la crónica del Martes Santo

El triunfo de la novelería

  • La presencia de público se dispara en la jornada del cambio radical.

  • La gran reforma se salda sin sobresaltos.

  • Las bullas se trasladan de la Alfalfa a la Encarnación y el Arenal.

  • Vea todos los vídeos de la jornada.

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La ligereza y frecuencia con la que se emplea el adjetivo histórico en la sociedad actual no sorprende ya a casi nadie. Todo es histórico en el fútbol ("¡El partido del siglo, oiga!") y todo es histórico naturalmente en cuestión de cofradías: histórico es que las cofradías del Martes Santo hagan la carrera oficial en sentido inverso, histórico es que a la Virgen del Dulce Nombre le vaya a dar el sol en la cara, histórico es que la Candelaria pase por los Jardines de Murillo con luz solar, histórico es todo, absolutamente todo en cuanto se cambia algo, en cuantito se mueve un varal. Y la historia de las cofradías, si enseña algo, es que el mundo de las cofradías es cambiante. Estamos continuamente cambiando, modificando hábitos, recorridos, costumbres…

Lo de este martes no es más que el triunfo de la novelería, la prueba de que tenemos verdaderos ingenieros que piensan todo el año en las cofradías, la demostración de que en esta ciudad hay quien de forma particular y desinteresada dedica muchas tardes libres a maquinar durante todo un año un hecho que se consume en tan sólo dos o tres horas. Las cofradías de hoy, el público cofradiero de hoy, se conforma con todo. Cambien lo que quieran, metan maracas en el acto del Pregón, pongan del revés una jornada completa porque sí. Da igual. Nadie se que va a quejar, fundamentalmente porque no hay criterio. La sociedad light, del pensamiento débil, de las reflexiones que caben en 140 caracteres, no entiende de criterios estrictos, o del significado de una estación de penitencia. Con el Martes Santo de 2018 queda patente que las cofradías pasan por la carrera oficial para ganar dinero. Eso ya lo sabíamos, pero ahora es oficial de una manera descarada. Si se ha ganado realmente en seguridad, todo está justificado, pues la seguridad es la gran coartada para promover cualquier modificación sustancial.

En esta Semana Santa de público consumista, a la gran mayoría le trae sin cuidado que las cofradías vayan en una dirección u otra. Lo que quieren es que salgan, como si no van a la Catedral. Nunca olviden la gran cantidad de espectadores (sí, hemos dicho espectadores) que asisten a ciertos traslados de parihuelas, donde en el mejor los casos salen las imágenes secundarias envueltas en sábanas. Se ha oficializado lo secundario, se ha elevado a la categoría de importante lo que es complementario, se ha banalizado el adjetivo histórico para experimentos horarios que no son graves en sí mismos, pero sí reveladores desde varios de puntos de vista.

Una hora y media antes de la salida de la Candelaria aparecieron los bordilleros, que son el público que se sienta (digámoslo así) en los bordillos de la acera desde bastante tiempo antes de la llegada de una cofradía. La gente se tira, se echa, esparce su cuerpo por las aceras, o por el albero de los jardines. En el palquillo de la Puerta de los Palos, donde estaban este martes los consejeros que suelen estar en la Campana, está la Semana Santa oficial, la que se consume en nervios para evaluar si el experimento del Martes Santo del revés funciona o se va al garete. En la calle está la Semana Santa real, que quiere ver al "Pilatos" bajando la Cuesta del Rosario (este martes no hubo subida) de una sola chicotá, o a la de Los Estudiantes alejándose al máximo de su capilla al salir por la Puerta de San Miguel. Esa Sevilla real no entiende de pruebas, sino de cómo llegar hasta sus sillas, hasta su balcón, o hasta su bordillo. A esa Sevilla real le interesa por encima de todo que las cofradías salgan, que salieron. Todas. Y casi todo lo demás le importa más bien poco. O nada, salvo cuestiones logísticas, como son los desplazamientos particulares por un espacio donde todos los recorridos y sus horarios eran novedad. A la autoridad eclesiástica le interesa, también por encima de todo, que no haya problemas, que en las horas plenas del día no los hubo, que no haya escándalos y que, en caso de que ocurran incidentes, se puedan salvar con el clásico "cosas de cofrades".

El Martes Santo de 2018 es el triunfo de la novelería. La suma de varias estampas inéditas (hay que llamarlas así) generan historia en la apócrifa Academia de las Cofradías. Y somos felices porque en los tiempos actuales prima que todas las cofradías salgan y no haya incidentes. Lo extraño no es extraño, sino nuevo. Lo raro no es raro, sino inédito. Todo es justificable. Prepárense para vivir nuevas jornadas en sentido inverso que provoquen el absurdo de acudir hasta la Campana cuando se tiene la capilla muy próxima a la Catedral.

En cualquier caso, quédense con la ingente cantidad de monaguillos de los Estudiantes, el buen tiempo del que disfrutamos toda la tarde (con algunas rachas de calor si se esperaban las cofradías al sol), algunos recorridos más ajustados a un horario decente (Dulce Nombre y Candelaria) y una serie de nuevos puntos de concentración máxima de público, como ocurrió en el Arenal y en la zona de la Encarnación a la caída de la tarde. En esta última, San Esteban se tuvo que comprimir al máximo para dejar pasar a Los Javieres. Ya tienen materia los sesudos analistas para seguir experimentando. Porque este martes hubo muchísimo público en la calle, como ya apuntaban las primeras estimaciones de uso de transporte público a las nueve de la noche en comparación con el mismo día de la Semana Santa del año anterior. Lo nuevo atrae. Y en Sevilla, hasta engancha.

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