El Renacimiento andaluz

Las estadísticas e informes económicos relativos a Andalucía, en los que siempre salimos malparados e inequívocamente en el penúltimo vagón de cola del tren español, invitan a pensar en la historia. Pronto se llega a la conclusión, no por lógica menos esperanzadora, de que no hay causas endémicas. Andalucía ha vivido dos épocas, al menos, en que se puede hablar de esplendor. La primera fue durante el Califato y la segunda cuando los ilustrados alcanzaron cierta hegemonía en la segunda mitad del XVIII. Ambos periodos tuvieron una cosa en común: la ciencia y la tecnología florecieron. Y ambos periodos terminaron frustrados, pero como del segundo casi podemos seguir sintiéndonos responsables, pensemos en el primero para no molestar ya que nos queda más lejos en el tiempo y sus causas nos son más ajenas.

En el siglo X, un territorio atomizado en señoríos independientes se transformó en un estado centralizado. Las leyes, los impuestos y el vasallaje se unificaron y el deseo de paz de las gentes señoreó las tierras del sur de Al Ándalus. La capital, Córdoba, se convirtió en la ciudad más importante del mundo. Datos aproximados, pero fiables, hablan de que por entonces la ciudad contaba con 250.000 habitantes en el año 935 y con 450.000 en el 1000.

En aquel ambiente próspero y bullicioso, bajo el gobierno del califa Alhakén II se organizó una biblioteca de casi medio millón de ejemplares. Entre otros saberes de oriente, se asumieron en un camino de ida y vuelta los postulados de la filosofía clásica griega y latina. Seguramente, el personaje cumbre de toda aquella intelectualidad fue Averroes, que destacó no sólo como filósofo sino también como médico, astrónomo y jurisconsulto. Hizo la reforma de la enseñanza, fue cadí de Córdoba y Sevilla y médico del sultán y de, nada menos, Almanzor. Averroes influyó decisivamente en la ciencia hebraica y en la escolástica cristiana. El judío Maimónides no le fue a la zaga, y en su obra Guía de perplejos, además de hablar de ángeles, profetas y milagros, diserta acertadamente de minerales, plantas, estrellas, libertad y entendimiento.

Bajo el mandato de Abderramán II se clasificaron más de 10.000 plantas medicinales y hubo grandes avances en matemáticas y astronomía. Aunque la primera de estas ciencias se desarrolló por motivos comerciales e impositivos, alcanzó una gran abstracción gracias al estudio de la obra de Al-Khuarizmi (el de la palabra algoritmo). A la astronomía empezó a darle cuerpo la necesidad de determinar las horas de las oraciones y el calendario (así como el almanaque, que significaba clima) para la agricultura. Si aquello hubiera proseguido, el Renacimiento se habría adelantado unos siglos.

Mil años nos separan de aquel esplendor libre de fanatismo y lo que nos toca hoy es dilucidar si el cultivo de la ciencia fue más causa que consecuencia. Si nos convencemos de lo primero, podremos avanzar apoyando decididamente la investigación científica y tecnológica. En cualquier caso, esto siempre nos reportará beneficios.

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