CAMPIÑAS DE JAÉN

Baeza, nido real de gavilanes

  • Distintas culturas han dejado su huella en la ciudad jiennense a través de monumentos y episodios históricos

Sólo ocho kilómetros separan Úbeda y Baeza, dos hermanas emplazadas en medio de la comarca de la Loma y rodeadas por los valles del Guadalquivir y del Guadalimar. Dos urbes jiennenses donde el nombre de una alude a la otra. Los campos de olivos y cereales destacan en su paisaje y, al sur, las montañas del Parque Natural de Sierra de Mágina.

Numerosas culturas han dejado su huella en Baeza; la ibérica, romana, visigoda, musulmana. Durante el período musulmán, Bayyasa (Baeza) fue capital de un extenso distrito que llegaba desde el Guadalquivir hasta Sierra Morena, siendo la ciudad más importante de la circunscripción de Jaén. Así, el romancero castellano la llamó Nido Real de Gavilanes, pues fue un punto clave durante la conquista de Al-Ándalus por parte de los reyes cristianos. Atalayada sobre el Guadalquivir, su posesión aseguró la espada de Castilla y la amenaza para los reinos musulmanes ubicados en la ribera izquierda del río.

La ciudad, junto a Úbeda, fue declarada en julio de 2003 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, consagrando de este modo su legado monumental.

El Palacio de Jabalquinto, la Catedral, la antigua Universidad y la Fuente de Santa María y la de los Leones, custodiada por la estatua de la princesa íbera Himilce, la esposa de Aníbal, son algunos de sus encantos arquitectónicos. La plaza porticada del Mercado Viejo es desde el siglo XVI el centro neurálgico de la ciudad y aún se conservan los nombres de las antiguas agrupaciones gremiales. En su interior se celebraban las diferentes fiestas gastronómicas y populares que eran contempladas por los personajes notables desde el Balcón del Concejo, edificio barroco de principios del siglo XVIII.

Durante siete años, el poeta Antonio Machado cruzó en incontables ocasiones el Arco de Barbudo para entrar en la antigua Universidad, donde trabajaba como profesor de gramática francesa. A pesar de haberse marchado en 1919, aún se conserva la casa donde vivió, en el pasaje del Cardenal Benavides. Dicha Universidad funcionó durante tres siglos hasta que en 1824 pasó a ser el Colegio de Humanidades y en 1875 sede del nuevo instituto de Bachillerato. En su fachada pueden verse los escudos del canónigo Fernández de Córdoba. Como curiosidad, el número de borlas que adornan el escudo es mayor al que le corresponde en realidad, ya que a mayor dignidad, mayor número de borlas.

Es posible realizar otras excursiones donde, además de los paisajes naturales, predominan los monumentos arquitectónicos. Villacarillo, Sabiote y Canena, a 32, 9 y 10 kilómetros al noroeste de Úbeda , son algunos ejemplos.

El arte y la historia se dejan ver en las calles de una ciudad con remotos orígenes. Biatia, Bayyasa y Baeça, distintos nombres que aluden a un mismo lugar: el nido real de gavilanes.

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