Fernando Rodríguez Villalobos, presidente de la Diputación de Sevilla

"Me temo lo peor, que el año que viene elimimen el PER"

  • Los recortes impuestos desde Madrid le obligan a coger un hocino y talar gastos prescindibles que permitirán ahorrar 15 millones, mientras sospecha golpes más duros que le hacen pensar en un estallido en el mundo rural.

Comentarios 22

La empresa que preside Fernando Rodríguez Villalobos está, de momento, salvando el tipo. El socialista considera la Diputación de Sevilla como un particular negocio y por ello se esfuerza en evitar los despidos y mantener los derechos adquiridos por los trabajadores. Pero, como cualquier empresario, advierte que la merma de ingresos le obligará a recortar más y más. Y también a ser más reivindicativo con las otras administraciones, en los planos institucional y político. Revalidado como una de las voces del PSOE de Sevilla, que sigue presidiendo, admite que le hubiera gustado ser secretario general, pero que apuesta con firmeza por la camada de jóvenes  liderados por Susana Díaz y por el municipalismo. No en vano acaba de ser elegido para presidir el consejo de alcaldes socialistas.

-La tensión está aumentando en las últimas semanas con los recortes y los anuncios de Rajoy. Parece que la pitada del pasado pleno provincial no será la última...

-Esa pitada no me preocupa, los trabajadores tienen su forma de manifestarse y si  no entorpecen nada... Pero yo la aproveché para lanzar un mensaje: si hay un recorte de las administraciones supraprovinciales de las que nos alimentamos, yo también tendré que hacer una reducción proporcional. Si en una casa entran 1.500 euros y eso se reduce en 300, el padre o madre de familia tiene que quitar de un lado y de otro para compensar. Eso es lo que hago yo.

-Explique cómo, porque ya ha habido anteriores ajustes.

-Sin lesionar los derechos adquiridos por los trabajadores en los últimos 30 años. Yo también soy trabajador, de la enseñanza, y, aunque no creo que vuelva ya a mi puesto, lo entiendo. El tronco del árbol no se puede tocar, pero sí las ramitas que le han ido saliendo en los momentos de plenitud económica, brotes que hacen que esté muy frondoso y bonito. Ahora hay que coger un hocino y talar. 

-¿Cuáles son esas ramas?

-Pues las gafas gratis para los trabajadores, los campamentos y las becas para sus hijos... No tocaremos lo esencial: no despediremos a nadie, respetaremos a los eventuales y los interinos, pero quitaremos esas excepcionalidades que cualquiera envidiaría pero que hoy no se pueden mantener.

-¿Y cuánto dinero debe ahorrar?

-El Gobierno central nos va a ingresar 15 millones de euros menos de la noche a la mañana, y nos lo dicen en el octavo mes del año. Tendremos que quitar 5,7 millones de euros de las áreas y sociedades, dos millones de euros de la bolsa destinada a los programas de cofinanciación y ahorrar 4,8 millones a base de no cubrir las plazas vacantes de personal e infraestructuras.

-¿Y las inversiones?

-Los programas básicos para los ayuntamientos no se resentirán; la semana pasada garantizamos 2,5 millones en materia de cohesión social para los municipios, el programa de empleo de urgencia también está ya en marcha y habrá dinero para cofinanciar el antiguo Plan de Empleo Rural (PER). Esto último supone un gran laberinto.

-¿Por el retraso en el pago?

-Son ya dos meses de retraso. Las tareas del verdeo empiezan en septiembre. Es ahora cuando hace falta ese dinero que no llega, ahora que no llueve ni hay trabajo. Pero los tecnócratas de Madrid no se enteran, ni ahora ni antes. 

-Los 15 millones que han tenido que recortar fijan ya un límite.

-Virgencita que me quede como estoy... Pero yo me temo lo peor.

-¿Qué?

-Que el año que viene eliminen el PER. Eso era impensable hace cuatro o cinco años. El PP no se atrevía porque sabía que se le echaría encima la gente del mundo rural, que es donde más dificultad tiene para entrar electoralmente. Era políticamente incorrecto, pero después de ver todas las bolsas que están tocando, creo que  ya sólo queda la del desempleo y las pensiones. Y ojo: tú puedes recortar un 5% o un 8% los salarios y reducir 15 días las vacaciones y la gente va tirando, pero no quitar el subsidio a quien sólo tiene eso como sustento.

-¿Qué consecuencias cree que acarrearía?

-Una revuelta social. Un Gobierno tiene que garantizar siempre la paz social, sin ella nadie viene a invertir, la iniciativa privada huye y la economía se frena aún más. Sólo hay paz social cuando una familia come y vive con unas condiciones mínimas. Con seis millones de parados hace falta un Pacto de Estado por el Empleo. Pero para esto hace falta ser más generoso, integrar a la oposición y lograr así que los políticos tengan más credibilidad.

-¿Cómo le afecta el desprestigio de la clase política?

-Me duele mucho. Yo no me he lucrado de esto nunca, pongo mis cuentas encima de la mesa y cuelgo de internet mi declaración la renta. Hay limpieza y transparencia en la mayoría de los políticos. Choriceo hay en todas las profesiones, en los curas, los médicos y los maestros... Hoy  no hay políticos de altura, como en la época de Felipe González o Helmut Kohl.

-Los ciudadanos también esperan gestos, sobre todo en momentos de crisis. Por ejemplo, rebajas del sueldo de los políticos.

