pedro M. Piñero. Profesor emérito de la Universidad de sevilla

"El romancero vive esencialmente en la memoria de las mujeres"

  • Gracias a su labor se han recopilado centenares de romances cantados en Andalucía que estaban a punto de desaparecer

  • Es codirector de la obra completa de Mateo Alemán

Pedro M. Piñero, en su domicilio de Sevilla, durante un momento de la entrevista. Pedro M. Piñero, en su domicilio de Sevilla, durante un momento de la entrevista.

Pedro M. Piñero, en su domicilio de Sevilla, durante un momento de la entrevista. / fotoS: juan carlos vázquez

Pedro M. Piñero (Madrid, 1941) ha sido uno de los grandes maestros la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla. Siguiendo la senda que en su día abrió don Ramón Menéndez Pidal, este profesor emérito ha recorrido buena parte de la Andalucía Occidental recogiendo los viejos romances que aún se cantan en el mundo rural, canciones que en muchos casos provienen de la Edad Media, pero que la globalización y la desaparición del estilo de vida antiguo están condenando a muerte. Fruto de esta ingente tarea son los tomos del 'Romancero General de Andalucía' dedicados a Cádiz, Huelva y Sevilla, entre otros estudios sobre este género tradicional, oral y popular. Actualmente está realizando un gran estudio sobre los romances fronterizos. Pero su carrera como filólogo va más allá y también ha tocado otros temas y autores, como Santa Teresa, Mateo Alemán, Cervantes o la lírica popular. De hecho, fue el codirector, junto a la profesora alemana Niemeyer, de la obra completa de Mateo Alemán, el autor que, según su opinión, mostró el camino a seguir a Cervantes con la utilización del lenguaje cotidiano en la obra literaria. Discípulo de Francisco López Estrada, colabora estrechamente desde los años ochenta con la universidad alemana de Colonia.

-Ramón Menéndez Pidal y su mujer, María Goyri, hicieron su viaje de novios a lomos de mula, rastreando los antiguos romanceros de Castilla la Vieja.

-En ese viaje, Menéndez Pidal quiso seguir la senda del Cid Campeador. Lo que pasó fue que, en Osma, se encontró con una señora lavando en el río que le cantó El romance de la muerte del príncipe don Juan, el hijo de los Reyes Católicos. Aquello potenció enormemente su interés por el romancero.

-Eso de ser cazador de romances tiene algo de aventura intelectual y vital: el viaje en su sentido más auténtico (aunque sea al pueblo de al lado), el contacto con personas que atesoran tradiciones y saberes a punto de perderse...

-Creo que lleva razón. En mi caso ha pasado algo parecido. Yo era un hombre de investigación sedentaria y, cuando empecé a estudiar el romancero, me di cuenta de que era una experiencia extraordinaria, sobre todo por el contacto con la gente que canta, que realmente no conoce el valor patrimonial de unas canciones que vienen, en muchos casos, de la Edad Media. Yo he visto a alumnos de la Universidad de Colonia, institución con la que tengo una larga y fecunda relación, maravillados ante el contacto con una literatura popular que estaba viva. Es muy gratificante decirle a una señora de un pueblo que lo que está cantando ya se cantaba a finales del siglo XV o el XVI.

-¿Romance castellano o español?

-El romancero castellano, catalán y portugués es el mismo. Suelen ser las mismas canciones en los distintos idiomas peninsulares.

-¿Cuándo surgen los romances?

-Hay muchas teorías. Yo creo que nacen pasada la época de los grandes cantes épicos, como el Mio Cid, que eran largos y necesitaban todo un día para que los juglares los cantasen enteros ante un público reducido en una plaza. Poco a poco algunas pequeñas historias de estos poemas épicos se independizaron, dando lugar al romancero. A finales del siglo XIII y durante el XIV el romance comienza a ser un arma de propaganda de los señores y del rey. Fíjese que han desaparecido algunos romances que eran negativos para determinados miembros de la nobleza y la monarquía y, sin embargo, se han mantenido otros que les eran favorables. Un caso muy claro es el de Don Pedro I. Se conservan algunos romances contra su figura, mientras que los que lo alababan se han perdido, pese a que sabemos que existieron. ¿Por qué? Porque los Trastámara se encargaron de eliminar los romances que eran el aval de que Pedro I era realmente el heredero de Alfonso XI.

"Es muy gratificante decirle a una señora de un pueblo que lo que está cantando proviene de finales del siglo XV"

-En torno a la literatura oral siempre está el debate de la autoría. ¿Detrás de los romances hay un autor individual o responden a una elaboración colectiva?

