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Rizar el rizo para cumplir el rezo

  • Andrés Martín y Rosa González dan en el Mercantil un taller de rizado de palmas

  • La técnica la aprendieron en la hermandad de San Esteban y fueron a Elche a perfeccionarla

Un alumno del taller de rizado de palmas, en el patio del Círculo Mercantil de Sierpes. Un alumno del taller de rizado de palmas, en el patio del Círculo Mercantil de Sierpes.

Un alumno del taller de rizado de palmas, en el patio del Círculo Mercantil de Sierpes. / Juan Carlos Muñoz

Es como entrar en otro tiempo. Ni un artilugio electrónico, nada de nuevas tecnologías. El salón del Círculo Mercantil, siglo y medio de historia lo contempla, ofrece una estampa insólita. La colocación de las personas da la sensación de un taller de costura o una academia de mecanografía. Tradición y naturaleza unidas en un afán portentoso.

Por cuarto año consecutivo, Andrés Martín y su esposa, Rosa González, imparten en el Mercantil un taller para aprender la técnica del rizado de palmas. Las que se colocan en los balcones a partir del Viernes de Dolores, las que llenaron las calles de Jerusalén para celebrar la entrada triunfal de Jesús de Nazaret.

Los maestros de esta singular escuela también tuvieron su aprendizaje. "Hicimos un cursillo en la hermandad de San Esteban. Una vez que cogimos la técnica, decidimos perfeccionarla por nuestra cuenta", dice Andrés, carpintero de profesión, que recientemente pronunció el Pregón Íntimo en San Juan de Dios, en la plaza del Salvador.

Buscaron las fuentes, los orígenes. "Fuimos a Elche y allí estuvimos yendo tres años seguidos". A la población alicantina que tuvo equipo en Primera División, que disputó hasta una final de Copa, pero mucho antes cultivó esta tradición. "Ya existía en tiempos de los fenicios, como se comprueba en algunos vasos campaniformes". Con los deberes hechos, volvieron a Sevilla y empezaron este magisterio en la casa-hermandad de la Primitiva y Real Hermandad de Divina Pastora y Santa Marina, en calle Amparo.

Hay hombres y mujeres, abuelas y alguna niña de doce años. Hasta una pareja norteamericana. Heidi, texana de nacimiento, lleva trece años viviendo en Sevilla. Su madre, Caroline, viene todos los años por estas fechas para estar con sus nietos Lola y Enrique John. Su hija, que trabaja en el mundo editorial, es socia del Mercantil. Cuando su madre vio lo que se hacía en el corazón de la calle Sierpes, no quería volver a su país sin aprender la técnica del rizado de palmas. Un aprendizaje que la compensará por tener que irse por motivos familiares antes de Semana Santa.

A la legendaria palmera de Elche también le afectó la plaga del picudo rojo que ha diezmado este patrimonio forestal en el Alcázar y el parque de María Luisa. "Allí parece que empiezan a controlarlo", dice Andrés. Se coge la palma de la palmera, casi como en la canción, y se hace una caperuza, dejando una parte al exterior para que haga la función clorofílica. En septiembre se le quita la caperuza y las meten en una nave para hacer el enzufrado. "El azufre hace que la palma se conserve y le salga el color amarillo intenso". La bandera de los balcones de Sevilla.

El del rizado de palmas es un rito como el de los seises. Que no se puede hacer sin tener en cuenta cierta liturgia del calendario y las estaciones. "Tiene una connotación religiosa", apunta el director de este máster de los secretos. "Según la tradición, se supone que la palma se coloca en las casas y los balcones para ahuyentar a los malos espíritus". Como las siembras o las cosechas, cada 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, debe quitarse la palma del balcón o del soporte correspondiente. El día de la Candelaria, se quema la palma y las cenizas resultantes se distribuyen por las diferentes iglesias para el ritual del Miércoles de Ceniza. Otra función clorofílica.

Entre los antecedentes de esta tradición, Andrés Martín menciona a Juan Ortega, que fue concejal del Ayuntamiento y consejero de la Junta de Andalucía. "Juan Ortega aprendió la técnica y se la enseñó a mucha gente, porque su madre era oriunda de esa zona del Levante español". Donde no sólo viven de los Moros y Cristianos y las pirotecnias.

Hasta el lunes estarán en el Mercantil. A partir del martes, el taller se ubicará en la propia capilla de la Divina Pastora, cerca de la calle Viriato. Desde hace una década, Andrés y Rosa enseñan esta técnica por diferentes lugares de la provincia: rizar el rizo para mejorar el rezo en Estepa, Gerena, Castillo de las Guardas, Cantillana, San Juan de Aznalfarache, Carrión de los Céspedes, donde es cronista el catedrático y medievalista Manuel García, firma de las páginas de Cuaresma de este periódico.

Nada de elementos mecánicos. Unas tijeras, alfileres de tender la ropa -las clásicas pinzas- y de costura. Ahí se terminan los materiales para trabajar con una palma que llega a medir tres metros y 60 centímetros. El aprendizaje se divide en las técnicas de la pleita y la trenza. "Es algo muy relajante, yo llevo cuatro años", dice Mari Carmen Ledo. Cuando la termine, esa palma estará anunciando los días grandes en su balcón de la calle Palacios Malaver con el lazo de su hermandad de San Bernardo.

En pleno corazón de la carrera oficial, palmeras deconstruidas, en el argot de la antropología, se convierten en palmas para festebar la albricia del Domingo de Ramos, que hasta en su nomenclatura lleva estas faenas de Penélope sevillana. "Para aprender se necesitan tres tardes y cinco horas cada tarde", dice Andrés, que calcula que a lo largo de su vida habrá rizado más de mil palmas. "125 al año seguro".

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