viernes de dolores

Víspera de interior

  • El Viernes de Dolores se vivió dentro de los templos.

  • Sólo la cofradía de Bellavista se puso en la calle en un día marcado por la lluvia y el frío.

Cuando el concejal de Seguridad, Juan Carlos Cabrera, realizaba la visita oficial a los palcos de la Plaza de San Francisco se agradecía el calor que desprendían las estufas del bar Laredo. Los periodistas esperaban allí, refugiados bajo los braseros, las declaraciones del edil socialista. Abrigo, bufanda y paraguas. El cielo gris. Sin atisbo de primavera. Cabrera presumía de que la Semana Santa de este año será la más segura de todas. Un reportero de Madrid le preguntaba por las carreritas del año pasado. El delegado de Fiestas Mayores respondía con el nuevo sistema de luces, que van del color ocre al blanco. Luego llegó la foto oficial con el director de Fiestas Mayores, Carlos García Lara; el tesorero del Consejo de Cofradías, Francisco Vélez; y la directora de Cultura de la Fundación Cajasol, Rosa Santos, entidad responsable de revestir con un mosaico de fotos la trasera de la zona más noble de la carrera oficial.

La mañana del viernes más esperado por los cofrades se vivía entonces en el interior de los templos, a la espera de un estallido vespertino en las calles que, mayormente, se quedó en eso, en la espera. En la iglesia de la Anunciación, función a la Virgen del Valle. Exquisitez sonora. Nubes de incienso que se elevan hasta la agrietada cúpula. El palio ya preparado. Pirámide de velas. Gente que sale y entra. Turistas y sevillanos en una mañana que parece robada a noviembre.

Cola de devotos en San Lorenzo. La Soledad alberga en sus manos el tiempo de la víspera. Con Ella se abre y se cierra esta cuaresma de paraguas y chubasqueros, de ciclogénesis y borrascas con nombres propios. En el altar mayor se afanan por colocar los últimos detalles para la misa del domingo. Las palmas rizadas escoltan al paso de la Virgen del Dulce Nombre, que preside el templo revestido de almagra y albero.

Aparece la lluvia. Se abren los paraguas. En la basílica del Gran Poder hay cola para besar el talón que hoy pisa ya suelo sevillano. Los colegios se han tomado este viernes de víspera como jornada de asueto. Los grupos de alumnos lo llenan todo. Visitas de escolares en Vera-Cruz, la Mortaja o la Quinta Angustia.

El tenebrismo es consustancial a ciertas estéticas cofradieras, altares en los que conviene andar con mucho tiento. Sin luz en los templos ni en la calle. El frío es tal que corta los cuerpos. La llovizna persiste.

Por la tarde se repite la historia conocida. Cofradías que posponen su salida a la espera de que los porcentajes de lluvia mengüen. Esperanzas que duran poco. Ni la agrupación de Rochelambert ni la del Polígono Sur salen a la calle. Tampoco lo hicieron las cofradías de Pino Montano, la Misión, la Corona y Pasión y Muerte. Barrios sin nazarenos.

Sólo Bellavista rompe la tarde aciaga. El Señor de los Remedios y la Virgen del Dulce Nombre se ponen en la calle tras acortar el recorrido. Avanzan rápidos los pasos, dentro de la tregua que da el mal tiempo. El frío sigue siendo intenso. Propio de un invierno rezagado.

Este viernes se vive por dentro. Como los vía crucis que se quedaron sin salir. El del Cristo de la Vera-Cruz, el de la Sed o el del Cautivo de San Ildefonso, devota imagen que cerró este viernes su ciclo de cultos en marzo.

Cuando el sábado se impone, baja la Virgen del Valle y el Gran Poder desciende para inaugurar hoy, de forma extraordinaria, su besamano. Acaba un Viernes de Dolores, fiel reflejo de la cuaresma que expira. De lluvia y abrigo. De interior.

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