EN LA RETINA

Córdoba, a la escala del hombre

  • La ciudad busca la medida para ser del siglo XXI sin perder sus referentes de siempre. Ya se anuncia mayo, el mes en el que el extenso casco histórico se muestra en toda intensidad de sensaciones

Bromean los cordobeses sobre el hecho de que el cementerio se llame de La Salud, la sede la ONCE esté en la plaza de Vista Alegre y el centro para la rehabilitación de alcohólicos en Los Olivos Borrachos. Así es Córdoba, contradicción pura. La ciudad, los ciudadanos, suele querer una cosa y su contraria, pero en su fuero interno se gusta tal y como está. Senequismo, se llama a esa ideología propia del cordobés, que no es sino la capacidad de disfrutar de un lugar hecho a la escala del hombre y de no estar contento nunca con lo que ya tiene.

Córdoba ha encontrado un leit motiv para su objetivos de futuro. Quiere ser capital cultural europea en 2016, en competencia –entre otras ciudades– con Málaga, el lugar donde todos los cordobeses se quieren mudar cuando llega el verano o la jubilación. Y es que esta ciudad se despereza. Lentamente, como corresponde a quien tiene más de 2.000 años de vida, para intentar ser de su siglo sin perder la noción de lo que ha sido siempre. Con excesos, incapaz de andar al paso correcto e inconformista. Calculando cada peldaño de escalera que quiere subir como si fuese a dejarse los jirones de su gruesa piel en el esfuerzo. A la sombra de una imponente Mezquita que obliga a entrar para ver, que lo guarda todo para sus adentros.

Ya se anuncia mayo, que es el mes donde despuntan las tradiciones más arraigadas, las nociones básicas de lo que en Córdoba se debe experimentar. La vida en torno al patio fresco, la calleja perfumada, el medio de vino y la conversación a media voz. Llega esa época del año donde la Córdoba de siempre, la atávica, se muestra en toda su potencia de colores y sensaciones. Esas pequeñas cosas que merece la pena vivir en primera persona del singular.

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