LaLiga Santander | Barcelona 2-0 Betis

Un catálogo de buenas intenciones

  • El Betis se queda en la apariencia en su visita al Barcelona y casi se da por satisfecho con una derrota digna

  • Todo se decidió en apenas dos minutos, tiempo en el que Sergio León tuvo una opción clarísima para empatar

Narváez se lamenta mientras Sergi Roberto y Messi celebran el 2-0. Narváez se lamenta mientras Sergi Roberto y Messi celebran el 2-0.

Narváez se lamenta mientras Sergi Roberto y Messi celebran el 2-0. / EFE

Comentarios 1

Una derrota digna en el Camp Nou puede ser tomada como un triunfo en el estreno liguero, pero no, no lo es. El balance de puntos indica que el Betis arranca con un cero por la sencilla razón de que no fue capaz de creerse que era capaz de hostigar a un Barcelona que arrancó cargado de dudas y con algunos futbolistas menores en su alineación inicial. Pero el equipo de Quique Setién se instaló en la apariencia y echó a perder una buena oportunidad para haber incrementado aún más si cabe esa ilusión que anida entre los suyos con vistas al curso que acaba de comenzar.

Cierto que el Barcelona no es la mejor vara de medir para casi ningún equipo de los que componen esta Liga Santander, pero queda ese regusto, esa sensación de que hubiera sido posible mucho más si los verdiblancos se hubieran creído de verdad que tenían opciones de algo más con menos prejuicios y con un fútbol más de verdad. El ejemplo de lo que se plantea en este arranque del análisis llega de la mano de su entrenador. Las Palmas, de la mano de Quique Setién, fue capaz de igualar la anterior campaña en su visita al Santiago Bernabéu para medirse con el que después fue el campeón de Liga y de Europa. Lo hizo, además, en un litigio en el que pudo salir vencedor, también perdedor por supuesto, pero en el que siempre ofreció la sensación de ir de verdad a por los tres puntos. Por mucho que los elementos sean diferentes y que cada vez que se enfrentan dos equipos de fútbol la historia pueda ser completamente distinta, eso fue lo que se echó en falta en este Betis.

Porque vaya por delante que el cuadro de Setién siempre estuvo ordenado sobre el césped y que no ofreció una mala imagen. En absoluto, con Guardado en el interlineado, los peones eran colocados sobre dos líneas de cuatro compuesta por Barragán, Mandi, Feddal y Tosca, la más retrasada, y con Nahuel, el debutante Narváez, Camarasa y Joaquín como encargados de la resta y también de conectar con Sergio León. Por detrás, lógicamente, estaba Adán, con mucho trabajo tanto en los acercamientos de los adversarios, particularmente Messi, como en esa nueva faceta de la distribución del balón con los pies.

Era un Betis bien colocado en la apariencia, pero que se iba a limitar conforme pasaban los minutos a eso, a dejar que todo discurriese sin que nada sucediese. El sistema era bonito, se veía que la basculación era de lo más correcta y sincronizada, particularmente con los circulitos que ahora trazan en las retransmisiones televisivas para observar que las líneas, sobre todo la defensiva, se movían casi como si estuvieran atadas con esas cuerdas con las que algunos entrenan para que exista esa sincronización entre los futbolistas. Existía esa plasticidad, vaya que sí, pero el Barcelona, sin tener ninguna ocasión clarísima salvo la protagonizada por Deulofeu en el minuto 3, sí protagonizó cuatro acercamientos antes del minuto 25 que fueron dignos de ser catalogados, cuando menos, de inquietantes para Adán.

Messi, de rosca; una falta directa lanzada por el astro argentino; un gol salvado por Tosca en una llegada de Deulofeu tras una pérdida en la salida por parte de Adán; y, por último otra oportunidad clara de Messi tras una serie de paredes con Busquets... El Betis, sin embargo, había salido indemne de esa primera sacudida del adversario y parecía que con el paso de los minutos sí sería capaz de empezar a salir de la cueva. Sobre todo después de protagonizar la primera llegada por parte de Sergio León poco antes de que se cumpliese la primera media hora de juego.

No fue así, sin embargo, y pronto iba a llegar el primer aviso serio por parte de Messi cuando estrelló una falta en el poste, la primera de las tres veces que lanzó la pelota contra el maderamen de la meta defendida por Adán. Y apenas dos minutos después llegaría el primer tanto para el Barcelona, internada de Deulofeu, intento de pase hacia la incorporación de Messi en la posición de delantero y la mala suerte que se ceba con Tosca en su intento de despeje. Toca lo justo para ponérsela imposible a un Adán más pendiente, lógicamente, de Messi.

Mala cosa para el Betis, más de media hora aguantando con una defensa basada por el orden y el castigo llegaba en un medio rebote. Pero son los riesgos que se corren cuando sólo se aguantan los embates del contrincante. No obstante, el fútbol es caprichoso y justo un minuto después llegó la gran ocasión visitante, la que pudo marcar el resto del choque. Sergio León aprovechó un buen pase para meter la directa por velocidad, superó a Mascherano y fue capaz de cogerle dos metros de ventaja, pero se confió y permitió que el argentino le metiera la pierna por detrás. Ahí estuvo para el Betis.

Sobre todo porque inmediatamente después un error de Feddal, tal vez el único del marroquí, condujo al 2-0 en una llegada en solitario de Sergi Roberto. El orden, la apariencia, le había servido al Betis para muy poco, pues nadie podía creer que aquello no estuviera ya sentenciado a esas tempranas alturas.

Tras el intermedio, los hombres de Setién trataron de dar un paso adelante, pero otra vez más fue todo aparente, sin contenido real. Los peones fueron los mismos y particularmente se echaba de menos algo más de colaboración por parte de un Joaquín desaparecido y fallón cuando le llegaba la pelota. Es un tramo en el que Messi fue capaz de mandar el esférico a los postes otras dos veces y el Betis seguía con su derrota digna. Hasta que Fabián fue capaz de protagonizar un acercamiento de verdad e incrementó la duda sobre qué hubiera sucedido si el Betis hubiera tratado, de verdad, de aprovecharse de las dudas de este Barcelona. Esa pregunta queda sin respuesta para siempre.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios