Niños y adultos tienen más riesgo de obesidad por dormir poco

  • La falta de sueño impulsa a las hormonas que estimulan el apetito y favorece el deseo por dulces y alimentos grasos. La obesidad infantil se acerca ya al 20%.

Casi podría decirse que dormir poco engorda, desde el momento en que, como advierte el presidente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), Javier Salvador, hay "una estrecha correlación entre dormir pocas horas y un mayor riesgo de ser obeso". De hecho, añade el presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), Felipe Casanueva, "los niños obesos duermen menos" que los que mantienen un peso normal. Más aún, remacha Albert Lecube desde el Grupo de Trabajo de Obesidad de la SEEN, un menor que no pasa de 5 horas de sueño "casi duplica el riesgo de ser un adulto obeso".

Todos estos datos, fruto de una creciente evidencia científica que se ha ido acumulando a lo largo de la última década, justificaron la celebración este miércoles del XVI Día Nacional de la Persona Obesa, organizado conjuntamente por las dos citadas sociedades bajo el expresivo lema de "La obesidad nunca duerme". Diversas investigaciones han puesto de manifiesto que la falta de sueño lleva aparejado un aumento de las hormonas que impulsan el apetito y aboca, según Casanova, "a la ingesta de alimentos ricos en grasa y azúcares" que favorecen el aumento de peso. Salvador cita dos hormonas relacionadas con el apetito que se modifican con las horas de sueño. Al dormir menos, disminuyen las concentraciones de "la leptina, que inhibe la sensación de hambre", mientras aumentan las de "la ghrelina, que estimula el apetito".

Pero esa 'regla' favorecedora de la obesidad -cuanto menos dormimos, más queremos comer-- tiene su espejo en sentido inverso: dormir más ayuda a poner en marcha mecanismos de mantenimiento del peso. Y el propio Salvador subraya su potencialidad preventiva al apuntar que, tanto para esquivar la obesidad como para hacer perder peso a la gente obesa, no solo son obligados los cambios del estilo de vida (alimentación y ejercicio), sino que también "es necesario dormir al menos 7 u 8 horas diarias". La situación española no es precisamente modélica en materia de peso, con tasas de obesidad -considerada ya una auténtica patología por la Organización Mundial de la Salud-- que se acercan peligrosamente al 20% entre niños y adolescentes, que rondan el 23% en la población adulta y que alcanzan el 35% en las personas mayores de 65 años. Los datos son aún más inquietantes en la estela de graves peligros para la salud que conlleva, como la diabetes, la hipertensión, los altos niveles de lípidos, las apneas de sueño y hasta el mayor riesgo de desarrollar ciertos tumores como los de colon o mama. Y a eso se le añade la somnolencia diurna por no haber dormido bien, con su consiguiente mayor peligro de accidentes. En los casos de obesidad mórbida, el perfil de riesgos se acentúa, hasta reducir entre 5 y 12 años la expectativa de vida.

Dado que en un alto porcentaje los niños obesos acaban siendo adultos obesos, el capítulo infantil preocupa sobremanera en España. Como señala Casanueva, suelen dormir "menos de ocho horas diarias", lo que, además de ser "algo insuficiente, provoca otros hábitos perjudiciales con repercusión negativa en el incremento del peso corporal, como no desayunar". De ahí que el no saltarse esta primera comida del día encabece las "recomendaciones para evitar la obesidad" de la SEEN y la Seedo, que también sugieren "una alimentación variada y equilibrada", con "cinco raciones de frutas y verduras" diarias y evitando "las grasas saturadas y los alimentos y bebidas ricos en azúcares".

La receta se completa con dos medidas de buen estilo de vida como realizar "al menos 30 minutos diarios de actividad física moderada" y como "dormir al menos ocho horas diarias". Y como mensaje de fondo queda un insistente "dormir es esencial para el control y el manejo del peso".

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