-No creo que exista un pueblo abstracto que sea capaz de escribir un romance. Más bien pienso que detrás de estas canciones siempre hay un autor desconocido. Lo que ocurre es que éste utiliza un sistema lingüístico que pertenece a la mayoría y, por lo tanto, como suele pasar con muchos textos medievales, la voz del pueblo habla a través de él. Esto se debe a que el autor conoce los intereses, las preocupaciones, lo que le llama la atención al pueblo... Una vez que el común recibe un romance entra en juego lo que nosotros llamamos la permanencia a través de la tradición. El que canta el romance lo va adaptando a su tiempo y, por tanto, garantiza su vigencia.

-¿Podría poner algún ejemplo?

-Acabamos de publicar un libro sobre El romance del caballero al que la muerte aguardaba en Sevilla, que versa sobre el asesinato de don Fadrique, el hermano de don Pedro I. ¿Cómo es posible que este romance, que cuenta una historia del siglo XIV y que apareció impreso a mediados del XVI, haya permanecido en la tradición y se siga cantando en el norte de España? Precisamente porque puede ir cambiando con los tiempos. No cambia el tema, ni el contenido, pero sí las fórmulas de la lengua.

Pedro M. Piñero Pedro M. Piñero

Pedro M. Piñero

-Cuando yo era niño, todavía llegué a escuchar algunos romances en Canarias, que eran entonados por mujeres del servicio doméstico. Sin embargo, ya cuesta escuchar estas canciones. ¿Se está perdiendo este caudal de tradición y cultura oral?

-El romancero se ha extinguido prácticamente ya en algunos sitios. Esto se debe a los profundos cambios sociales de los últimos tiempos. En este proceso ha sido importante la desaparición de los grupos de braceros, de los arrieros, de los talleres de costura y bordado, del trasiego de las planchadoras que ejercían su oficio de casa en casa portando sus canciones antiguas, de los lavaderos a donde acudían las mujeres a limpiar la ropa... La gente se entretenía cantando, porque no existía ni la televisión, ni otros modos de pasar el tiempo. Ahora, el hombre que va en el coche sólo no se entretiene cantando, sino escuchando la radio... Esto ha hecho que desaparezca todo este patrimonio de la canción romancística. Muchas de las canciones de hoy están globalizadas. Lo que se canta en Sevilla es lo mismo que en Australia.

"El romancero se ha extinguido ya en muchos sitios. Hoy, las canciones están globalizadas"

-¿Cuáles son los principales temas que perviven en el romancero que aún se canta?

-El romancero del sur ha ido reduciendo enormemente sus temas, de manera que prácticamente quedan dos: los sociales -aquéllos que se refieren a la vida del hombre- y los religiosos. Los romances históricos han desaparecido, algo que no ha ocurrido en el centro y el norte, donde se mantienen muchas más canciones.

-Su ámbito de trabajo en busca de viejos romances ha sido Sevilla...

-No sólo Sevilla, pero fundamentalmente.

-¿Hay algo que particulariza a los romances sevillanos ?

-No, el grupo de investigación que dirijo hemos empezado a publicar el Romancero General de Andalucía. Ya han aparecido el de Cádiz, el de Huelva y el de Sevilla. Otros investigadores que han sido alumnos míos están haciendo el de Jaén y Córdoba. Pero yo ya me siento un poco mayor y cansado... Sevilla tiene 104 pueblos.

-¿Cómo debe ser el buen recopilador de romances?

-Primero hay que tener mucha paciencia, buena memoria y saber cantar. Los grupos suelen estar formados por tres personas: uno graba, otro pregunta y el tercero -que es el que tiene cierta facilidad para cantar- hace que la señora cante y recuerde. Íbamos a las zonas de los pueblos donde las mujeres se reunían -a las tiendas, por ejemplo- y les preguntábamos: "Señora, ¿recuerda esta canción?" (ellas las llaman así, no romances). Entonces empezaban a rememorar cuando la cantaban de niñas, o cuando se la escuchaban a su abuela... Normalmente estaban muy dispuestas a cantar, incluso llamaban a sus amigas... Para empezar, muchas veces les indicábamos los versos iniciales de un romance con el fin de estimular su recuerdo, pero solían corregirlos, decirnos que la canción no era exactamente así, de manera que volvían siempre a su propia versión, a su tradición, aunque nosotros quisiéramos llevarla por otro camino. En Sevilla la gente suele estar dispuesta a cantar, sobre todo las mujeres...

-¿Los hombres no?

-Son mucho más reacios. Te suelen decir que lo suyo es el flamenco, no esas "canciones de la casa". Se reían cuando les decíamos que esas "canciones de la casa" tenían cuatrocientos o quinientos años de antigüedad. Aun así, es curioso, porque las tres o cuatro grandes grabaciones que he hecho a lo largo de mi vida, las más ricas desde el punto de vista literario, han sido con hombres.

"En Andalucía tenemos la suerte de que los romances han sido también cantados por los flamencos"

-¿Y qué pueblos sevillanos le han llamado más la atención?

