Eibar-Real Betis · la crónica

¡Cinco a cero en Éibar!

  • El Betis de Setién, y de los que han intervenido en su confección, mancha su camiseta en una horrible noche contra la Cenicienta de Primera.

  • El equipo se queda sin defensa ninguna.

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Varapalo gordo a la idea futbolística con la que intenta adoctrinar Quique Setién. El Betis perdió por cinco a cero, sí ¡5-0!, en Ipurua, en el estadio en el que mora habitualmente el Eibar y que se tiene en el fútbol español como el paradigma más claro del club modesto que milita en la máxima categoría, algo así como el cuento de la Cenicienta que se repite en los últimos años. Pues allí, justo debajo de la autopista que une Bilbao con San Sebastián fue este Betis a protagonizar un ridículo de los que costará mucho tiempo en mandar al limbo del olvido.

Porque no es normal recibir una manita tan humillante, contra un rival que, además, sólo había anotado seis goles en los 11 partidos que había disputado con anterioridad y ante un adversario que, indudablemente, había bajado varios puntos en su nivel respecto a las dos últimas campañas. Pero el Betis, que definitivamente se ha quedado sin defensa en esa apuesta por el toque sin más, fue capaz de permitir que todos esos números se volvieran del revés. Fue, sin duda, un verdadero escarnio para los suyos, a los que, de no ser porque la temporada está aún comenzando, tanto como cuando parecía lo contrario, se les habría caído el castillo de naipes de una manera abrupta.

En la diana, sin duda, se sitúa Enrique Setién Solar, el máximo responsable de todo lo bueno y de todo lo malo que le pueda suceder a este Betis dentro de un campo de fútbol. También meterán algunos a la figura de Lorenzo Serra, elogiado cuando los resultados comenzaron a ser venturosos, pero la verdad es que el balear tampoco tiene más margen de maniobra que los huevos que ha puesto en el cesto, entre ellos Jordi Amat, todo hay que decirlo para que cada cual asuma su cuota de responsabilidad.

Pero volviendo al Eibar-Betis, que es lo que toca analizar en esta crónica, conviene arrancar con que Setién se había quejado con amargura del margen temporal existente entre el último partido contra el Getafe y éste de Éibar. Ahí, sin embargo, surge una cuestión difícil de comprender y es que con tanto tiempo para preparar el choque éste estuviera tan mal planificado. Lógicamente, esta conclusión se saca por el desarrollo del pleito, pues el trabajo de los entrenamientos está vetado para los medios de comunicación en una búsqueda de un no sé qué por parte de la mayoría de los clubes profesionales.

Como la tesis se saca del 5-0 que sí se pudo ver en todos los canales televisivos que abonan sus derechos para ello, pues ahí van algunas cosas que se produjeron. La primera que llama la atención, por supuesto, es la endeblez del Betis a la hora de atajar las dos únicas vías de ataque a las que puede acudir el Eibar. Una, los balones a las espaldas de los dos centrales, como las dos veces que se impusieron Sergi Enrich a Jordi Amat y Charles a Mandi en sendas acciones trascendentales para la debacle verdiblanca; la segunda está en las acciones de estrategia, que es como llegó el segundo gol, el que agrandaba las distancias de una manera entonces más que peligrosa. Es verdad que el centro de Juncà llegó en una segunda jugada tras el despeje de un córner, pero el despiste en el marcaje de Javi García para que Escalante cabeceara absolutamente en solitario fue impropio de un futbolista de su envergadura y de su peso específico en esta plantilla. Los tantos postreros que incrementaron el dolor de los béticos ya llegarían con once contra diez en el campo y, por tanto, tienen que ver muchísimo menos con el trabajo previo, aunque las facilidades dadas por la banda de Durmisi para los remates en solitario en el centro también fueron llamativas.

Enrich celebra uno de los tantos. Enrich celebra uno de los tantos.

Enrich celebra uno de los tantos. / EFE

El partido, sin embargo, no se limita a esas acciones tan indignas en los cinco goles eibarreses, también incluye un juego que volvió a tener mucho que ver con la teoría y poco con la práctica. El Betis partió con la intención de tocar desde atrás pese a la presión de un Eibar con dos delanteros, como la mayoría de los rivales que le hacen daño a ese estilo de fútbol propugnado por Setién. Adán arrancó el juego con un pase por medio a Javi García con evidente riesgo y también, todo sea dicho, de esa manera surgió la primera ocasión del Betis con un buen pase profundo de Camarasa a Sergio León.

Dmitrovic sí estuvo atento a esa circunstancia y frustró el primer intento bético para que poco después llegara el primer pase de Inui a la espalda de Jordi Amat. Sergi Enrich se le anticipó con comodidad y fue el propio central visitante el que batió a Adán. Uno a cero y a remar contra la corriente, que al final acabó llevándose por delante a Setién y a todos los suyos. Después llegó el despiste en la estrategia para el 2-0, Sergio León tuvo tras el intermedio la más clara para el Betis y todo degeneró en la vergüenza final a raíz de una dudosa interpretación del penalti y expulsión en la acción entre Mandi y Charles. Pero que nadie se excuse en ello, el Betis perdió por cinco a cero en Éibar y nada más que los datos objetivos deben poner colorados a todos los que tengan algo que ver con esta plantilla. Desde el primero hasta el último, que nadie intente salvarse. 5-0 en Éibar, qué horror...

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