Mil caras, siete vidas y un sueño

  • Setién se quita el "miedo" de un plumazo con un triunfo, el quinto seguido, que lo acerca a Europa

  • Los asistentes afinaron con la agudeza visual

Sergio León y Loren se abrazan en el festejo del tanto anotado por el marbellí. Sergio León y Loren se abrazan en el festejo del tanto anotado por el marbellí.

Sergio León y Loren se abrazan en el festejo del tanto anotado por el marbellí. / Robin Townsend / efe

Decía Quique Setién que ahora "sí tenía miedo de perder lo conseguido". El Betis aún no ha logrado nada, es cierto, pero el temor y los nervios propios de ver que se puede alcanzar algo inesperado, a priori, bajan tras ganar en Gerona, donde jugaba por primera vez en Primera División. Allí dio un paso más hacia el reto de volver a jugar una competición continental. El sueño está más cerca.

Un sueño que en su día se tornó en pesadilla cuando Nono, desde los once metros, metió el pasaporte en un cajón. Ahora otros canteranos tratan de sacarlo de ahí dentro a golpe de triunfos y con una confianza capaz, hoy por hoy, de lograr cuanto se propongan y más si su afición no lo deja solo: casi 2.000 en un aforo de algo menos de 12.000.

Y es que algo más del 15% del campo cantó el gol bético. Una acción iniciada por otro que fue canterano en su día y que allanó el camino hacia ese sueño llamado Europa. A sus 37 años Joanquín ya no tiene el sprint que lució en sus años mozos por la banda, pero ahora es un futbolista más inteligente, que no regala una carrera pero que tampoco se guarda una zancada si tiene un gramo de fuerza. Su conexión con Loren dio la victoria al cuadro hispalense y el delantero se volvió a reencontrar con el gol después de tres partidos sin ver puerta. Desde que anotase dos dianas contra el Alavés (1-3), en el primer triunfo de esta mágica serie de cinco consecutivos, Sergio León le había comido la tostá con dos dianas en las dos últimas citas, pero el marbellí mantuvo intacto su olfato (seis tantos en 10 partidos) bajo la lluvia.

Los dos puntas compartieron minutos en Montilivi en otra vuelta de tuerca más del técnico heliopolitano, que lo mismo un día juega con línea de cuatro en la defensa, con tres centrales otro día, con Javi García incrustado en el eje de la zaga, con un delantero, con dos, o acaba con extremos en ambas bandas como pasó frente al Girona. El Betis de Setién es el Betis de las mil caras, pero también el de las siete vidas, cual gato. Y es que en el fútbol la capacidad propia para crear suma, pero la suerte tiene su importante papel también. Porque que el cuadro local viese anulados tres tantos por fuera de juego -todos lo eran- de los siete en los que cayó tiene también su cuota de fortuna. El Betis cayó siempre de pie. Sus defensas siempre estuvieron en estas acciones unos centímetros por detrás que los atacantes rivales, pero para que los asistentes acierten siempre, bajo el aguacero y con la afición local reclamando todo y más, esa pizca de suerte para que las cosas salgan es más que necesaria.

No debe ser supersticioso Dani Giménez, que se plantó vestido completamente de amarillo sobre el césped. Un color que gusta en Gerona, pero que no le pesó al meta pese a que rondó el infortunio cuando en vez de despejar acabó intentando hacerle un sombrero a Portu en el interior del área. Zapatero a tus zapatos. Y eso que el gallego, que se llevó un regalo de Choco Lozano en forma de codazo, no desentonó para nada, salvo en el dardo envenenado que le dejó a un Mandi que se durmió en los laureles, pero que después solventó bien el portero. ¡Quién dijo miedo!

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