-Alcalá de Guadaíra tiene un romancero muy rico, en la Sierra Norte también he encontrado muy buenos romancistas... Pero todo el romancero que se encuentra en Andalucía es el mismo, no suelen encontrarse novedades muy significativas al cambiar de pueblo o zona geográfica. Siempre son distintas versiones de los mismos temas.

-Háblenos más de los romances de tipo social.

-Como decíamos, el romancero vive esencialmente en la memoria de las mujeres. La mujer no es sólo la que mantiene esa tradición, sino que también es su eje temático. Ahí tenemos por ejemplo el tema de la malcasada, o el de la relación entre la nuera y la suegra.

-Terrible asunto.

-Sí, siempre son muy trágicos. Otro gran tema es el de la mujer que espera a su marido que viene de la guerra. Es precisamente por este protagonismo de la mujer, por lo que en Andalucía apenas encontramos temas históricos o heroicos, donde el protagonista suele ser el hombre.

-¿Y hay iniciativas para evitar que desaparezca esta tradición?

-Es muy complicado. En Andalucía tenemos la ventaja de que los romances también han sido cantados por los flamencos. Antonio Mairena fue un gran romancista, conocía muchos, los difundía e, incluso, los inventaba. Juan el Lebrijano y su madre también cantaban romances.

"Mateo Alemán, que había escrito las reglas del Silencio, murió en la angustia de la duda religiosa"

-Además de los romances está la lírica popular, pequeñas canciones que también son un tesoro antropológico.

-Parte fundamental de mi trabajo en la lírica popular se encuentra en mi libro La niña y el mar. Formas, temas y motivos en el cancionero popular hispánico. Lo elaboré con textos recogidos en Arcos de la Frontera entre los años 82 y 83. El mar es un mundo lleno de referencias amorosas, líricas... la ida del amado, su regreso, su búsqueda... La literatura popular está llena de mar. Sobre la niña que espera a su amado mirando al mar hay muchas canciones.

-Dígame una.

-"En el mar hay una torre/, y en la torre una ventana,/ y en la ventana una niña/ que con los marinos habla". Esta canción recoge elementos de la tradición antigua, incluso de la tradición universal que se mantienen en la lírica popular. Por eso se suelen cantar, porque están llenas de un misterio que la tradición folclórica ha ido solucionando poco a poco.

-Otro temas son las nanas. En las guarderías no se cantan.

-Fue un género que se cantó muchísimo y dejó una gran literatura popular, Lorca actualizó algunas bellísimas.

-Dejemos el tema del romancero. Antes de acabar esta entrevista me gustaría preguntarle sobre sus investigaciones sobre la literatura culta clásica. Me llama la atención un libro suyo sobre Santa Teresa en Sevilla. Dicen que no le fue muy bien por estas tierras.

-Sí, de hecho titulé el libro como La Sevilla imposible de Santa Teresa. Aquí lo pasó fatal y escribió que el calor le producía tentaciones. Era una mujer muy especial. Vino a fundar uno de sus conventos y se encontró con dos obstáculos fundamentales: el primero era la oposición de los otros conventos, que no querían en Sevilla una nueva orden pidiendo limosna. El segundo fue la Inquisición, ya que Teresa provenía de una familia de judíos conversos y había una investigación al respecto. Sus hermanos tuvieron que irse a América. Por más que Teresa era una mujer muy entera aquel problema le hizo la vida imposible, lo cual plasmó en las cartas que escribía casi todos los días. Sus cartas sevillanas están llenas de incomodidades. Decía que Sevilla era imposible, que no podía vivir aquí, que estaba sofocada por el calor y el demonio.

-Una de sus grandes aportaciones a la filología ha sido la edición, junto a la profesora Niemeyer, de la Obra completa de Mateo Alemán.

-Mateo Alemán es el autor de una gran obra como El Guzmán de Alfarache, novela sin la que, probablemente, no tendríamos el Quijote. Fue el primero que escribió una obra con el lenguaje diario y eso lo captó Cervantes, que evidentemente fue un autor muy superior. Además, Mateo Alemán escribió una obra que apenas se conoce, La vida de san Antonio de Padua, en la que vuelca toda su experiencia religiosa. Mateo Alemán intentó ser muy creyente. ¿Lo consiguió? Yo creo que no. Sus últimos textos, sobre todo los que escribe en México, son impresionantes, porque hablan de cómo él entiende la religión y la presencia de Dios en el hombre. Parece que al final de su vida dice: "Esto no tiene arreglo, yo no acabo de creer". Y él, que había escrito las reglas de la hermandad del Silencio, que se había intentado buscar un hueco en Sevilla a través de las cofradías -algo que todavía se lleva-, muere en la angustia de la duda religiosa.

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