rodrigo de zayas. músico y escritor

"En Francia no entendían que yo fuese marxista y del Gran Poder"

  • Hombre de mundo y sevillano de vocación, ha centrado gran parte de su actividad en la recuperación del patrimonio musical sevillano y de la memoria de los moriscos

Rodrigo de Zayas, en su domicilio, durante la entrevista. Rodrigo de Zayas, en su domicilio, durante la entrevista.

Rodrigo de Zayas, en su domicilio, durante la entrevista. / fotoS: belén vargas

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Entrar en la casa de Rodrigo de Zayas (Madrid, 1935) es adentrarse en uno de esos oasis que la ciudad de Sevilla aún conserva y apenas muestra. El entrevistador viene del fragor de la redacción, del ajetreo de las calles comerciales y, tras la breve transición de un zaguán, se ve inmerso en el patio sombreado de una de esas casas que los madrileños llaman palacetes, en los amplios salones de nobles anaqueles e instrumentos antiguos. Como inmejorables anfitriones, Rodrigo de Zayas, su mujer, la mezzosoprano Anne Perret, y una botella de manzanilla fresca que anima el aperitivo de un caluroso San Miguel. Políglota y cosmopolita de origen y vocación, Rodrigo de Zayas decidió quedarse en Sevilla en los años 60 y cumplir así con un viejo mandato familiar. A él, fundador del Taller Ziryab, se debe una parte de la recuperación del impresionante patrimonio musical sevillano renacentista, así como la afición a la música antigua que hoy en día existe en la ciudad. Como escritor e investigador histórico, ha escrito novelas y ensayos sobre la expulsión de los moriscos (reivindica con orgullo el origen árabe del apellido Zayas), el sabio herético murciano Ibn Arabi o en defensa de la tauromaquia, de la que, junto a su mujer, es un gran admirador.

-Usted es una persona cosmopolita que ha vivido en grandes ciudades como París, Nueva York, Damasco... ¿Por qué decidió instalarse en Sevilla?

-Por mis orígenes. Mi familia paterna se asentó en Écija en el siglo XV, por lo que nuestra raigambre sevillana es muy antigua. Uno de estos Zayas se vino a vivir a Sevilla y a finales del siglo XVIII se fue a Santiago de Cuba. Después, un bisabuelo nacido en 1810, que era periodista y al que familiarmente llamamos Papá Zayas, se permitió criticar a Fernando VII y le condenaron a muerte y tuvo que escaparse con su mujer cubana a Veracruz (México), donde nacieron mi abuelo y mi padre, Marius de Zayas, quien quería cerrar el ciclo del exilio y que yo naciese en España, en Madrid.

-Estaba usted cumpliendo un imperativo de la sangre...

-Además, mi madre, Virginia Randolph Harrison, que era norteamericana, tenía mucho interés por el flamenco y se asentó en Sevilla para estudiarlo con el asesoramiento de Manuel Gómez Vélez, conocido como Manolo de Huelva, del que yo he podido publicar recientemente unas grabaciones de muy mala calidad, porque estaban hechas con cintas abiertas a carrete, pero que se han podido mejorar muchísimo gracias a las técnicas modernas. Las grabaciones las realizaron mis padres entre 1938 y 1966 y ahora ocupan seis cd.

-Dicen que su madre era descendiente de Jefferson.

-Sí, pertenecía a la familia de Jefferson. Además, su abuelo había sido secretario personal del presidente de los Estados Confederados, por lo que una buena parte de su familia quedó aniquilada tras la Guerra Civil americana, que produjo 638.000 víctimas...

-Era del bando de los rebeldes, por entendernos...

-Toda mi familia escogió el bando de Virginia... Dicen que la guerra era contra la esclavitud, pero da la casualidad de que mi familia era abolicionista. No lucharon por defender la esclavitud.

-Recientemente ha existido una polémica en EEUU por la retirada de la estatua del general Lee y otros símbolos sudistas... Algo parecido a lo que está pasando en España con la retirada de los símbolos de la época de Franco.

-No me defino franquista ni mucho menos, pero destruir el Valle de los Caídos y sacar a Franco me parece una estupidez... Y quitar la estatua de Lee, que no poseía esclavos y cuya estrategia todavía se estudia en West Point, es otra... Eso del aniquilamiento total del adversario, hasta más allá de la muerte...

"Crecí en medio del flamenco, con Ramón Montoya, Manolo de Huelva, Concha Piquer..."

-Usted fue una persona de izquierdas que militó en una formación marginal, el Partido Obrero Socialista Internacionalista.

-Sigo militando, no me he dado de baja, aunque no desarrollo ninguna actividad política.

-Perdone la simpleza, pero no tiene usted mucha pinta de obrero.

-No, pero sí tengo simpatía hacia las víctimas de las injusticias.

