El miedo, un sentimiento común

  • Psicólogos aconsejan no gritar y respirar hondo ante un ataque de pánico y ver los tumultos como algo normal

Tres mujeres asustadas tras los incidentes de la Madrugada pasada. Tres mujeres asustadas tras los incidentes de la Madrugada pasada.

Tres mujeres asustadas tras los incidentes de la Madrugada pasada. / José MAnuel vidal / EFE

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A pocos días para el comienzo de la Semana Santa, muchos aún conservan en la retina las escenas de pánico que se vivieron la pasada Madrugada. Las continuas referencias en los medios a este suceso a lo largo de todo el último año han hecho imposible olvidarlo y normalizar una situación que puede ocurrir en cualquier evento multitudinario. Como admitió el psiquiatra Jaime Rodríguez Sacristán entonces, lo sorprendente ha sido que hasta el año 2000 no se produjera una situación similar en una fiesta tan masificada.

El pánico es fácilmente contagiable y lo que se debe evitar es su propagación. "Cualquier persona puede sufrir en un momento determinado un ataque de ansiedad o pánico. Es normal tener miedo, es un instinto de supervivencia, pero este instinto nos impulsa a hacer lo contrario de lo que debemos hacer: correr. En la mayoría de los casos no hay nada que temer. Es más un miedo a lo que pueda ocurrir que a lo que en realidad ha pasado, por eso hay que llevarlo con la mayor naturalidad", explica Javier Tena, psicólogo de la Clínica Beiman. "Si vemos a alguien a nuestro lado con un ataque de pánico, debemos mantener la calma y no repetir su comportamiento".

Los alborotadores responden al perfil de una persona provocadora e infantil

Tena explica que el pánico es una reacción cerebral que activa alteraciones fisiológicas como sudores fríos, temblores, taquicardias, falta de oxígeno y sensación de ahogo, entre otros. "El pánico es un miedo extremo. Está relacionado con estructuras cerebrales muy primitivas. En una situación de pánico, nuestra parte del cerebro más racional se bloquea. Debemos aprender a rescatarla, a ser consciente de nuestra situación y gestionarla".

Este psicólogo ha sido testigo varios años de los tumultos ocurridos en la Madrugada como hermano de la cofradía del Silencio, una de las más perjudicadas por las llamadas carreritas. "Si vemos gente corriendo, debemos mantener la calma, observar por qué corren y actuar en función de lo que vemos. En la mayoría de los casos, no hay ningún peligro real. Gritar y chillar no sirve para nada, sólo para asustar a los demás". Tena recomienda no meter a los niños en las bullas, ya que éstos "entran en pánico con mucha facilidad y su llanto y estado de nerviosismo puede alterar a las personas de su alrededor".

La psicóloga Nazaret Martínez, por su parte, aconseja a las personas que tienden a sufrir ataques de ansiedad y quieran disfrutar de la Semana Santa, buscar sitios amplios, en los extremos y nunca colocarse en primera fila. "Hay pequeños trucos como ir acompañado de amigos o familiares y llevar una botella de agua en el bolso. Ante una sensación de ahogo o falta de aire, es bueno beber un poco de agua. También podemos entretener a nuestro estómago con caramelos o alimentos con azúcar".

La experta asegura que hay muchas personas que sufren agorafobia pero que sobreviven con ella sin tratarse "absurdamente" y, en algunos casos, sin reconocerlo. "Saben que tienen un problema pero están convencidos de que las alteraciones fisiológicas que sufren son como consecuencia de un infarto, aunque no haya pruebas físicas de ello". Nazaret Martínez advierte: "Si sabes de antemano que vas a ver la Semana Santa y que las aglomeraciones te provocan ansiedad, hace tres meses ya que deberías haber visitado a un especialista para que te ayude a controlar esa situación y no te pierdas las cosas que te gustan".

Martínez hace hincapié en la importancia del autocontrol. "Es bueno repetirse a uno mismo frases tranquilizadoras para no entrar en pánico. Frases como 'no va a pasar nada', 'esto es pasajero' o 'yo puedo controlar esta situación". También es bueno respirar profundamente para evitar hiperventilar. "Cuando uno se asusta y no controla la situación, hiperventila y, como consecuencia, te ahogas por exceso de aire".

En cuanto a la reacción de terceros cuando una persona cercana sufre un ataque de pánico, ambos profesionales recomiendan no ponerse encima de la persona afectada, apartarla si es posible de la zona crítica y proporcionarle un mínimo de espacio vital para que respire mejor. "Hay que tranquilizarla, explicarle que sus síntomas son pasajeros y que no ocurre nada. Es bueno que se tumbe y coloque las piernas en alto", indica Nazaret Martínez. "Y si la situación no mejora, llamar a un sanitario".

Desde los servicios de emergencias se pide no contribuir a la transmisión de bulos y bromas de mal gusto, así como no subir a internet vídeos en directo de personas heridas para preservar su intimidad y no generar una alarma social. "En caso de peligro, alertar a los servicios de emergencias del 112 o el 061. Si uno tiene conocimientos de primeros auxilios, puede ofrecerse a ayudar pero sin estorbar, y si se pide que se evacue la zona, no hay que oponerse ni permanecer en la zona cotilleando", comenta Ignacio Ávila, enfermero de emergencias de SAMU.

Según el psicólogo Javier Tena, el perfil común de los alborotadores que generan el pánico en zonas masificadas es el de una "persona provocadora" y "antisocial", que lo que busca es "llamar la atención con actitudes muy infantiles", como gritos o empujones.

Tena cree que es "muy posible que este año haya un nuevo conato de tumulto; ya se han visto vídeos con amenazas de alborotadores en la red" pero el psicólogo es claro en este sentido: "Hay que estar en alerta pero siempre manteniendo la calma".

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