmenes y piezas que dan fe de la importancia que durante más de 1.500 años tuvo el asentamiento.

Aunque lo más novedoso es que en la misma calle el Ayuntamiento pretende construir un centro de interpretación arqueológica. El proyecto ya está sobre la mesa de otras administraciones para que se impliquen en su financiación y hay buenas perspectivas. Se ha convertido en el gran reto del equipo de gobierno local y en el "compromiso" al entrar en política de esta arqueóloga, que ha excavado los dólmenes y muchos solares del municipio, pero que ha padecido el "miedo" a que la presión inmobiliaria o la nueva autovía de Camas a Olivares arrasen la zona. "Es el momento de cambiar las cosas", insiste. El leit motiv del centro de interpretación será que los visitantes no sólo puedan ver, sino tocar y trabajar con las herramientas, como sus ancestros. Convertir la teoría prehistórica en práctica.

Aunque para disfrutar del legado de Valencina no hay que esperar tanto. Su pequeño museo arqueológico, catalogado desde abril en la red oficial de la Junta, ya es un buen ejemplo del patrimonio que aflora a cada paso. Una maqueta resume lo que fueron los poblados en la zona. El mar de adosados que circunda hoy a Valencina era el estuario del Guadalquivir. En el poblado se cultivaba, se cazaba, se sacaba agua de pozos de hasta diez metros de profundidad excavados con herramientas rudimentarias y se fundía el cobre.

Como vestigio de esa forma de vida han quedado utensilios de piedra, hueso y metal y ajuar de cerámica. Entre ellos, un plato que ya se restauró hace miles de años abriendo cuatro agujeros y uniéndolos con cuerda. También destacan los ídolos en pizarra y la reconstrucción de sus modestísimas chozas de cañas y barro.

Pero nada como sumergirse en el corredor de más de 45 metros de La Pastora -el dolmen de Matarrubilla no es visitable en invierno- como hizo hace 140 años Tubino, del que José Gestoso se proclamaba discípulo pero que, al contrario que éste, aún no tiene calle en Sevilla. La propia arqueóloga que sirve del guía se pregunta por la visión del mundo de aquellos hombres que vivían tan modestamente pero empleaban tanta fuerza para construir algo tan grandioso para enterrar a sus líderes. Las hileras de pizarra siguen sosteniendo intactas las losas de piedra. Sólo los vanos intentos de los viejos aljarafeños por hallar los tesoros que la leyenda colocó en ninguna parte del monumental enterramiento han logrado partir algunas rocas.

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