-También es un devoto del Gran Poder, hermandad con la que ha salido numerosas veces como penitente.

-Sí, eso en España se entiende, porque aquí se asimilan mejor las contradicciones, pero en Francia, que son muy cartesianos, me decían que no era lógico que yo fuese marxista y del Gran Poder. Como todas las personas, soy complejo. Tengo muchos amigos y familiares que son abiertamente franquistas...

-De todas las ciudades en las que ha vivido, me ha llamado mucho la atención Damasco.

-Yo me encontraba muy incómodo en la América de McCarthy. No era más que un estudiante de secundaria y ya tenía problemas. Fui a visitar a unos familiares que tenía en Damasco y me quedé allí, donde me casé con mi primera mujer, una siria cristiana, con la que tuve una hija que desgraciadamente ha fallecido. Quería mucho a Damasco, una ciudad extraordinaria con muy buena convivencia entre todas las religiones. La familia al-Asad lo cambió todo.

-¿Por qué?

-Porque venían del norte, de una región que tradicionalmente había surtido de esclavos a los damasquinos. Tenían un inmenso rencor.

"Ningún escolar puede ignorar a Velázquez o Murillo, pero sí a músicos como Francisco Guerrero"

-Le tiene que resultar especialmente doloroso lo que está ocurriendo allí.

-Sí, tengo hasta bisnietos que han acabado abandonado el país. Los sirios guardan una memoria brumosa y mitificada de lo que fue Al-Andalus. Una vez, cuando yo vivía allí, quise pasar en coche la frontera con Turquía. Tenía un problema, porque los números de mis neumáticos, que los acababa de cambiar, no coincidían con los de los papeles. Un joven oficial se empezó a poner muy quisquilloso con el asunto hasta que vio mi pasaporte y me preguntó si era español y andaluz. Yo asentí y, entonces, él me dijo que sus antepasados eran de Granada, me abrazó, me invitó a tomar café. Me dijo que entre hermanos no se hablaba de neumáticos.

-Sus dos grandes dedicaciones han sido la música y la escritura. Empecemos por la primera. ¿De dónde le viene la vocación?

-Fue desde antes de nacer. Cuentan mis padres que cuando Ramón Montoya tocaba la guitarra yo bailaba dentro del vientre de mi madre. Crecí en medio del flamenco, con Montoya, Manolo de Huelva, Concha Piquer... Gente que pasaba por la casa de mi padre en Francia y a la que mi padre ayudó.

-Su padre también era artista...

-Era pintor y caricaturista. Tuvo una galería en Nueva York y fue el primero que organizó una exposición de Picasso en esta ciudad.

Un momento de la entrevista Un momento de la entrevista

Un momento de la entrevista

-Como músico, fue usted fundador en los años 80 del Taller Ziryab, una iniciativa fundamental en la recuperación del rico y desconocido patrimonio musical sevillano.

-El momento culminante de la música española se localizó en Sevilla, cuando la ciudad era un gran centro comercial y financiero debido al descubrimiento de América. Estamos hablando de músicos de primer nivel como Cristóbal de Morales, Francisco Guerrero, Juan Navarro, Francisco de la Torre, Juan de Triana. Este último fue el que inventó el arte de la ensalada, que es que varias canciones se puedan cantar al mismo tiempo reconociéndose a cada una de ellas. Es como la Catedral de Sevilla, otra ensalada: el alminar de la mezquita almohade, el templo cristiano...

-Estamos hablando de la gran polifonía renacentista.

-Sí, pero la escuela sevillana comenzó a imponerse ya con los Reyes Católicos. Estos monarcas fueron los primeros que tuvieron la idea de unificar España, pero no sólo desde un punto de vista geopolítico, sino desde la estética, la lengua, la música...

-El Taller Ziryab hizo mucho por divulgar la obra de esas figuras, pero todavía siguen siendo desconocidas para el gran público sevillano, algo que no pasa, por ejemplo, con la pintura.

-Es una cuestión de educación en la escuela. Ningún escolar puede ignorar a Velázquez o Murillo, pero sí a Francisco Guerrero.

"En España hubo un racismo de Estado. No se atacaba las creencias de una persona, sino su sangre"

-En la difusión del género en la ciudad ha tenido mucha importancia el Festival de Música Antigua.

-Yo fui el fundador del festival por encargo de Manuel del Valle, por entonces alcalde. Pero me desvinculé rápidamente para dejar sitio a otras personas.

-Pese a su gran afición, ¿nunca se ha dedicado al flamenco?

-Nunca y gracias a eso Manolo de Huelva me enseñó todas sus falsetas. Él tenía un miedo casi paranoico a que alguien le robase sus falsetas y luego se las atribuyese. Conmigo no temía.

-El taller lo fundó en el 81 y lo disolvió en el 92. ¿Por qué?