-Yo lo he hecho. Lo que ha  habido con la paga extra de Navidad es otra cosa... es otro debate. Los gestos en política deben estar presentes siempre, no sólo en crisis. Quien maneja los dineros públicos debe ser cauto, serlo y parecerlo. Usted puede entrar ahora en el bar de enfrente y pedirse media ración de gambas cocidas y la gente le verá y dirá mira qué gambitas se está comiendo esta señora. Yo  no puedo. En política hay que ser sencillo, ir al cine, a la playa como cualquier otro y sentarte al lado del que va con la nevera y tomarte un bocadillo, es bueno que te vean. Yo no lo haré por necesidad, otros sí. Pero yo puedo tener las mismas películas que tiene la gente: familia en paro, hipoteca, la niña que no termina los estudios...

-Pero cobra un sueldo y otros no.

-Claro. Yo soy partidario de regular por ley los sueldos de los políticos. Por tramos, en función de la población a la que se atienda o la responsabilidad... Aquí se da la paradoja de que a lo mejor el chófer de turno cobra más que el presidente. Así se evitarían malentendidos y situaciones interesadas. Y un político sabría que no se puede ir a Australia cada vez que quiera a conocer la experiencia de determinado tipo de asfalto, por ejemplo.

-Se evitarían los excesos. ¿Y por qué no se hace?

-Los legisladores no quieren. Yo lo reivindico, para lavarle la cara a miles de alcaldes y concejales. Por cierto, el 95% no cobra de las corporaciones municipales. Entonces ¿dónde se ahorra? Eso que dice el Gobierno de Rajoy de eliminar 3.000 concejales es una chorrada. Es una estrategia para que el PP gane peso en las administraciones.

-¿Cuál cree que es?

-El PP se está haciendo una composición de cómo quedaría el puzzle del Estado y cómo quedarían las fuerzas políticas en las diputaciones y comunidades autónomas. Si eso se enlaza con la propuesta de reducir partidos judiciales... se explican algunas cosas. En Sevilla sólo quedarían cuatro pero no se dice que se vayan a suprimir puestos de trabajo ni, por tanto, reducir costes. ¿A que no quieren reducir diputados provinciales? Prescindir de representantes de las capitales.

-Eso beneficiaría al PSOE, que domina los pueblos pequeños, ¿no?

-Sí, pero también sería algo racional. No lo es, sin embargo, la propuestade fusionar pueblos y hacer desaparecer a las ELA (entidades públicas locales dependientes de otros ayuntamientos). Me entran escalofríos al pensar que me podrían quitar mi pueblo, es mi idiosincrasia, mi cultura, mis raíces, allí están mis abuelos enterrados, allí nací yo... ¿Quiere adelgazar las diputaciones? ¿Ahorrar costes? Pues deje que estén para servir a los pueblos con menos de 20.000 habitantes y pasaríamos de 31 a 17 diputados en Sevilla. La Diputación tiene su campo de actuación en los pueblos y hay más representantes en el plenario de la capital. Y creo que debería quedarse sólo para prestar determinados servicios. 

-Algo de eso ha propuesto también el Gobierno central.

-Sí, pero quiere convertirlas en administradoras de servicios, no en gestoras. ¿Y quién gestiona? La empresa privada. Y los alcaldes se quedarían como meros regidores del cementerio y la plaza de abastos, todo lo demás se privatizaría. Cuando hablan de fortalecer el papel de las diputaciones están hablando de fortalecer a la empresa privada, yo lo tengo clarísimo.

-¿En casos puntuales y abocados a la disolución no sería una solución?

-Si al final el privado demuestra que puede ofrecer un mejor servicio a un coste y un precio más reducido... pero por mi experiencia no creo que sea así. Lo hicimos con el Consorcio del Huesna y se deterioró el servicio, no invirtieron nada y al final hubo que ir al rescate.

-Lo que sí parece ya zanjado es el debate sobre el futuro de las diputaciones.

-Sí, tienen su razón de ser, han servido y sirven siempre que se les quite todo el boato y el rollo que han tenido tiempo atrás.

-¿Se refiere a que están sobredimensionadas?

-No es el caso de Sevilla. Y eso se calcula muy fácilmente: si el porcentaje del gasto en personal no sobrepasa el 50% del presupuesto, está equilibrada la cosa.

-¿Sigue apostando por suprimir consorcios o mancomunidades?

-Apuesto por analizar su situación y si es preciso, hacerlo. En principio se ha disuelto la Mancomunidad del Bajo Guadalquivir, que era la que estaba echando fuego, pero, en general, las demás están bien llevadas. El problema es cuando te metes en camisas de once varas.

-¿A qué se refiere?

-Si te dicen que tu misión es llenar botellas de agua, ¿para qué vas a pensar en diseñar los envases? Si tu objeto social es recoger basuras, no te metas en escuelas taller, en construir viviendas o en montar un gabinete de comunicación para editar un periódico. ¿Y cómo puede una mancomunidad gestionar un colegio en Trebujena? Los gerentes a veces se creen monstruos y nos llevan a la ruina.

-Otras los fallos son de los políticos o responsabilidad de ellos.

-Hay monstruos que quieren señalar como malos gestores y derrochadores a los alcaldes y concejales. Es injusto y mentira. En Sevilla hay cinco o seis casos que han llegado al juzgado y son por actos administrativos, sin afán de lucro. ¿Cómo se puede inhabilitar por ocho años a una alcaldesa por permitir que se ampliara una granja de pollos en terreno no urbanizable? O un patio... No son ignorantes, los alcaldes saben, saben de las circunstancias de sus vecinos, conocen problemas con rostros y nombres y apellidos. Y van al corazón. Hay que confiar en lo municipalista, es la política más cercana y la que multiplica para bien todo lo que tú le das.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios