El futuro pasa por el presente

  • Los numerosos cambios que necesita la entidad sólo se entienden desde la permanencia. La cita con el Levante adquiere trascendencia.

Con la derrota ante el Atlético, la tercera consecutiva, el Betis iguala su peor racha de la temporada en un momento clave de la misma. Si las dos victorias seguidas ante Espanyol y Granada deslumbraron a aquellos que no parecen conocer la realidad de esta plantilla, las alarmas aparecen ahora de nuevo encendidas ante la visita del Levante, una cita de trascendencia máxima para el presente verdiblanco.

Mucho se viene hablando del Betis del futuro, un asunto necesario de puertas hacia dentro, pero que no debería distraer de ese día a día en el que todavía no se ha conseguido el objetivo mínimo de la salvación. Mejor ni hablar a estas alturas de aquello de la permanencia holgada para evitar "la repercusión psicológica en el grupo", como se leyó en esa memoria de actividades entregada a los accionistas en la Junta del mes de diciembre y que pareció salida de la chistera del todavía director deportivo, Eduardo Maciá, el mismo que se ha pasado el fin de semana defendiendo su calamitosa planificación por cada esquina de la capital madrileña.

El diagnóstico de Ángel Haro y José Miguel López Catalán parece certero. El Betis necesita remodelar de nuevo casi cada parcela de la entidad, pero el objetivo deportivo todavía requiere de todos los sentidos de los que mandan en el club. Los cambios necesarios, entre los que no se encuentran la radio, la televisión o el Gol Sur, por bienvenidas que serán para los aficionados, sólo se entenderán desde la permanencia, un asunto que este equipo parece empeñado en complicarse a cada momento.

Merino ya apuntó ayer a sus propios jugadores, un recurso permitido para un entrenador, pero que debe llegar acompañado de una reacción inmediata. Más allá de algunas decisiones controvertidas, el linense se está convirtiendo en otra víctima de esta planificación deficiente, a la que ni siquiera la llegada de tres fichajes en el mercado invernal ha acabado de enmendar, por más que algunos se empeñen en señalar lo contrario.

Como ya le ha ocurrido en otros partidos de la temporada, el Betis ayer renunció a las primeras de cambio. Su sensación de inferioridad se fue agrandando con cada acción decisiva del Atlético. El planteamiento inicial del entrenador, atrevido pero con cierta lógica por aquello de repetir lo que funcionó en otras ocasiones, acabó chocando con la cruda realidad. Musonda, Dani Ceballos o Fabián son magníficos proyectos de jugadores, pero una cita en el Vicente Calderón obliga a mucho más.

Como se viene vislumbrando desde muchos meses, y no sólo por los agoreros, este Betis parece condenado a sufrir hasta el final. Las numerosas deficiencias de la plantilla, ya suficientemente enumeradas y a la vista de cualquiera al que no le muevan otros intereses, acaban apareciendo, sobre todo ante rivales de la zona noble.

El Betis ayer apenas compareció media hora en el Vicente Calderón, como si en su cabeza sólo estuviera el duelo ante el Levante, un partido más decisivo incluso de lo que ya parece.

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