los días imáginados

Martes Santo al revés y al derecho

  • Hoy nos esperan escenas nunca vistas con los cambios de horarios e itinerarios

  • Más allá de lo anecdótico y lo coyuntural, hay que valorar la grandeza de un día que se forjó durante el siglo XX

El paso de la Presentación al Pueblo saliendo de la Parroquia de San Benito. El paso de la Presentación al Pueblo saliendo de la Parroquia de San Benito.

El paso de la Presentación al Pueblo saliendo de la Parroquia de San Benito. / Belén Vargas

Es Martes Santo. En las tertulias sólo se ha hablado de que hoy veremos las cofradías al revés. Recorrerán la carrera oficial en sentido inverso al habitual, como las cofradías del Sábado Santo hicieron desde 1956 a 1974 tras la reforma litúrgica. Entrarán en la Catedral por la Puerta de los Palos y saldrán por la de San Miguel, seguirán por la Avenida de la Constitución, la plaza de San Francisco, la calle Sierpes y abandonarán la carrera oficial por la Campana. Se pueden consultar los nuevos horarios e itinerarios, tan distintos de otros años. Hoy nos esperan escenas nunca vistas, con las que cada cual agrandará lo que ha conocido en la Semana Santa.

Hoy podrán ver a la cofradía del Cerro del Águila regresando por el Arco del Postigo hacia la Puerta de Jerez. Hoy podrán ver los pasos de San Esteban en un regreso nocturno por las plazas de San Leandro y San Ildefonso. Hoy podrán ver a Los Estudiantes cayéndole la noche al Cristo por la Magdalena y la Plaza Nueva. Hoy podrán ver el largo cortejo de San Benito pasando por Jesús de las Tres Caídas y Francos antes de entrar en la Catedral. Hoy podrán ver a Santa Cruz por la calle Tetuán, la Plaza Nueva y el Arenal tras pasar por la Campana. Hoy podrán ver a la Candelaria por los Jardines de Murillo en el atardecer y por Cuna y la plaza del Salvador con la noche avanzada. Hoy podrán ver a Los Javieres cuando vaya camino de la Catedral por la Alfalfa y las estrecheces de Alcaicería. Hoy podrán ver al Dulce Nombre por la calle Cuna, Chapineros o Francos antes de entrar en la Catedral, y después en la alta noche en la plaza de la Gavidia.

Reconozcamos a ese Señor humillado que presentan a la multitud en San Benito

Hoy podremos ver todo eso (y mucho más), estampas que no hemos visto ni se conocieron en los últimos años. Coleccionar rincones, descubrir instantes, admirar reflejos, seguir sombras, guardar imágenes, vivir lo inesperado. Hoy podremos descubrir un nuevo tiempo, encontrar otros espacios, tropezar con lo sorprendente.

¿Y qué nos quedará después? Más allá de si vamos en este día de la Semana Santa al revés, o volvemos al derecho. Más allá de un itinerario que lo ponemos boca abajo y no queda nunca igual, si acaso parecido. Más allá de lo anecdótico y de lo coyuntural. ¿Cuáles serán nuestros recuerdos de este Martes Santo? ¿Dónde se almacenarán los minutos que aspiraron a perdurar en nuestra memoria?

Veamos la realidad que nunca se debe ocultar tras el gotear de los cirios. Aprendamos a creer en el Desamparo y Abandono del Cristo que aglutina al barrio que le sigue desde El Cerro del Águila. Encontremos la Salud y el Buen Viaje del Señor que esquiva las ojivas punzantes de San Esteban. Aprendamos la lección suprema de la Buena Muerte, que se nos pasa rauda pero tan quedando. Reconozcamos a ese Señor humillado que presentan a la multitud en San Benito y al Crucificado muerto que le sigue. Recibamos las Misericordias infinitas del Cristo que perdona a brazos abiertos por las calles de Santa Cruz. Abracemos la cruz junto al Nazareno de la Salud, más allá de las sombras del ocaso en los jardines. No perdamos entre la oscuridad nocturna el mensaje limpio del Cristo de las Almas. No le demos hoy otra bofetada, con nuestra ignorancia, al Señor cuando sale de San Lorenzo entre las nubes de incienso.

Y veamos a la Virgen, que hoy nos acoge recordando sus Dolores del Cerro, los Desamparados, la Angustia, la Encarnación, los Dolores de Santa Cruz, la Candelaria, la Gracia y el Amparo, hasta grabarnos su Dulce Nombre mientras contemplamos los bordados de su manto.

El Martes Santo nos dejará la grandeza de un día que se forjó y creció a lo largo del siglo XX. Otra Semana Santa sigue avanzando, como una letanía. Pero ni los años ni las circunstancias han conseguido disimular lo principal. Por eso, no podemos dejar de lado todo lo que aprendimos en otras tardes iluminadas.

El Martes Santo podrá estar al revés o al derecho en la carrera oficial. Sin embargo, no deberíamos dejar que nos confundan con los experimentos y que no sepamos apreciar lo verdadero, porque nos hemos distraído con el ruido. Sólo así seremos capaces de ganar el eterno combate de la memoria contra el olvido, cuando sólo su cruz no salva.

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