Educar en alimentación sana es clave para salvar la dieta mediterránea

  • La vuelta a costumbres tradicionales y la formación nutricional en las escuelas pueden mejorar la dieta

A la dieta mediterránea, caracterizada por un alto consumo de vegetales (frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales); pan, con el trigo como base, aceite de oliva como grasa principal y vino en cantidades moderadas, se le atribuyen propiedades altamente saludables. Algunas de ellas se basan en la constatación de que, aunque en los países mediterráneos se consume más grasa que, por ejemplo, en los Estados Unidos, la incidencia de enfermedades cardiovasculares es mucho menor. El vino se asocia también a un efecto cardioprotector, denominado la paradoja francesa, e incluso a un menor riesgo de deterioro cognitivo leve. Son algunos de los beneficios constatados de una forma de vivir la nutrición y la gastronomía que se ha visto en retroceso en las últimas décadas.

La Cátedra Tomás Pascual Sanz - Universidad CEU San Pablo presentó la semana pasada en Madrid el libro titulado ¿Es posible la dieta mediterránea en el siglo XXI? Según explica Dolores Silvestre, profesora de Nutrición de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Cardenal Herrera-CEU y coordinadora de esta publicación, "ha cambiado el patrón alimentario". En su opinión, "si antes nos apoyábamos en alimentos baratos, como cereales, legumbres, tubérculos… hoy nos apoyamos en alimentos proteicos: la carne, el pescado…". Por eso, Silvestre sostiene que en la actual coyuntura económica la necesidad de mirar el bolsillo y el gasto en la compra, "nos puede ayudar a recuperar costumbres alimentarias que nos pueden ayudar a preservar la salud".

Para Silvestre, el motivo principal que ha conducido al abandono de la dieta mediterránea, es el desconocimiento y la tendencia a adoptar formas de alimentación adaptadas al poder adquisitivo. "No nos preocupamos del valor económico de la dieta pero sí nos por preocupamos el tiempo invertido en la preparación de los alimentos", afirma.

Para poder revertir esta situación y recuperar esos valores nutricinales, Silvestre hace especial hincapié en la educación. "En alimentación lo que no aprendemos en las primeras etapas de la vida; es muy difícil aprenderlo luego". De hecho, una de las conclusiones planteadas durante la presentación de este libro apuntó a la necesidad de incluir la alimentación y la nutrición como disciplina en educación infantil para conocer las recomendaciones, las características de los alimentos y su composición.Algo que, para la experta "está recogido de forma insuficiente en programas y actividades escolares".

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