La lluvia desluce el primer viernes de marzo

  • El Cristo de la Fundación no pudo trasladarse para presidir el vía crucis de la Pía Unión en la Casa de Pilatos

El agua, “don necesario” como indicó monseñor Asenjo en su homilía en la Casa de Pilatos, torció los planes que tenían algunas hermandades para el primer viernes de marzo. El Cristo de la Fundación de los Negritos no pudo presidir el Vía Crucis de la Pía Unión y la Esperanza de Triana tuvo que adelantar el traslado a Santa Ana, adonde fue llevada con mucha celeridad aprovechando una tregua.

Las hermandades que tenían previsto celebrar cultos en la calle tuvieron que realizarlos en el interior de los templos, que están siendo los protagonistas en estos días de cuaresma. El Cautivo de San Ildefonso y el Nazareno del Silencio cumplieron con sus respectivas tradiciones. El titular de la hermandad de la Madrugada recibió expuesto en besapiés a los devotos, al igual que hizo el Cristo de la Salud y el Buen Viaje de San Esteban. Por su puerta debió pasar el Cristo de la Fundación, pero sólo fueron sus hermanos los que recorrieron el pequeño y mojado tramo que separaba la calle Recaredo de la Plaza de Pilatos. Antes, y tras comunicar la inevitable decisión, tuvieron un momento de oración ante su crucificado y acompañados por un trío de la banda de Las Nieves de Olivares y por un Padre Nuestro en forma de saeta del cantante Álex Ortiz.

Felipe Guerra, alcalde de la corporación del Jueves Santo, fue uno de ellos. Resignado y tras haber recibido el apoyo a la decisión de no trasladar a su titular, acudió a la misa y al Vía Crucis en el patio del palacio del pretor “cobarde”, como lo definió Asenjo durante una eucaristía que contó con las voces de la Coral de San Felipe Neri. El arzobispo de Sevilla presidió una misa en la que juraron y bendijeron las medallas de los nuevos hermanos de la Pía Unión de la Cruz del Campo.

La homilía de Asenjo hizo hincapié en “rasgar el corazón más que las vestiduras” durante el Vía Crucis que tendría lugar en silencio y oscuridad por los galerías del patio de la Casa de Pilatos, punto que unido al templete de la Cruz del Campo de Luis Montoto, configuran el pionero camino que Don Fadrique concibió tras su viaje a Jerusalén hace casi 500 años y que marca la distancia aproximanda entre la casa del pretor tromano y el monte Calvario.

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