El cumplimiento terapéutico es clave en el abordaje de la esclerosis múltiple

  • Para los especialistas es importante que la persona afectada esté formada, conozca la enfermedad y se implique en el adecuado seguimiento del tratamiento

La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad en la que están involucrados mecanismos autoinmunes consistente en la aparición de lesiones desmielinizantes, neurodegenerativas y crónicas del sistema nervioso central. La prevalencia se calcula que se da entre 60 o 70 personas por cada 100.000.

En Andalucía se calcula que puede afectar a entre 4.500 y 5.000 personas. Aunque hay innovaciones terapéuticas en desarrollo, la mayor parte de los pacientes recibe un tratamiento de fondo que se administra crónicamente para evitar episodios de empeoramiento.

"Por eso, el cumplimiento terapéutico es esencial. En cualquier patología crónica un tratamiento para que funcione debe cumplirse. Es importante que la persona afectada siga las instrucciones del médico y la enfermera y que tenga claro y tome conciencia de que hay que hacer las cosas bien. No se trata de que tengamos que imponer nada; si no de tener una buena relación con el especialista y con el equipo de enfermería porque generalmente son terapias que se inyectan por vía parenteral y eso se hace a veces complicado para los pacientes", explica la doctora Carmen Arnal, especialista en Neurología del Hospital Virgen de las Nieves de Granada.

Arnal participó recientemente en una mesa, patrocinada por Merck Serono, sobre esclerosis múltiple llevada cabo en el congreso de la Sociedad Andaluza de Neurología celebrado en Granada. "Por eso es importante que estén formados y que conozcan bien su situación y se impliquen en el tratamiento", añade la experta.

Además, en la mayor parte de los pacientes, la enfermedad evoluciona en brotes. Son periodos en los que se producen síntomas; esos síntomas mejoran total o parcialmente. Según indica Arnal, "son periodos de empeoramiento y otros de mejoría. Evitando la aparición de brotes se puede incidir en la mejora de la calidad de vida; así los pacientes necesitan acudir menos veces al hospital y requieren de menos tratamiento". Respecto al diagnóstico, se basa sobre todo en datos clínicos y en resonancia magnética; aunque también se recurre a la punción lumbar para analizar el líquido encefalorraquídeo. Todo ello, en suma, conduce al diagnóstico. "Hoy día se ha acortado el plazo que se tarda en diagnosticar. A veces se alarga porque no existe un único marcador patológico", aclara la especialista.

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