la crónica del miércoles

El ojo que todo lo ve

  • La ciudad encara las horas más delicadas con un dispositivo que nos controla al detalle

  • El olivo de los Panaderos se cae y marca el miércoles

El Cristo de la Salud por el puente de San Bernardo. El Cristo de la Salud por el puente de San Bernardo.

El Cristo de la Salud por el puente de San Bernardo. / Juan Carlos Muñoz

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Las cocinas de esta Semana Santa no están en las priostías, sino en la planta alta del Ayuntamiento, donde se sitúa el ojo que todo lo ve. En una pizarra grande está el nombre y móvil del delegado de día y del tesorero del Consejo de Cofradías. En una mesa larga y extensa están los representantes de los cuerpos y fuerzas de Seguridad del Estado y de los servicios de emergencia. Y al fondo de la estancia, en una zona acordonada, están los profesionales que trabajan con las imágenes que se graban bajo tutela judicial. Hay un hombre vigilando los movimientos de las personas. El Martes Santo nos movimos en el sentido de las agujas de reloj. El domingo y el lunes con orientaciones distintas. Biodinamismo se llama en lenguaje técnico. Información que se procesa y sirve para establecer conclusiones. El ojo que todo lo ve, las autoridades, quieren saberlo todo de nosotros: cómo nos movemos, cómo nos desplazamos, cuántas veces pasamos por una calle, a qué velocidad caminamos... Esta noche será la gran prueba. Ayer, por ejemplo, se estudiaba el tipo de público que pasaba por Puente y Pellón, en los ordenadores de la planta alta del Ayuntamiento, al mismo tiempo que el Cristo de la Sed pasaba por la presidencia de la Ciudad con sus claveles preciosamente rojos. En el momento en el que alguien corre, el ordenador detecta un aumento de velocidad y lanza una alarma. El ojo que todo lo ve es, por supuesto, muy inteligente. La Semana Santa va a estar escrutada como nunca, con una cantidad de datos que nunca se han manejado. Todo por la seguridad, incluida la mamarrachada de hacer la carrera oficial en sentido inverso. Los capillitas oficialistas experimentando, mientras los cuerpos técnicos están sacando toda la información posible que servirá, es de suponer, para vetar nuevos inventos de las mentes delirantes cofradieras. Para muchos dirigentes cofradieros (hay que llamarlos así) resulta muy difícil comprender, por ejemplo, que lo idóneo sería que las cofradías se alternaran en su salida de la Catedral: una hacia la derecha, otra hacia la izquierda. Y así sucesivamente. Nos llevará años esa digestión. Y mientras tanto, el gran ojo que está en el Ayuntamiento nos está haciendo un estudio completo y real contra el que nos daremos de bruces en breve.

Ayer, por ejemplo, hubo división de opiniones (percepciones) respecto al público en la calle. Hubo quienes veían con toda comodidad el Baratillo por la Magdalena, alcanzando con facilidad las primeras filas, y quienes sufrían las primeras grandes aglomeraciones en la carrera oficial, donde ya se notó un porcentaje altísimo de abonados con la certeza del buen tiempo que dio lugar a las primeras mangas cortas de la Semana Santa tras el frío del Domingo de Ramos. Percepciones aparte, el ojo que todo lo ve ya anunció que se estaban batiendo marcas en transporte de personas con la singularidad de que la basura recogida es menor que otros años. ¿La causa? La gente es más civilizada, los bares son más responsables al recoger los residuos y la lucha contra la venta ambulante de bebidas, en la que se ha puesto especial énfasis este año: la retirada de los llamados cuberos. Los vendedores de todo tipo de bebidas transportadas dentro de un cubo portado por un carrito.

El ojo que todo lo ve quizás no aprecie esos detalles que sólo se ven con la cofradía en la calle. La correa del reloj del fiscal de cruz del Carmen Doloroso, de color marrón a juego con el hábito. Los rostros de santos tallados en la canastilla del misterio del Señor de la Paz. Los cirios tuneados de muchas cofradías, donde se ven nazarenos que colocan sus estampas con gomillas en la parte superior, incluso hemos visto fotos de difuntos... O los diputados ponen freno a estas modas, que afectan a la estética general de la propia cofradía, o llegaremos a ver cirios como capillas de toreros.

El delegado de Seguridad del Ayuntamiento se persona en un bar próximo a la Plaza del Salvador y advierte a un joven de 16 años que no puede consumir alcohol. El chaval se pone nervioso. El edil Juan Carlos Cabrera le tranquiliza y le advierte que la responsabilidad es del dueño. El bar queda clausurado. Hay una Semana Santa de bares, de agentes en el tajo, como la hay de detalles o incidencias estrictamente capillitas, como la caída del olivo del misterio de los Panaderos, que no se cayó por efecto del picudo rojo precisamente. El paso fue sin árbol todo el recorrido. No pasó nada por eso. Peor hubiera sido que se desprendiera en plena calle y provocara algún herido. Y, además, así pudieron disfrutar los amigos de las estampas "históricas", que están que no paran esta Semana Santa. Para los amantes del Carrero del siglo XXI hay que anotar los dos incidentes de la Lanzada: la rotura del llamador del paso de palio en Sierpes y la de un candelabro del paso de misterio en la Avenida de la Constitución. La conclusión: quince minutos de retraso. Nada importante si se tienen en cuenta los retrasos del Domingo de Ramos y los adelantos (Fórmula 1) del Martes Santo.

El ojo que lo ve cuenta hasta las cajetillas de tabaco decomisadas en la tarde del miércoles mientras en Triana colocan un exorno floral de lo más original al paso de misterio del Señor de las Tres Caídas: rosas red Naomi, clavel rojo, iris y retama. El Cristo de la Sed se marcha por Águilas cuando la caída de la luz besa con hermosura su monte de flores.

El ordenador nos vigila, nos graba, sabe los kilómetros que recorremos. Dios quiera que el ojo también vea el origen de cualquier incidente que pudiera ocurrir en la Madrugada.

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