-Porque quería dedicarme a escribir. Le dije a mis compañeros que el 31 de diciembre de 1992 dejaría de ser músico y así hice. Mucho de los que componían el Taller Ziryab han seguido en la música, como Ventura Rico, miembro muy destacado de la Orquesta Barroca de Sevilla.

-Entremos, pues, en su faceta de escritor desde el 1 de enero de 1993. Muchas de sus obras han estado centradas en la investigación histórica. Tiene fama de que aquí, en su casa, conserva una curiosa colección de documentos históricos.

-Una parte son heredados y otra adquiridos por mí. Particularmente interesante es una colección de documentos de las épocas de Carlos I, Felipe II y Felipe III, que pertenecieron a Lord Holland y que se refieren a la formación de un racismo de Estado en España. Es racismo porque lo que se ataca no es la creencia de una persona determinada, sino a sus antepasados. La sangre de judío o moro se consideraba sucia y sospechosa...

-Estamos hablando de los estatutos de limpieza de sangre, algo que fue una obsesión durante la España del Siglo de Oro. No deja de tener algo freudiano, de odio a sí mismo de los españoles... ¿Por qué un país donde el mestizaje es tan evidente desarrolla toda una legislación para perseguirla?

-Lo curioso es que los certificados de limpieza de sangre se conseguían con dinero, algo muy español. Mi apellido Zayas es de claro origen árabe. También por Enríquez tengo sangre judía. Sin embargo hay documentos que certificaban su limpieza de sangre... Si no, ¿cómo Gabriel de Zayas hubiese llegado a ser secretario de Estado de Felipe II?

"Los jenízaros fueron los que enseñaron a los moriscos de las Alpujarras a disparar con el arcabuz"

-Todo se montaba sobre una enorme falsedad...

-La limpieza de sangre es un mito, es imposible. Los españoles son una suma de razas.

-A esto se deben en parte los prejuicios con los que, a veces, se nos mira desde Europa del norte. El famoso non placet hispania de Erasmo -considerado hoy como un santón intocable en la genealogía de la construcción de Europa- se debe a la mucha sangre judía que había en España, algo que repugnaba al autor de Elogio de la locura.

-Sí, los ingleses creían que nunca podríamos ser buenos músicos debido a nuestra sangre mora. Salvaban a Cristóbal de Morales porque decían que imitaba a los francoflamencos. A la leyenda negra se respondió con otra rosa, y las dos son falsas. La realidad española es muy compleja.

-Usted ha dedicado uno de sus libros a la expulsión de los moriscos con Felipe III. Normalmente se conoce mucho la expulsión de los judíos por los Reyes Católicos, pero no la de los moriscos. ¿Por qué?

-Porque los judíos tienen mucho peso e influencia en los medios internacionales europeos y americanos, algo que no tienen los musulmanes. Hubo gente, como el cardenal Niño de Guevara, el que pintó El Greco y fue arzobispo de Sevilla, que llegó incluso a aconsejar a Felipe III que eliminase físicamente a los moriscos. Los únicos que se opusieron a la expulsión fueron los jesuitas, entre otras cosas porque Juan Alfonso de Polanco, secretario y uno de los consejeros más cercanos de San Ignacio de Loyola, era de sangre morisca.

-¿Fue un error político echar a los moriscos?

-Político no creo, porque las dos comunidades ya habían llegado a un alto grado de enemistad. Los moriscos miraban al mundo musulmán y, en especial, al imperio otomano, mientras que los cristianos ponían su vista en Europa del norte.

-Pesaría mucho la experiencia de la Guerra de las Alpujarras, en la que los moriscos pusieron en un grave aprieto a la corona.

-Sí, el apoyo de los turcos fue importante y mandaron a asesores jenízaros para que enseñasen a los moriscos a disparar con el arcabuz.

-Es decir, que había una lógica política en la decisión.

-Sí, pero no moral ni económica. En este segundo aspecto la decisión fue muy desafortunada, ya que los moriscos trabajaban las tierras de regadío, las que producían más, especialmente en el Levante. La gran nobleza, a la que pertenecían los grandes propietarios también, se opuso a la expulsión. De hecho, Felipe II, que por algo era llamado el rey prudente, nunca la acometió. Cuando se la pedían respondía con técnicas dilatorias clásicas, como crear una comisión para estudiar el asunto... El pobrecito de Felipe III no pudo superar la presión del Duque de Lerma.

-Lerma, quizás el hombre más corrupto de la historia de España.

-Sí, su corrupción llegó hasta niveles insospechados. Pero no era ningún tonto y su política en Flandes, por ejemplo, fue muy inteligente, evitando una guerra con Holanda que sabía que habría sido imposible de ganar, entre otras cosas porque el dinero de la corona estaba en su bolsillo.

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