OPINIÓN: LA CALLE POR IGNACIO MARTÍNEZ

Se polariza la visión de los inmigrantes

LOS inmigrantes están aquí para quedarse, van a seguir siendo necesarios para el crecimiento de la economía y no están mal vistos en las zonas de Andalucía en las que mayor es su presencia. No son tres afirmaciones voluntaristas: están basadas en varios trabajos recientes. El último de la Fundación Empresa y Sociedad, que promueve la integración de personas desfavorecidas, como inmigrantes, mayores, discapacitados o jóvenes en riesgo. Forman parte de esta Fundación 250 empresas y entidades financieras. La conclusión principal del estudio es que España necesitará más de dos millones de nuevos inmigrantes laborales antes del año 2020. 

La escasa natalidad española obliga a importar mano de obra para seguir creciendo. Los nativos que cumplieron 16 años en 1991 fueron 664.000; han pasado a 369.000 en 2007. Los inmigrantes suponen ya el 10 % de la población del país. Y no son un peso muerto. El estudio citado dice que la mitad del crecimiento del PIB en los últimos cinco años se puede asignar al proceso de inmigración. Sólo en 2005 los inmi-grantes generaron un superávit de 5.000 millones de euros.  En paralelo, la tasa de paro de la población autóctona ha pasado del 24% en 1994 a 7 puntos en 2007.

Las tendencias demográficas no van a cambiar y el mercado laboral tampoco. Los autores del informe, entre los que está el andaluz Manuel Pimentel, ex ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, subrayan que la menor actividad del sector de la construcción no debe generar alarma social. Los inmigrantes que trabajan en este sector en España son 655.000. Los que se queden sin trabajo pueden acogerse al desempleo, y también hacer viviendas protegidas, obras públicas u otras actividades: este año se crearán 400.000 nuevos puestos de trabajo y el año próximo unos 200.000. Siempre se destruye empleo por un lado y se crea por otro, aunque con la crisis el saldo final será negativo. Precisamente la desaceleración económica propiciará un aumento de la productividad, y reducirá el efecto llamada de la inmigración ilegal. En definitivo estos expertos transmiten un discurso positivo.

Hay que subrayar que el informe ha sido patrocinado por un conjunto de empresas privadas: participan varias potentes cajas de ahorro, entre ellas la andaluza Cajasol, junto a La Caixa y Bancaja; bancos como BBVA, Santander o Popular y alguna de las más emblemáticas compañías españolas, como El Corte Inglés, Coca Cola o Iberia.

El segundo referente es una encuesta publicada hace dos semanas por la fundación catalana Jaume Bofill. La conclusión era que los cuatro millones de inmigrantes con papeles que hay en España no piensan irse. Estos inmigrantes tienen una visión del presente y del futuro más optimista que la de los autóctonos. Sólo desea volver a su país un 10% de los que llevan en Cataluña menos de cinco años, y un 2% de los que residen allí desde hace más de dos lustros. Supongo que el medio millón de residentes extranjeros en Andalucía tiene el mismo punto de vista.

Otra visión importante es la de los andaluces hacia los inmigrantes. El Instituto de Estudios Sociales Avanzados dirigido por el profesor Pérez Yruela publicó en 2006 un estudio sobre Opiniones y actitudes de los andaluces ante la inmigración en el que se deducía que son peor vistos los extranjeros itinerantes, sin radicación, que los asentados. Se les exige, en todo caso, respeto a la ley, buena educación y cumplir con el principio constitucional de la igualdad, en particular por el papel secundario de la mujer entre los musulmanes. En las zonas con más porcentaje de inmigrantes de Andalucía predomina el discurso funcionalista: son útiles para un 32%. Los desconfiados son un 31%: piensan que su presencia puede ser perjudicial para los autóctonos. Los solidarios representan el 20%: son optimistas sobre su papel en la sociedad. Los excluyentes, hostiles, son el 17%.

En la zonas en las que hay menos inmigrantes la percepción negativa es mayoritaria. En todo caso, hay una incipiente polarización de las opiniones sobre este asunto. Lo que no es objeción para convenir que los que están aquí difícilmente se marcharán.

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