El corazón late al ritmo estimulante de los hábitos saludables

  • La fibrilación auricular es la arritmia más frecuente, se prevé que afecte en 2017 a 7,5 millones de personas en el primer mundo por el envejecimiento de la población · Los pacientes normalizan su vida con el compromiso terapéutico

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Asunción Martín, Manuel Rosado, Guadalupe Oliva y José María Gallego padecen fibrilación auricular; la alteración del ritmo cardíaco más frecuente, que afecta a hasta el 1% de la población total y su prevalencia aumenta con la edad hasta superar el 10% en personas de más de 80 años. En cada uno la patología ha evolucionado de forma distinta pero todos coinciden en que con el adecuado tratamiento y unos hábitos cardiosaludables disfrutan de calidad de vida.

Asunción (66) es ama de casa, la matriarca de una gran familia: 3 hijas, 2 hijos, 6 nietas y 1 bisnieta. Una mañana del 2003 notó que el corazón le latía con intensidad. "Sentía el ritmo de las palpitaciones cambiado y estaba muy cansada físicamente", explica. Entonces, Asunción fue a que midieran su tensión en la farmacia, según relata, "la tenía muy descompensada y aconsejada por el boticario pedí cita con el médico". La fibrilación auricular provoca un latido cardíaco irregular, las aurículas (cámaras superiores) del corazón no bombean toda la sangre a los ventrículos (cámaras inferiores), por lo que la sangre se acumula. Muchos pacientes pueden no presentar síntomas y no ser conscientes de su enfermedad, otros, como Asunción, sí que los experimentan: palpitaciones, fatiga o debilidad, mareos, desmayos, dificultad para respirar, dolor en el pecho.

A Asunción Martín le hicieron varias pruebas, electrocardiogramas entre ellas, y la diagnosticaron rápidamente. Desde entonces tiene controlada su cardiopatía con medicación. "No he tenido que someterme a ninguna intervención quirúrgica. Hago prácticamente la misma vida que antes sólo que con la precaución de no hacer grandes esfuerzos, medicarme según las dosis prescritas, y acudir a consulta periódicamente", concluye la vital mujer.

A Manuel Rosado (60) le aparecieron los primeros síntomas de la fibrilación auricular en el 2002. "Me levantaba de la cama a mitad de la madrugada con el corazón latiendo con rapidez", describe. Según cuenta, durante 4 años pudo convivir con la arritmia, "sólo acudí tres o cuatro veces al centro de salud para que controlaran episodios puntuales". Pero en el 2006, le trataron un cáncer de colon y recibió sesiones de quimioterapia. "Afortunadamente de la enfermedad digestiva me operaron con éxito, todo salió muy bien. Pero una de las consecuencias de la quimioterapia fue que me enfatizó la arritmia cardíaca. A partir de entonces tuve que acudir continuamente al centro de salud, las arritmias cardíacas eran muy frecuentes", narra Manuel que durante cuatro décadas ha dirigido un negocio de ropa masculina; ahora lo regenta su hija mayor. Para solucionar su problema, le realizaron una ablación cardíaca. Un procedimiento que se usa para destruir las áreas en el corazón que pueden estar causando la arritmia; durante la intervención, se colocan pequeños alambres llamados electrodos dentro del corazón para medir la actividad eléctrica de éste. Sin embargo, esta opción terapéutica a Manuel le creo el efecto contrario: pasó de sufrir unas pulsaciones muy rápidas a padecerlas muy lentas (bradicardia). "Sobre 27 o 30 latidos por minuto durante la noche", enfatiza. Por lo que a los pocos días, justo el 17 de marzo de 2008, le colocaron un marcapasos.

Según narra el protagonista de esta historia, "desde entonces estoy estupendamente, tengo una muy buena calidad de vida". Entre sus hábitos cardiosaludables está la adhesión a la dieta mediterránea, con abundante ingesta de fruta y verduras, y la realización de ejercicio. "Ando unos 45 minutos diarios a un ritmo en el que no me canse, me suele acompañar mi mujer. Yo antes era muy aprensivo a las enfermedades, un poco hipocondríaco, pero tras haber superado un tumor y convivir con la cardiopatía he salido muy reforzado", manifiesta el optimista y educado Manuel.

El número total de hombres y mujeres con fibrilación auricular es prácticamente igual, si bien aproximadamente el 60% de los de más de 75 años son mujeres.

También convive con un marcapasos Guadalupe Oliva. Hace seis años le colocaron el aparato con el fin de tratar su bradicardia. Ella además de la fibrilación auricular sufre de micro anginas de pecho que la obligan a dormir conectada a una máquina de oxígeno. "Me canso si subo las escaleras, o en actividades que exigen mucho esfuerzo", comenta. Pero no es la única en su casa diagnosticada de fibrilación, también lo está su esposo José María Gallego, y como ella tiene colocado un marcapasos desde hace 11 años. Según dice Guadalupe, "él hace una vida completamente normal y se encuentra muy bien. De hecho, a veces le riño porque intento que lleve una dieta saludable como yo, que coma verduras, pescado a la plancha... y no hay manera. A veces me río y le digo, "con lo chico qué eres, ¿dónde echas todo lo que comes?". La divertida Guadalupe acude tres veces a la semana (lunes, miércoles y viernes) a la Asociación de Pacientes Cardíacos de Arahal (Sevilla) para realizar ejercicios de rehabilitación junto con los pacientes de otras cardiopatías. En este sentido, el presidente de la asociación, José Verdugo, defiende que "este tipo de actividades comunales tienen un gran valor tanto físico como psíquico". Según José, el cardiópata suele dirigirse a una asociación de pacientes deprimido. "La primera reacción a una enfermedad de corazón es el miedo. Pero va pasando el tiempo, la persona lo va aceptando, y como ve que hay compañeros que han sobrevivido a una enfermedad del corazón y tienen una alta calidad de vida, pues se animan y pierden ese primer temor".

Dentro del grupo de las arritmias, la fibrilación auricular si bien es la más frecuente y se prevé que en el 2017 afecte a 7,5 millones de personas en el primer mundo debido al envejecimiento de la población, también tiene opciones terapéuticas que facilitan que el afectado continúe con su vida. Según los testimonios, el compromiso con los hábitos cardiosaludables, y el respeto por la salud son claves.

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