écija

Un suelo de taracea de mármol, nueva muestra de riqueza en la Astigi romana

  • El pavimento ha sido hallado en una casa que conserva un baño con lavabo y desagüe de plomo

El arquitecto municipal, junto al pavimento hallado en una excavación en el centro de Écija. El arquitecto municipal, junto al pavimento hallado en una excavación en el centro de Écija.

El arquitecto municipal, junto al pavimento hallado en una excavación en el centro de Écija. / david arjona / EFE

Un pavimento de taracea de mármol en muy buen estado de conservación, de 25 metros cuadrados y del siglo I, hallado en una excavación efectuada en el centro de Écija, revela la riqueza económica y el sofisticado desarrollo artístico de la Andalucía romana. El pavimento, originalmente, se extendía por 40 metros cuadrados, parte de los cuales desaparecieron bajo la muralla medieval del antiguo Alcázar real de Écija, del siglo XIV, y su sofisticada técnica artística y artesanal hizo pensar en un primer momento que se trataba de un edificio público, ha explicado a Efe el arqueólogo municipal de Écija, Sergio García-Dils.

Junto a la sala del pavimento, que reúne hasta 30 modalidades cromáticas diferentes -de unos 20 tipos de mármoles distintos-, ha sido hallado un cuarto de baño prácticamente íntegro, con la sección en altura íntegra, de 2,2 metros, un lavabo de mármol con su desagüe mediante tubería de plomo y parte del estuco de las paredes que aún conservan la marca del nivel del agua de baño.

El hallazgo del baño, y otros que rodean el pavimento, hizo determinar a los arqueólogos que se trataba de una casa palaciega, de la que han descubierto hasta su primer morador -la casa, con modificaciones, fue habitada hasta el siglo III-, que fue Lucio Fabio, según consta en el soporte de mármol de un busto, quien ejerció de edil y de responsable de obras públicas de la Écija romana.

García-Dils ha calificado de "alarde" artístico la taracea de mármol, con figuras geométricas de trenzados a base de piezas pequeñas, otras mayores de circunferencias inscritas en cuadrados, y otras piezas cuadradas de gran tamaño pero escasísimo grosor, lo que eleva la complejidad de su pulimento y encaje. El equipo de arqueólogos de Écija trabaja ahora en el estudio de la procedencia de los mármoles, para lo cual se dispone de un banco de datos internacional de los empleados en la época en toda la cuenca mediterránea, si bien ya han documentado que los hay procedentes de Esparta y Túnez.

Según García-Dils, la taracea de mármol se extendía a las paredes de la estancia -aunque esas piezas no se han conservado-, lo que le otorgaba un "ambiente monumental" más propio de curia (equivalente a salón de plenos municipal) u otro tipo de edificio público, como sucede con otros pavimentos semejantes hallados en la ciudad romana de Itálica o en la actual Alcalá del Río.

La técnica romana de encajar unas piezas de mármol en otras se denomina opus sectile -piezas seccionadas-, y además de que supone "una extrema dificultad para combinarlas con precisión", su ejecución era mucho más cara que la de un mosaico, según el arqueólogo, quien ha recordado que sólo en Écija han sido hallados 94 mosaicos romanos.

El solar sobre el que trabaja los arqueólogos tiene 6.000 metros cuadrados, de los que se han excavado sólo 10%, y el hallazgo del pavimento se ha producido muy próximo al lugar en que, hace dos años, fue encontrado un mosaico de cuarenta metros cuadrados en un excepcional estado de conservación, que incluía teselas de vidrio e integraba treinta figuras mitológicas.

Junto al cuarto de baño de la misma casa palaciega -de la que se han excavado un total de 150 metros cuadrados- se conserva parte del entramado de tuberías de plomo, lo que, según el arqueólogo, demuestra que la Écija romana dispuso de acueducto subterráneo, una obra de ingeniería que hace dos mil años resultaba más cara y compleja que los acueductos al aire.

Como ejemplo de la avanzada técnica romana, y de su sofisticada planificación urbana, García-Dils ha puesto como ejemplo que Écija haya contado con agua corriente sólo en el periodo romano y desde mediados del siglo pasado. Para que el agua circule por esta ciudad es necesario elevarla hasta quince metros y, en época de Felipe II, en pleno esplendor del Imperio español, se le hizo este encargo al arquitecto Hernán Ruiz, el mismo que diseñó la parte más alta de la Giralda -la que aloja el cuerpo de campanas-, y sólo logró llevar el curso del agua hasta cinco metros de altura.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios