Buena Muerte: Una histórica restauración en Madrid

  • La hermandad plantea hoy una nueva intervención casi 25 años después de la realizada en el ICRBC

El Cristo de la Buena Muerte en su besapiés. El Cristo de la Buena Muerte en su besapiés.

El Cristo de la Buena Muerte en su besapiés. / Juan Carlos Muñoz

Cuando están próximos a cumplirse los 25 años de la restauración del Cristo de la Buena Muerte, los hermanos de los Estudiantes están convocados esta tarde a un cabildo general extraordinario en el que conocerán cuál es el estado actual de conservación del Crucificado de Juan de Mesa y aprobarán, si procede, una "intervención conservativa" que realizaría Pedro Manzano tras la Semana Santa. Tras un completo estudio realizado por este restaurador, se ha constatado que la imagen presenta algunos problemas en las diferentes uniones del sudario. La última gran restauración a la que fue sometida una de las obras cumbres de la imaginería barroca española tuvo lugar entre junio de 1994 y marzo de 1995 en el Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales dependiente del Ministerio de Cultura (ICRBC) en Madrid. Allí fue tratado en profundidad por Raimundo Cruz Solís e Isabel Poza Villacañas. Este periódico ha tenido acceso al amplio informe que recoge todos los detalles de la restauración, de 160 páginas, que abarca desde los estudios previos, los análisis químicos, físicos, biológicos o radiológicos practicados en la talla a la memoria de la intervención y los estudios de iluminación y microclimático de la Capilla Universitaria proponiendo mejoras para garantizar a óptima conservación del Cristo.

Estado de conservación

Los técnicos del ICRBC se trasladaron hasta la Universidad de Sevilla para realizar un primer examen visual sobre la imagen, tomando fotografías y recopilando datos históricos. En ese momento, "por la importancia artística de la imagen y a la vista de los problemas y responsabilidades que presenta la restauración", Raimundo Cruz Solís aconsejó la creación de una junta asesora de seguimiento. En este reconocimiento pudieron constatar los principales problemas de conservación del Cristo. En cuanto al soporte (la madera), aseveraron que la mayoría de los bloques en los que está construido sufrían alteraciones, "principalmente en las uniones de los ensambles, con aberturas, desencoladuras y grietas". Los restauradores advertían que era necesario comprobar si los cuatro puntos de sujeción a la cruz (dos en las manos, uno en el sudario y otro en los pies) se apoyaban en el mismo plano. El cabello también presentaba mutilaciones y, destacaban, las líneas de unión de los bloques, marcadas especialmente en el rostro, el cabello, la unión de los brazos con el tronco, hombro, antebrazo, manos, costado, cinturas, paño de pureza, muslos, gemelos, rodillas, talones, pies...

Los hermanos deciden hoy en cabildo una nueva "intervención conservativa"

En cuanto a la cruz, desde el primer momento señalaron la necesidad de realizar una nueva. "Presenta irregularidades, alabeos y grietas (en alguna es posible introducir la hoja de una espátula de escultor), algo que puede incidir negativamente en la conservación de la escultura". Estas anomalías se atribuyen en parte al fuerte impacto de su caída al pavimento en 1983. Por último, la policromía se encontraba "muy afectada" por manchas provocadas por la oxidación de los barnices y unos repintes oscurecidos a los que Cruz Solís califica de "burdos" y que trataban de disimular las grietas y las juntas de la madera y las lagunas y arañazos de la capa pictórica. "Sin embargo no lo consiguieron, sino que se extendieron fuera de sus límites, cubriendo parte de la policromía original y produciendo así un aspecto desigual que distorsiona el equilibrio cromático", añade el restaurador.

Estudios técnicos

Tras el primer contacto, los técnicos recomendaron la realización de pruebas analíticas sobre la preparación, policromía y barnices y una exploración radiográfica. La propuesta de restauración consistía en una desinfectación preventiva, consolidar la estructura (juntas y uniones), sentado del color, limpieza muy superficial, un levantamiento de los repintes y una reintegración cromática.

El informe realizado por el laboratorio de química del instituto revela importantes cuestiones. La preparación de la policromía original estaba compuesta por una mezcla de yeso y gran cantidad de cola animal. Los pigmentos de las carnaciones originales eran albayalde, minio y trazas de bermellón. El aglutinante era aceite secante. Los análisis constataron la existencia de hasta dos policromías sobre la original.

Los análisis físicos (radiografía y endoscopia) revelaron también importantes datos. Respecto a la cabeza, descubren que la lengua está fijada con un clavo de, aproximadamente, cinco centímetros de longitud. En la base del cuello queda delimitada con gran nitidez una franja irregular por donde presumiblemente -dice el informe- se fracturó la imagen. Sobre la forma de ejecución, concluyen que se talló en un bloque exento. "Esta hipótesis se sustenta en el cambio de la orientación de las fibras de la madera". Las radiografías, entre otras cuestiones, también aclararon que el dedo índice de la mano izquierda y el meñique de la derecha no eran originales. Respecto al tronco, la radiografía mostró una gran cantidad de puntas metálicas de factura antigua. También se observaron en el paño de pureza, aunque estas eram de hechura moderna para afianzar los diversos pliegues.

