Miopía severa, una amplia línea entre la visión y la ceguera

  • La enfermedad ocular provoca patologías asociadas como degeneración macular, catarata precoz o glaucoma · Los afectados trabajan por su prevención, la investigación en tratamientos curativos y el acceso a instrumentos correctivos

La miopía es seguramente el problema visual con mayor prevalencia en el mundo. Se calcula que alrededor de 1.600 millones de personas en todo el mundo la padecen, lo que representa más de la cuarta parte de la población, siendo su incidencia en la población española de aproximadamente un 20% a un 30%, según el grupo de edad analizado. Para muchos puede parecer una patología bastante común sin más trascendencia. Sin embargo, la miopía severa pone al ojo en el riego de sufrir enfermedades asociadas pudiendo desembocar en ceguera. Según la ONCE, el 22% de sus socios son por miopías altas.

Según Gloria González, presidenta de la Asociación Vivir Desenfocados, "la miopía parece algo muy normal entre los ciudadanos. Creemos que con ponerse gafas o lentillas se soluciona. Pero no es así, hay miopías muy severas que pueden conducir a la ceguera. El objetivo es saber detectar los síntomas para diagnosticarlas a tiempo. Así como investigar en su tratamiento y prevención pues actualmente no se cura, en todo caso, se corrige". La miopía severa magna es a partir de 6 dioptrías. Debido a un crecimiento desmesurado del globo ocular, la afección provoca un adelgazamiento de todas las capas del ojo, siendo la retina la más afectada, y provocando atrofias, hemorragias, degeneración macular, roturas o desprendimiento de retina. Es un proceso degenerativo que afecta de forma progresiva, y a lo largo del tiempo, a la calidad de vida de la persona afectada, que va perdiendo zonas de visión así como agudeza visual. Suele aparecer durante la infancia y en ella inciden factores genéticos y ambientales.

Beatriz Mayo ha vivido con la miopía sin grandes limitaciones hasta hace 10 años que le apareció degeneración macular en el ojo izquierdo. Entonces ella tenía 35 años, y según cuenta, "fue producto de la miopía magna (tenía 16 dioptrías), acelerada por el estrés laboral". Para salvar su ojo izquierdo le hicieron una intervención de translocación de la retina, posteriormente, y como consecuencia lógica de ello, la operaron de cataratas. Sin embargo, los médicos no pudieron mantener la visión en este ojo debido a un desprendimiento de retina. Hace dos años, Beatriz advirtió de nuevo los síntomas de la degeneración macular, esta vez en el ojo derecho. "Empecé a ver las líneas torcidas. Acudía a mi médico, y como la tecnología ya había evolucionado sí que consiguió salvarme la visión del ojo", relata. En al actualidad, desempeña un puesto de trabajo adaptado como informática. "Hago mi vida más o menos normal, y mi trabajo también. Para ello, tomo medidas como descansar la visión 10 minutos por cada hora de exposición al monitor del ordenador, no forzar la vista y utilizar letras ampliadas para la lectura, tomo vitaminas, me echo lágrimas artificiales para evitar la sequedad y no entro en espacios con humos, entre otros", describe Beatriz Mayo.

Entre los medios con los que los afectados consiguen desenvolverse en su día a día está el uso de herramientas como lupas, telescopios, gafas o lectores de voz. Encarna usaba lentillas hasta que a los 40 años perdió la visión del ojo derecho por degeneración macular y glaucoma asociados a su miopía. "Para hacer mi vida diaria con la poca visión que mantengo del ojo izquierdo, pues tengo 23 dioptrías, necesito unas gafas que cuestan 1.500 euros", dice Encarna Rodríguez.

En consecuencia, "las personas que no tienen un poder adquisitivo para costearse estos recursos no tienen derecho a ver, tienen que quedarse en su casa encerrados", argumenta Beatriz Mayo. En este sentido, la miopía severa está en una línea divisoria, según Encarna, "en la línea de nadie, porque no estamos completamente ciegos pero tampoco vemos". Para el ejemplo, esta mujer propone "ponte unas gafas de sol y úntalas de aceite, luego intenta hacer tus tareas".

Entre los medios de corrección de la miopía, además de las gafas o las lentillas está la cirugía refractiva, aunque no todos los pacientes son aptos para ella. Según, el doctor Jesús Merayo, investigador principal de Superficie Ocular y Cirugía Refractiva de la Fundación de Investigación en Oftalmología, "en el caso de los afectados de una miopía por debajo de las 6 dioptrías, la mayoría pueden intervenirse por cirugía refractiva con láser Excimer. Y en lo que respecta, a los pacientes con miopías altas, por encima de 8 ó 10 dioptrías, hay dos métodos diferentes de intervenir, ya que no se puede tocar la córnea". En este sentido, la primera sería la colocación de una lente intraocular con las dioptrías que necesita su ojo; y la segunda, la colocación de una lentilla en el cristalino. Según el paciente, también se utilizan estas cirugías combinadas. "El objetivo es reducir el uso de prótesis externas como gafas o lentillas".

Nieves Ramírez tiene 25 años y desde los 5 años usaba gafas. "Me aumentaba la miopía a relación de 0,5 dioptrías por año. Para mí las gafas o las lentillas eran una prolongación más de mi cuerpo porque sin ellas no podía salir, leer o reconocer a la gente", explica Nieves. A ella la intervinieron quirúrgicamente el pasado 5 de octubre. "Durante un mes tengo que echarme diversas gotas, no me puede dar la luz alta en los ojos, ni el humo, no me puedo pintar. Pero estoy contentísima, puedo leer sin gafas. Es como si por fin pudiera ver el mundo con mis propios ojos". Carmen Luisa García, que la operaron en 1999, expone, "durante esta década no he vuelto a ponerme gafas. Este año las estoy empezando a utilizar para conducir el coche de noche porque me ha aparecido una dioptría, pero nada más".

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