SERVICIOS DE PREVENCIÓN Y EXTINCIÓN DE INCENDIOS

Cosas de bomberos

  • Una semana después del fuego de Écija, varios profesionales relatan cómo la vocación es insuficiente para salvar carencias. Los sindicatos piden formación y recursos. La situación actual es una foto deformada que evidencia la necesidad de una red unificada de parques, muchos al arbitrio de los ayuntamientos

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A Luis González se le puso el vello de punta cuando el pasado lunes, mientras veía la televisión durante su turno de guardia en el parque central de bomberos de Córdoba, reconoció al conductor del camión que estaba siendo apedreado por un grupo enfurecido de vecinos de Écija. Tardó un segundo en marcar su teléfono y enviarle un mensaje de apoyo: “Estamos contigo, ánimo, esto nos puede pasar a todos”. No es una frase hecha, un cliché solidario. Las situaciones de tensión están grabadas en la memoria de muchos bomberos andaluces. “A veces la gente no entiende por qué has tardado en llegar o por qué no vienen contigo más bomberos, son cosas que no podemos explicar porque no tienen justificación”, afirma este cordobés que, en 16 años de servicio, ha tenido alguna vez que salir protegido del camión para evitar agresiones.

Pero los bomberos andaluces sí saben dónde está el origen del fuego. Hace años que dieron la voz de alarma, se han movilizado durante meses, pero no consiguen sofocar las llamas. Para ellos, el trágico suceso de Écija, donde fallecieron los seis miembros de una familia, poco o nada tiene que ver con sus reivindicaciones, pero admiten que ha caldeado el ambiente y ha transformado la fotografía del Cuerpo en un triste negativo. “En esta profesión hay veces que te convierten en un héroe sin serlo, pero también al revés”, apunta Luis González.

Una semana después de la tragedia sevillana, sin entrar en el caso que todavía se investiga, varios profesionales de estos servicios relatan para RdA cómo es su día a día, con sus carencias y  sus satisfacciones. Sus testimonios encienden las sirenas.

A veces la vocación basta para superar los obstáculos “porque no hay otra cosa”, explica Francisco Martín Bernabé, bombero del parque comarcal de Almonte, en Huelva, y afiliado a CSIF. A pesar de que recuerda cada una de las caras de las personas a las que socorre, intenta desconcectar después de cada servicio, con profesionalidad, con la misma que se las ingenia para atender,  sólo con la ayuda de otro compañero, a toda la zona del Condado y Doñana, con municipios como Matalascañas que, en verano, multiplican su población.  “En la capital están mejor, pero en la provincia la situación es muy deficiente en cuanto a personal y medios, los turnos suelen ser de dos bomberos”, comenta este profesional que sacó sus oposiciones y no ha dejado de interesarse por incrementar su formación.

En los parques andaluces coincide un perfil de bombero vocacional que ronda los treinta y tantos, que opositó hace ya más de 10 años, se muestra comprometido en la defensa de los intereses del servicio y se afilian para ello a sindicatos. Muchos han  acampado cuarenta días en Huelva y otros, a base de protestas, a cual más creativa, han arrancado mejoras para algunos parques.   Rolando Naranjo es uno de ellos.  Algunos vecinos le reconocen cuando acude a algún servicio: “Tú eres de los que se colgaron del puente del Aljarafe”. La popularidad no sólo viene dada por la protesta, sino por la profesionalidad. El parque de Mairena del Aljarafe es el segundo mejor dotado después de Sevilla capital. “Hemos conseguido que los turnos sean de seis bomberos, un concepto distinto de parque en la provincia al que se asemejan también Dos Hermanas y Alcalá de Guadaíra”, comenta Naranjo, que lamenta la existencia de “bomberos profesionales con dedicación no exclusiva, término con el que se denominan  a veces a los voluntarios”. Esta figura, presente sobre todo en la provincia de Sevilla, se ha erradicado en provincias como Huelva y se refiere a bomberos que no han accedido al puesto a través de oposiciones, sino que han sido contratados por el ayuntamiento y no tienen cualificación.

Cada provincia y cada parque es un mundo. David Aivar, bombero en Granada y con una larga experiencia, conoce muy bien la realidad en Andalucía y lucha desde el CSIF. “¿Qué casa arde antes una en Loja o una en Cádiz capital?”, se pregunta. No hay truco. La respuesta no tiene que ver con el material de la vivienda, ni con el contenido que albergue, sino con la respuesta del servicio de extinción. “Dos bomberos en el municipio granadino, por buenos que sean, no pueden ganar la partida al retén gaditano, seguro, de más de ocho”, argumenta indignado, “porque todos pagan los mismos impuestos”.

El mapa de los servicios de extinción de incendios está deformado. De entrada, el marco administrativo actual no define con precisión qué es un parque de bomberos. Ello favorece que en algunos municipios se pueda funcionar con una agrupación de Protección Civil y un camión. “Ocurre en municipios de la Mancomunidad del Aljarafe y qué hacemos”, comenta  Naranjo.

La gestión de los parques es diversa. La provincia de Cádiz parece ir un paso por delante del resto de Andalucía. Allí funciona un consorcio provincial que agrupa a 20 parques operativos repartidos de tal forma que cualquier núcleo urbano está situado a una distancia del mismo no mayor de 12 minutos. En la actualidad hay 6 parques en construcción. También hay un consorcio en Córdoba, con nueve parques con 172 efectivos que no pueden evitar que haya municipios que están a más de media hora de un parque, según confirma Rafael Castro, bombero en Palma del Río y que lucha desde el sindicato CCOO para mejorar las condiciones de trabajo. “La geografía no es perfecta y, a veces, llegar al lugar no es tan fácil, no se pueden medir sólo los kilómetros”, advierte. En la capital hay dos parques operativos y un tercero en proyecto, “pero lo que hace falta es que los doten de material, sólo tenemos en el central una autoescala con una cesta que es un peligro y en el nuevo, en el Granadal, hay una escala pequeña, que no sirve para cuartos pisos”, denuncia Luis González, del sindicato independiente y que, como otros compañeros, acumula más de cien horas extras.

En Málaga acaba de constituirse, tras mucha espera, otro consorcio de extinción de incendios que agrupa a 93 municipios y 3 entidades locales de la provincia y cuenta con 200 efectivos. Una simple operación matemática demuestra que tampoco son tantos para atender a una población de más de 625.000 habitantes. En Fuengirola, con 500 edificios de altura, faltan medios y la plantilla actual es similar a la de 1988. Ya existían otros consorcios comarcales en Málaga y también hay parques municipales, como el de Marbella.

En Granada la situación es mixta, con consorcios y parques que dependen de la diputación y otros de los ayuntamientos, “lo que crea ciudadanos de primera y segunda”, insiste David Aivar desde Loja, mientras recuerda cómo en Sierra Nevada llegó a montarse un pequeño parque con un retén y acabó abandonado por falta de voluntad política. “Hay ciudades donde gobierna el mismo partido y parece que sus prioridades son diferentes”, comenta.

Los parques de Jaén y de Almería parten con desventaja, aunque la situación comienza a arreglarse, según comentan los sindicatos, pues está prevista la creación de varios centros nuevos. También en Huelva la situación ha mejorado en los últimos tiempos y actualmente hay nueve parques comarcales dependientes de la Diputación, donde no se incluye el de la capital, mejor dotado. “Hay alcaldes que no comprenden la importancia de tener un parque en condiciones y también algunos jefes de servicio, que no son bomberos, y que vienen con una cultura diferente”, asegura Francisco Martín Bernabé, bombero de Almonte que recuerda una bronca enLepe por discrepancias sobre la oportunidad de desplegar un retén para rescatar un perro de un pozo.

Situaciones  caóticas que también experimentan los bomberos de la provincia de Sevilla, con 23 parques municipales, uno central en la Diputación y otro de la Mancomunidad del Aljarafe, sin contar con la capital donde el nivel es bastante más alto. “Alguien debería tomar cartas en el asunto y homogeneizar los servicios”, insiste Naranjo que advierte que la ratio de un bombero por cada mil habitantes que recomienda la Unión Europea no se cumple ni por asomo en Sevilla. En Andalucía, donde hay 2.500 efectivos trabajando debería haber 7.975, más del triple.

Según los sindicatos el problema es económico y por ello se centra en los pueblos pequeños, de menos de 20.000 habitantes, que reciben subvenciones para estos servicios. “Muchos ayuntamientos utilizan los parques como fuentes de ingresos: sacan lo máximo de la Diputación y luego invierten lo mínimo”, denuncia David Aivar.

Situaciones surrealistas. Cosas de bomberos. Una expresión coloquial que a  Luis González y a sus compañeros les gustaría que no fuera más allá de las bromas en las pachangas de fútbol en las horas de guardia y de otros buenos ratos, como los que proporciona el ya conocido como niño de los bomberos del parque central de Córdoba, un menor de 12 años que fue rescatado entre los escombros del edificio donde murieron sepultados sus padres. Durante sus visitas al parque se olvida todo lo demás.

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