El estudio biológico sacó a relucir la existencia de una colonia de hongos filamentosos en la zona dorsal en contacto con la cruz. "No están dañando la madera". Estos hongos se alimentaban de la materia orgánica (suciedad) depositada sobre la talla. Los técnicos encargados de este análisis pidieron medidas para evitar la condensación de humedad para que no pudieran desarrollarse otras especies que atacaran la madera e incluso la policromía. Para eliminar las colonias existentes recomendaban el uso de medios mecánicos (bisturí).

El torso de la imagen con diferentes estados de limpieza. El torso de la imagen con diferentes estados de limpieza.

El torso de la imagen con diferentes estados de limpieza.

Unas de las grietas que presentaba, en este caso en el hombro, y testigos de la suciedad. Unas de las grietas que presentaba, en este caso en el hombro, y testigos de la suciedad.

Unas de las grietas que presentaba, en este caso en el hombro, y testigos de la suciedad.

Intervención

Con todos estos valiosos datos Isabel Poza y Raimundo Cruz Solís acometen la restauración del Crucificado.

Con respecto a la policromía, aunque no presentaba problemas por falta de adhesión, se fijó en zonas puntuales, "principalmente en algunas grietas lineales que coinciden con los puntos de unión de los bloques de madera y en pequeñas zonas del paño de pureza". Para ello se aplicaron colas animales. Posteriormente, se levantaron todos los repintes "de distintos periodos y realizados con materiales contraindicados" que habían oscurecido y modificado considerablemente la visión cromática del Cristo. "Ningún repinte puede ser atribuido al autor", señala Cruz Solís.

Los principales repintes se encontraban en las juntas de unión de las piezas. "Con su aplicación se había intentado disimular las faltas o pérdidas de capa pictórica. Además de no conseguirlo, cubrieron una parte muy extensa de su policromía original cercana. Al suprimir estos repintes apareció su capa pictórica primitiva, permitiendo contemplar la imagen en su máxima pureza de creación cromática". El sudario, por ejemplo, se encontraba completamente repolicromado.

La limpieza realizada a la policromía, según detalla el restaurador, "ha sido el proceso más laborioso e importante". Con esta delicada actuación eliminaron todo lo que estaba impidiendo la visión correcta de la imagen, como barnices oxidados, ceras, humos, zonas ennegrecidas... "Se ha realizado una limpieza muy sensible y superficial a la imagen, llevándola a un grado que la vez de devolverla a su riqueza cromática no quede privada de sus veladuras y pátinas correspondientes". Toda la policromía se limpió con bisturí y en algunas zonas se emblandeció con la ayuda de productos químicos en proporciones y mezclas muy suaves.

Por último, se procedió a la reintegración del color en las zonas que habían sufrido pérdidas de policromía, como las uniones de algunos ensambles (principalmente el paño de pureza), grietas, pequeñas lagunas y desgastes de la superficie cromática. Esta intervención se realizó sobre una preparación de estuco de características similares al primitivo y rebajado a la altura del original. "Dado el gran valor histórico, artístico y devocional que tiene la imagen se ha empleado una técnica de reintegración imitativa pero discernible a corta distancia". Todas las reintegraciones se realizaron utilizando pigmentos a la acuarela por su reversibilidad. En las grietas y en algunas juntas que unen los bloques de madera se efectuó un punteado superficial con acuarela para conseguir una entonación cromática del conjunto ajustada al resto de la policromía original.

Manchas de oxidación en el cuerpo del crucificado. Manchas de oxidación en el cuerpo del crucificado.

Manchas de oxidación en el cuerpo del crucificado.

En lo relativo al soporte, los resultados de los estudios técnicos confirmaron la ausencia de problemas estructurales, por lo que se decide no intervenir. "La junta de seguimiento dio conformidad a estos planteamientos". Posteriormente, el 19 de diciembre de 1994, se celebró una nueva reunión en la que se acordó realizar unos estudios más amplios para ver el estado en el que se encontraban las espigas y clavos interiores que influían en el ensamble del hombro izquierdo. En otra cita, visto estos nuevos datos, se confirmó que no es necesario intervenir.

El sudario estaba repolicromado y presentaba numerosos elementos metálicos para afianzar las uniones. El sudario estaba repolicromado y presentaba numerosos elementos metálicos para afianzar las uniones.

El sudario estaba repolicromado y presentaba numerosos elementos metálicos para afianzar las uniones.

Los restauradores procedieron a eliminar el Araldit madera que presentaba la talla en algunas zonas, principalmente en el sudario, sustituyéndolo por adhesivos naturales. También se introdujo una espiga de madera en el dedo índice de la mano izquierda "para su mayor seguridad".

La intervención concluyó con la aplicación e un barnizado general matizado "para preservar a la imagen de las inclemencias a las que estará expuesta durante las procesiones de Semana Santa y demás agresiones exteriores".

Por último, los restauradores, junto a la comisión de seguimiento, decidieron sustituir la cruz por una nueva con características similares. La cruz se encontraba deteriorada por las deformaciones producidas por alabeos y, principalmente, originadas por el accidente ocurrido en 1983. "La junta del ensamble del larguero se encuentra desencolada. Es posible introducir varias espátulas de escultor. Todas estas anomalías afectaban directamente a la conservación de la escultura, ya que mantenía un forzamiento continuo al estar sujeto el Cristo a la cruz".

Tras nueve meses de restauración, el Cristo de la Buena Muerte fue repuesto al culto el 9 de marzo de 1995.

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